Más noticias sobre las FARC

Colombia confisca los primeros activos de la mafia ex-FARC

Las autoridades de Colombia han confiscado el primer conjunto de activos presuntamente pertenecientes a una red disidente de la mafia ex-FARC, lo que ofrece detalles adicionales sobre la situación económica de estos grupos disidentes. Las autoridades colombianas confiscaron activos que incluyen desde un supermercado hasta locales comerciales que presuntamente pertenecen a la disidencia del Frente 28 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), organización que está en gran parte desmovilizada. Dichos bienes se encuentran en el municipio de Paz de Ariporo, departamento de Casanare, según anunció la Fiscalía General en un comunicado de prensa del 30 de septiembre. Carlos Sánchez Meza, alias “Efrén”, y otros líderes de la disidencia del Frente 28 —que antes hacía parte del poderoso Bloque Oriental de las FARC— supuestamente habían puesto las propiedades a nombre de terceros para evitar ser identificados por las autoridades de Paz de Ariporo. Estos decomisos hacen parte de una investigación sobre tráfico de drogas, extorsión y otras actividades criminales.       VEA TAMBIÉN: Cobertura de la mafia ex-FARC Entre las nueve propiedades incautadas se encuentra el supermercado La Bonanza, valorado en mil quinientos millones de pesos (unos US$500.000), seis locales comerciales ubicados en el casco urbano de Paz de Ariporo, y dos terrenos en el área rural. Según las autoridades, el valor total de las propiedades supera los 4 mil millones de pesos (cerca de US$1,3 millones).

Análisis de InSight Crime

Estos decomisos ofrecen información significativa sobre el poder económico de las redes emergentes de la mafia ex-FARC. Las redes guerrilleras disidentes han ganado cierto poder en las regiones del sur y el oriente de Colombia, financiándose mediante economías criminales que generan millones de dólares, como el narcotráfico y la minería ilegal. Si bien los activos del Frente 28 pueden ser nuevas adquisiciones, los disidentes de esa región también se han financiado con remanentes de la insurgencia de las FARC. Como InSight Crime lo describió en una serie de tres informes después de que las FARC declararan sus bienes ante el Gobierno colombiano en 2017, al parecer muchos millones están perdidos debido a los disidentes que se retiraron del proceso de paz. Entre los activos que quedaron en manos de los disidentes se encuentran propiedades en la preciada región de los Llanos Orientales —un centro de producción de cocaína que solía ser controlado por el Bloque Oriental de las FARC—, así como ganado avaluado en decenas de miles de dólares y varios depósitos de armas.       VEA TAMBIÉN: Cobertura de la paz con las FARC Los supermercados fueron una de las muchas maneras como las FARC lavaban su dinero sucios. De hecho, en febrero de este año, las autoridades embargaron 60 supermercados y otros bienes vinculados al Bloque Oriental de la guerrilla de las FARC, los cuales no habían sido declarados ante el Gobierno. * Este artículo fue escrito con la ayuda del Observatorio Colombiano del Crimen Organizado, de InSight Crime.

¿El experimento político de las FARC se va a pique?

0
El partido político de la FARC parece sumido en la confusión al celebrar su primer año de existencia, y la fractura interna que sacude al movimiento político un año después de su inauguración podría afectar gravemente la implementación del proceso de paz. La ausencia de varios altos líderes de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) genera preocupación, según informó el diario El País, de Colombia, el 3 de septiembre, un día después del segundo congreso nacional del partido político. Docenas de líderes faltaron a la cumbre de tres días, pero la ausencia más notoria fue la de la segunda cabeza del partido Luciano Marín Arango, quien sigue respondiendo a su alias de guerra “Iván Márquez”, y dos figuras emblemáticas de la exguerrilla, Hernán Darío Velásquez, más conocido como “El Paisa” y Henry Castellanos, alias “Romaña”, algo que podría augurar graves problemas para la FARC.

¿Dónde están los líderes ausentes de la FARC?

Tras el arresto de su aliado cercano Seuxis Paucis Hernández Solarte, alias “Jesús Santrich”, a comienzos de abril por cargos de narcotráfico, Iván Márquez salió de Bogotá hacia la zona rural de Miravalle, en el departamento de Caquetá, sureste del país, donde El Paísa supervisaba el proceso de reinserción de unos 150 desmovilizados. Pero la ubicación de Márquez, uno de los negociadores claves del acuerdo de paz, es actualmente una incógnita, al igual que el paradero de El Paisa, y los esfuerzos de las autoridades para localizarlos han sido, hasta el momento, infructuosos. Las autoridades han llegado incluso a sospechar que el antiguo negociador de la guerrilla puede haberse dirigido a Venezuela, según publicó El Espectador. Romaña, entre tanto, líder respetado entre los excombatientes, presuntamente dejó el departamento central del Meta, donde coordinaba la rehabilitación de 350 excombatientes, según El Tiempo.

¿Por qué el silencio de la radio?

Una explicación de la salida de Márquez del radar es que el líder de las antiguas FARC teme ser detenido al igual que Santrich y posiblemente extraditado a Estados Unidos. Esta hipótesis se desprende en gran parte del hecho de que el sobrino de Márquez, Marlon Marín, a quien se acusa de participar en el presunto montaje de narcotráfico de Santrich, ahora es testigo protegido de la Administración para el Control de Drogas (DEA). Pero la proximidad de la última ubicación conocida de Márquez con zonas donde operan disidencias de las FARC, y rumores de su posible fuga a Venezuela, donde al parecer se oculta el denostado líder disidente Géner García Molina, alias “Jhon 40”, inclina la balanza del lado de la posibilidad más preocupante. Es decir, que Márquez y El Paisa estén en contacto con la mafia ex-FARC —organizaciones criminales incipientes pero poderosas, conformadas por exguerrilleros de las FARC— en la región de los Llanos Orientales o en el departamento de Norte de Santander, en límites con Venezuela, y estén sopesando sus opciones.

¿Cuáles son las implicaciones para el experimento político de la FARC?

La prolongada ausencia de estas figuras líderes es una señal de que la fractura interna dentro del partido de la FARC se ha ensanchado desde la detención de Santrich. Aunque las diferencias ideológicas entre Márquez y el presidente de la FARC, Rodrigo Londoño Echeverri, conocido también por su alias de guerra “Timochenko”, se hicieron evidentes desde el primer día, la captura de Santrich al parecer ha ahondado las diferencias entre los dos, una ruptura en la Márquez parece haber asumido el mando de la facción política más radical del partido. Pero la ausencia de Márquez del congreso nacional y su silencio en la radio, apenas un mes después de negarse, en julio, a asumir su curul en el senado, introduce serias dudas sobre el compromiso real del líder con el partido, y muchos temen que Márquez ya haya saltado del barco para unirse a la disidencia. Ese giro debilitaría gravemente al partido político de la FARC y pondría en peligro aún más su credibilidad entre los miembros para garantizar la implementación del acuerdo de paz, en un momento en que muchos desmovilizados sienten temor de que el nuevo presidente Iván Duque incumpla las promesas de paz de su antecesor.

¿Cuáles son los riesgos para el proceso de paz?

El que Márquez y otros líderes se sumen a la mafia de las ex-FARC plantea un riesgo real de que otros desmovilizados sigan su ejemplo y pasen a engrosar las filas de estos grupos. Sin una dirigencia unida, es difícil que el partido dé confianza a los desmovilizados, quienes ya han expresado críticas ante los incumplimientos del gobierno en varios aspectos de los acuerdos, lo que plantea la pregunta de cuánto tiempo podrá un partido FARC fragmentado mantener la cohesión de su militancia.

La accidentada entrada de la FARC al congreso de Colombia

0
Mientras Colombia celebra la independencia, importantes miembros del partido FARC abandonan la política y contemplan regresar a la ruta militar en medio de un drástico giro. El 20 de julio iba a ser un día clave para Colombia, no solo por la celebración de la independencia del país sino también, por ser el día en el que los líderes de las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) ahora convertidos en la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, debían ocupar los escaños que les fueron otorgados como parte del Acuerdo de Paz firmado en 2016, después de 50 años de guerra con el Estado. Sin embargo, el día se convirtió en un símbolo de la profunda crisis en la cual se encuentra Colombia cuando tres de los líderes del nuevo partido, entre ellos uno de los arquitectos y principales negociadores del acuerdo de paz, no se aparecieron en el Congreso.

VEA TAMBIÉN: Colombia Perfiles y Noticias

Era de esperarse. Luciano Marín, alías “Iván Márquez”, segundo al mando de la organización guerrillera, principal negociador durante los díalogos de paz y político natural del movimiento, ya había adelantado que no iba a tomar su curul en el Senado. Había tomado la decisión luego de la captura de otro de los delegados del partido de la FARC para el Congreso, Seuxis Paucis Hernández Solarte, alias “Jesús Santich”, quien tampoco apareció por estar recluido en la cárcel de La Picota señalado por tráfico de drogas. Si Hernández Solarte no se presenta en la legislatura en los siguientes ocho días, automáticamente perderá su investidura. El tercero que no se posicionó fue Byron Yepes, quien era comandante del poderoso Frente 27. Yepes le cedió su curul a Carlos Alberto Carreño, por problemas de salud. La ausencia de Yepes va más allá del congreso. Fue el coordinador de una de las zonas de concentración en los llanos orientales. Allí su liderazgo ha sido determinante para avanzar en los proyectos productivos que le hacen frente al intento de las disidencias de potenciar los cultivos ilícitos y el narcotráfico. Mientras tanto, las filas de las disidencias siguen creciendo y se fortalecen vertiginosamente. Aunque, no todos estos grupos son iguales y su artículación responde al control de economías ilegales, el cumplimiento del proceso de paz también está en juego. Según reportó Semana el 14 de julio, la guerrilla se está reagrupando. “El plan de expansión comenzó a rodar en firme este año. Durante 2017, las disidencias del oriente estuvieron activas en la guerra: hostigaron a la fuerza pública y a las poblaciones. Pero a partir de 2018 suspendieron parte de sus acciones terroristas. Al parecer, se concentraron en el fortalecimiento militar y financiero, preparándose para futuras acciones ofensivas”, dice el artículo.

InSight Crime Analysis

La ausencia de los líderes de las FARC en el Congreso y el incremento de la disidencia son claras muestras de que la confianza en el proceso de paz está en un punto crítico. El futuro se ve sombrío, sobre todo para la vía política. La victoria de las fuerzas políticas que hicieron campaña en contra de la paz y el poco apoyo que recibió el partido político de la FARC, deja en desventaja a las fuerzas que, dentro de la exguerrilla, apoyan al acuerdo de paz. El presidente electo, Iván Duque, ha puesto en marcha propuestas para cambiarlo. “Antes que nada, esa paz que añoramos, que reclama correcciones, tendrá correcciones para que las víctimas de verdad sean el centro del proceso y garanticemos verdad, justicia, reparación y no repetición”, dijo Duque en su primer discurso tras ser reelecto Presidente de Colombia. Puntos específicos como las modificaciones a la Justicia Especial para la Paz (JEP), mecanismo central del sistema de justicia transicional que enmarca el Acuerdo, y lo relativo a la amnistía para delitos relacionados con narcotráfico son los algunos de los desafíos más críticos que enfrentará la administración Duque. Otros puntos de la implementación del Acuerdo Paz tampoco han logrado avanzar con la contundencia y velocidad necesarias. Los proyectos productivos han tenido serias dificultades para su aprobación y financiación y los casi US$240 que reciben los desmovilizados rasos para su sostenimiento mensual, hasta el siguiente año, no compiten con la tentadora oferta de los disidentes. En este contexto, cada vez son más los guerrilleros que se salen del proceso de paz y engrosan las filas de las disidencias de las FARC. Desde la declaración oficial del Frente Primero en julio de 2016, en rechazo al Acuerdo, son cada vez más los disidentes que se han reconfigurado y que ejercen control sobre lugares estratégicos para el narcotráfico, logrando un alto nivel de complejidad y sofisticación. Si bien en su mayoría los grupos disidentes no tienen como objetivo crear una nueva fuerza insurgente, si han estado generando articulaciones en torno a las economías ilegales. El punto de inflexión en esta dicotomía son las increíbles gananacias en las economías ilegales. El narcotráfico ha mutado nuevamente y el comercio de la cocaína es cada vez más próspero, los cultivos de coca han alcalzado los niveles más altos en su historia, con destinos cada vez más lucrativos. No todos los grupos tienen las mismas características o son iguales, lo que implica que la articulación de estos ex FARC no responde de manera absoluta a la federación de un ejército criminal. Con la aparición de estas disidencias, se ha creado una nueva red criminal de mafia ex FARC, que aunque intenta posicionarse como grupos revolucionarios con un objetivo político, están cada vez más comprometidos con el narcotráfico, las extorsiones y la minería ilegal. Hoy en día estos grupos no buscan regular los conflictos entre pobladores, ni tampoco intervienen en las disputas comunitarias, acciones características de la antigua guerrilla. Sin embargo, no todo está perdido. Nueve miembros del partido político FARC estuvieron en el Congreso, entre ellos Pablo Catatumbo, Marco Carlacá y Carlos Lozada, tres de los líderes más históricos e importantes.

InSight Semanal: Las FARC, entre la política y el regreso a la Guerra

0
En nuestra sesión de Facebook Live del 19 de julio, la editora Josefina Salomón y la investigadora Angela Olaya hablaron sobre la accidentada participación política de miembros del nuevo partido de las FARC y el futuro de las disidencias. Olaya habló sobre la particular relevancia de la inauguración del congreso de Colombia el 20 de Julio, la primera vez en la que la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) participará como partido político, el que fue un punto de negociación clave de los acuerdos de paz firmados en noviembre de 2016. Detalló la situación de varios líderes del nuevo partido que, por diversas razones, no tomarán posesión de los diez curules del Congreso —cinco en la Cámara de Representantes y cinco en el Senado— concedidos a los guerrilleros desmovilizados. Entre ellos está Luciano Marín Arango, alias “Iván Márquez”, el segundo hombre en el partido político. Marín Arango fue, además, el principal negociador durante los diálogos de paz. Decidió renunciar al cargo público luego del arresto del excomandante de las FARC Seuxis Paucis Hernández Solarte, alias “Jesús Santrich”, quien está actualmente en prisión acusado de narcotráfico, por lo que no podrá tomar su curul.

VEA TAMBIÉN: Colombia Perfiles y Noticias

Salomón y Olaya también conversaron sobre las numerosas denuncias sobre el aumento de grupos disidentes de las FARC. La experta sobre Colombia de InSight Crime detalló los varios grupos disidentes de las FARC activos en Colombia y explicó que la articulación de estas personas no responde a la formación de un nuevo grupo guerrillero revolucionario, sino a la articulación de grupos criminales. Dijo que aunque algunos intentan posicionarse como grupos revolucionarios con un objetivo político, están cada vez más involucrados en economías ilegales incluyendo narcotráfico, extorsión y minería ilegal. Finalmente, conversaron sobre cómo los desafíos que enfrenta la implementación de los acuerdos de paz impactan también en los diálogos que el gobierno colombiano está adelantando con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y sobre la serie de retos que enfrentará el Presidente electo de Colombia, Iván Duque, para garantizar la seguridad en el país. Vea la conversación completa a continuación:

Luciano Marín Arango, alias ‘Iván Márquez’

0
Luciano Marín Arango, alias “Iván Márquez”, era un miembro del Secretariado de las FARC. Es considerado como uno de los principales líderes ideológicos y políticos de la antigua guerrilla, algo que lo ha convertido en una de las principales fuerzas del nuevo partido político que surgió del proceso de paz. Historia Iván Márquez nació el 16 de junio de 1955 en Florencia, la capital del departamento de Caquetá, al sur de Colombia.  Al igual que muchos de los más antiguos miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), formó parte del movimiento juvenil “Juventud Comunista Colombiana” (JUCO). Como miembro de la JUCO, apoyó a las FARC llevando provisiones a las zonas rurales donde el grupo tenía presencia. Más tarde se uniría al grupo guerrillero como un “comisario político” en una de las unidades más activas de las FARC, el Frente 14, en el sur del departamento de Caquetá. A principios de los años ochenta, como parte de un proceso de paz entre el gobierno colombiano y las FARC, Márquez se convirtió en uno de los “emisarios principales” de la guerrilla en el naciente partido político: la Unión Patriótica (UP). Más tarde fue elegido como concejal y luego como diputado suplente por el Caquetá. En 1987, a medida que se intensificaba la persecución a los miembros de la UP, las FARC decidieron hacer un llamado a Márquez y a otros emisarios en el partido para que volvieran a las montañas. Por sus esfuerzos con la UP, los guerrilleros lo nombraron comandante del Bloque Suroccidental. En los años noventa Márquez fue trasladado a la región noroeste del país, donde participó en una sangrienta batalla por el control de la región de Urabá a lo largo de la frontera con Panamá, y se ganó el respeto dentro de la organización como un comandante militar fuerte, complementando así sus habilidades políticas. La combinación de estas dos habilidades ha contribuido a su trayectoria como representante internacional de la organización. Sus actividades y su influencia se extendieron y se ha convertido en el máximo vocero de la guerrilla en el extranjero. Funcionarios de inteligencia en Colombia afirman que dirige esfuerzos guerrilleros para infiltrarse en las universidades y crear federaciones de estudiantes para apoyar la estrategia política y militar de las FARC en las ciudades colombianas. Sin duda, fue gracias a sus habilidades políticas y diplomáticas que Márquez fue elegido para liderar la delegación de las FARC en las negociaciones de paz que se llevaron a cabo con el gobierno colombiano en la Habana en 2012.  Luego de la firma de los Acuerdos de Paz y tras cuatro años a la cabeza del equipo negociador de la guerrilla, Márquez entró a hacer parte de la Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación a la Implementación del Acuerdo de Paz (CSIV), el mecanismo creado para velar por la implementación de lo pactado. Con la transición de las FARC en el partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común entre agosto y septiembre de 2017, el Secretariado pasó a convertirse en su dirección nacional. Iván Márquez fue el dirigente más votado de toda la colectividad durante el congreso fundacional del partido. Actividades criminales Según el Departamento de Estado de Estados Unidos, Iván Márquez estaba a cargo de la política de drogas de las FARC, dirigiendo y controlando la producción, manufactura y distribución de la cocaína. El Departamento de Estado de Estados Unidos llegó a ofrecer una recompensa de US$5 millones por información que llevara a su captura. También estaba al mando de unidades de las FARC dedicadas al secuestro, extorsión y asesinato. Antes de la firma del Acuerdo de Paz y de la amnistía que se le fue otorgada, Iván Márquez era considerado un narcoterrorista por el gobierno colombiano. Geografía Antes de comandar al equipo negociador de las FARC en los diálogos de paz, Márquez se ubicaba principalmente en el norte de Colombia. Bajo el mando del Bloque Caribe, su zona de influencia era la Serranía del Perijá, La Guajira, Cesar y algunas regiones fronterizas de Venezuela. Aliados y enemigos Históricamente, los principales enemigos de los líderes de las FARC, como Iván Márquez, han incluido elementos de extrema derecha de las élites políticas de Colombia, algunos de los cuales han tenido vínculos con grupos paramilitares. No obstante, al interior de las FARC también se han presentado desacuerdos y divisiones. Cuando Timochenko asumió el liderazgo de las FARC, se empezó a evidenciar una división interna en el alto mando de la guerrilla, pues Iván Márquez también era un candidato con fuertes posibilidades de asumir el mando. Aunque el reemplazo de mandos de las FARC se había resuelto a través de su mecanismo de relevos, la sucesión de Alfonso Cano implicó un desafío especial para la guerrilla. Con el éxito de los operativos militares en contra de las cabecillas del grupo, empezaron a depender cada vez más de mandos jóvenes, pero había que reafirmar la necesidad de continuar con la línea de mando. En ese orden de ideas, Timochenko le ganó a Iván Marquez para asumir la comandancia de las FARC por su antigüedad en las filas guerrilleras. Esta división fue más evidente en su transición hacia el partido político, pues Márquez superó en la votación de la dirección nacional a Rodrigo Londoño y actualmente lidera una línea más crítica sobre la implementación de los Acuerdos de Paz. Marquez puede considerarse el líder de la fracción política de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) que tiene mayor riesgo de criminalización del cuál también hacen parte Jesús Santrich, Joaquín Goméz, Romaña y el Paisa. Perspectivas La captura de Seuxis Paucis Hernández Solarte, alias “Jesús Santrich” por narcotráfico en abril de 2018, representó uno de los momentos más críticos para  los Acuerdos de Paz de la Habana. Este hecho hizo que Iván Márquez dijera que renunciaría el escaño en el Congreso de Colombia, que se le ofreció como parte del acuerdo de paz, hasta la liberación de su compañero, al considerarlo un “montaje” jurídico. En una entrevista, Márquez afirmó que no asumir su puesto en el Senado equivalía a decir que había fracasado el proceso de paz. También aprovechó la coyuntura para exigir que el gobierno cumpla con lo que está pendiente de la implementación de los Acuerdos, como los recursos para financiar los proyectos productivos de los antiguos guerrilleros. Además, en este complicado contexto, decidió trasladarse al Espacio Territorial de Miravalle en San Vicente del Caguán, un campamento liderado por “El Paisa”, antiguo comandante de la Columna Móvil Teófilo Forero y un férreo crítico de los Acuerdos de Paz. Aunque Márquez afirmó que El Paisa no tiene las intenciones de unirse a la disidencia, también sugirió que el incumplimiento por parte del gobierno, en especial en cuanto a la reinserción económica aumenta el riesgo de que se perpetúe la guerra. El hecho de que uno de los líderes más importantes del nuevo partido político de las FARC parezca estar alejándose del proceso, genera una gran incertidumbre y desestabiliza aún más los cimientos del proceso de implementación. Finalmente, el 28 de abril se reveló que autoridades  estadounidenses estaban investigando a Márquez por presunto tráfico de cocaína.  De ser esto cierto, el ex comandante guerrillero podría sufrir el mismo destino que su camarada Santrich y se pondría en jaque a los Acuerdos de Paz pues, como ya se mencionó anteriormente, es uno de los líderes más respaldados de la FARC.  

Asesinatos de excombatientes de las FARC podrían generar más disidencias

0
Funcionarios colombianos han revelado nuevas estimaciones del número de exguerrilleros asesinados desde que comenzó la implementación de los acuerdos de paz, lo que muestra la incapacidad del Gobierno para controlar los homicidios cometidos por diversos actores criminales, y podría causar aún más disidencias. El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, reconoció el 22 de mayo que al menos 40 excombatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) han sido asesinados desde que el grupo guerrillero y el Gobierno firmaron los acuerdos de paz en noviembre de 2016. Según Santos, ninguno de los 40 excombatientes cuyos asesinatos han sido identificados por el Gobierno estaba recibiendo las medidas de protección contempladas en el acuerdo, que amparan a 200 exdirigentes y a 4.000 exguerrilleros en las zonas de desmovilización y reintegración. Santos señaló que, en los últimos procesos de paz en Colombia, el número de excombatientes muertos fue perceptiblemente más alto, pero dijo que su Gobierno “reconoce que uno solo es demasiado” y está “haciendo todo lo que está a nuestro alcance para que no ocurran más casos”.       VEA TAMBIÉN: Noticias y perfiles de Colombia El informe oficial estima que 58 combatientes de las ex-FARC y 18 familiares de los exguerrilleros han sido asesinados desde que se firmaron los acuerdos, según informó El Colombiano. Sin embargo, las estimaciones de Naciones Unidas y de grupos de la sociedad civil difieren de estas cifras. El informe más reciente de la misión de verificación de las Naciones Unidas estima que 44 exguerrilleros de las FARC y 18 de sus familiares han sido asesinados, y que seis exguerrilleros han sido víctimas de desaparición forzada, desde que se firmaron los acuerdos. Un informe publicado este mes por una coalición de organizaciones no gubernamentales reporta la muerte de 62 excombatientes y 17 de sus familiares, así como seis desapariciones. El partido político del grupo exguerrillero, la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), señaló a principios de este mes que el Gobierno “no está dando cumplimiento […] a lo dispuesto en el Acuerdo Final en materia de protección, seguridad jurídica y reincorporación integral”. Como respuesta a los “recientes ataques y amenazas”, la FARC solicitó el apoyo de la comunidad internacional y le pidió al Gobierno “tomar medidas efectivas e idóneas en contra de las estructuras criminales”, que según los exguerrilleros se están estableciendo cerca de zonas de reincorporación.

Análisis de InSight Crime

Aunque el Gobierno colombiano ha logrado hasta el momento prevenir los asesinatos de los excombatientes de las FARC mediante claras medidas de protección, la incapacidad de las autoridades para detener los asesinatos de otros exguerrilleros podría amenazar el proceso de paz y generar más disidencias, dado que los exguerrilleros enfrentan amenazas de una amplia gama de grupos criminales. Según la investigación de campo realizada en Colombia por InSight Crime como parte del proyecto “Hoja de ruta para una paz duradera”, existen varias razones por las que los exguerrilleros están siendo asesinados. Por ejemplo, algunos miembros de la ex-FARC que poseen información sobre las rutas del narcotráfico y otras lucrativas actividades criminales son asesinados porque los actores criminales que buscan apoderarse de sus antiguos negocios los ven como una amenaza. Otros son eliminados porque tienen información sobre asesinatos, masacres y actividades de narcotráfico que podrían implicar a otros exguerrilleros en los eventuales procesos judiciales. Algunos han regresado a la criminalidad, y otros son desmovilizados de las milicias, las cuales no fueron obligadas a concentrarse en las áreas de reintegración, y por lo tanto son blancos fáciles.       VEA TAMBIÉN: Cobertura de la paz con las FARC Los asesinatos de excombatientes de las FARC se han atribuido a una amplia gama de grupos criminales, como Los Urabeños, grupos disidentes de las FARC y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), debido a cambios en la dinámica criminal en varias partes del país. La misión de verificación de las Naciones Unidas le ha pedido reiteradamente al Gobierno colombiano que garantice la seguridad por fuera de las zonas de concentración. Jean Arnault, alto funcionario de la misión, advirtió recientemente que las “debilidades en este sentido pueden aumentar el riesgo de que algunos excombatientes se pasen a los grupos criminales”. El año pasado, InSight Crime estimó que entre 1.000 y 1.500 disidentes habían  abandonado el proceso de paz por varias razones. La falta de garantías de protección para los desmovilizados podría conducir incluso a mayores tasas de deserción y disidencia. * Este artículo fue escrito con la colaboración de Sergio Saffon y Ángela Olaya.

Coca, cocaína y guerrilleros: El registro de la “guerra perdida”

Nos habíamos quedado más tiempo del que debíamos. Siempre ocurría así con Carlos Villalón. Él es así: siempre se queda más tiempo de lo debido. En aquella ocasión, en el año 2005, estábamos en Putumayo con guerrilleros del Frente 45 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en la frontera con Ecuador. Carlos y yo estábamos haciendo un trabajo para el Miami Herald. Habíamos viajado allí con nuestro colega Karl Penhaul, quien trabajaba con CNN en ese momento, para ver cómo las FARC respondían a una ofensiva del ejército en el departamento donde en ese momento se producía más coca en Colombia. El ejército había establecido su base en un pequeño pueblo. Al otro lado del río Rumiyaco, atravesando un puente de madera, los guerrilleros los habían estado manteniendo a raya. Habíamos cruzado el río un par de días antes y pasamos algún tiempo con los guerrilleros, quienes trabajaban en el área donde en ese momento se producía casi un tercio de la cocaína de Colombia. Estaban bien equipados, con lanzagranadas y abundantes municiones, pero no era suficiente para rivalizar con los helicópteros Halcón Negro; y cuando el ejército empezó su ofensiva para retomar la zona, nosotros estábamos al otro lado del puente. Los guerrilleros circulaban, y en un principio interactuamos con ellos. Cuando empezaron a retirarse hacia la frontera con Ecuador, atravesando la espesa maleza del Putumayo, Carlos, Karl y yo empezamos a conversar (en inglés): “¿Vamos a ir a Ecuador con ellos? ¿Y si los helicópteros empiezan a bombardear esta columna? ¿Cómo podemos cruzar el puente sin que nos disparen?”. Recuerdo que se estaba oscureciendo. Cuando oscurece en la selva, no se puede ver la propia mano frente a uno y mucho menos lo que se tiene frente a los pies. La guerrillera que caminaba delante de mí —una mujer que quizá me llegaba a los hombros— avanzaba apresuradamente, y yo me tropezaba con las altas raíces de los árboles, cada vez más invisibles. Pero para mí era fácil: Carlos, que caminaba justo delante de mí, llevaba todas sus cámaras y negativos, y Karl cargaba equipos de video. En cierto momento, después de debatir si debíamos permanecer con las FARC o alejarnos, decidimos que lo mejor era tratar de volver con el ejército antes de que anocheciera. Nos despedimos de los guerrilleros. Para cuando regresamos al puente, había helicópteros sobrevolando, dirigiéndose hacia donde habíamos dejado a la guerrilla. Todavía no habían comenzado los combates, pero pudimos ver al ejército posicionado al otro lado del río. Para decidir quién iría primero, usamos el mismo sistema que usarían tres amigos: piedra, papel y tijeras. El que perdiera iría adelante, y fue Karl el que perdió. Se quitó su camiseta blanca y comenzó a ondearla sobre su cabeza mientras atravesaba el puente lentamente, gritando: “¡periodista!”. Carlos y yo lo seguimos, también ondeando nuestras camisas y gritando “periodistas”. El ejército no disparó. Aquel viaje con Carlos no fue una excepción. Él y yo visitamos juntos muchos lugares en Colombia. También viajamos juntos a Haití, donde alguna vez un grupo de hombres apuntaron sus armas y machetes hacia nosotros.       VEA TAMBIÉN: Noticias y perfiles de Colombia En todos estos viajes, Carlos siempre se demoraba, tal vez un poco más de lo que debería. Es una de las cosas que lo hace un fotógrafo tan extraordinario. Pero no es la única. Carlos tiene la capacidad de hacernos olvidar que está sosteniendo su cámara, incluso si está apuntando directo a nuestra cara o apresurándose por la oscuridad de la selva. Tiene una expresión dura y un rostro inexpresivo que a muchos les recuerda al actor Antonio Banderas; pero es amable con quienes va a fotografiar, y hace que se relajen. Y una vez lo logra, dispara, dispara suave y sutilmente. Como lo demuestra esta corta colección sobre la coca y la cocaína que el fotógrafo espera publicar en un libro, sus imágenes son representaciones atemporales de la vida al límite en la cadena de valor más siniestra del mundo. Carlos se dedicó casi dos décadas a registrar este mercado, desde los cocaleros, pasando por los traficantes, hasta los consumidores. Sus fotografías nos llevan más allá de los números, las políticas, los simulacros de guerra, los gestos, los químicos, los contratistas privados y los activistas, para mostrarnos lo más importante: los seres humanos cuyas vidas penden de un hilo en medio de este comercio ilícito. No voy a fingir objetividad. Carlos ha sido mi amigo y colega por mucho tiempo, y me ha arrastrado dentro y fuera de las zonas de conflicto en más de una ocasión. Pero como periodista he visto lo que este mercado ilegal ha causado. Y Carlos ha estado ahí conmigo, y mucho más allá, siempre demorándose más de lo debido. * Apoye a Carlos Villalón en su campaña de Kickstarter para la publicación del libro.

Denuncias sobre segundo líder de la FARC señalado por narcotráfico son revolcón al acuerdo de paz en Colombia

La revelación de que habría un segundo exguerrillero de Colombia investigado por las autoridades de Estados Unidos, por presunto delito de drogas, profundiza los temores de los combatientes desmovilizados sobre el respeto al acuerdo de paz, que les prometía indulgencia ante la justicia, y oscurece aún más el futuro de este proceso. Según un reportaje publicado por el Wall Street Journal el 28 de abril, las autoridades colombianas y estadounidenses están investigando por presunto tráfico de cocaína al excomandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Luciano Marín Arango, quien sigue usando su nombre de guerra “Iván Márquez”. The Wall Street Journal informó que la investigación se desprende de un “video en un teléfono celular interceptado por los investigadores” en el que Márquez presuntamente “habla con un cómplice de un reconocido narco mexicano”. Contradiciendo el reportaje del Wall Street Journal, sin embargo, la Fiscalía General de Colombia respondió en Twitter negando que las autoridades del país suramericano estén investigando a Márquez por actividades de narcotráfico posteriores al acuerdo. La información se conoce apenas unas semanas después de la explosiva revelación de una primera investigación de Estados Unidos por narcotráfico contra el exguerrillero y líder del proceso de paz, Seuxis Paucis Hernández Solarte, alias “Jesús Santrich”, su nombre de guerra. El acuerdo de paz firmado en noviembre de 2016 entre el gobierno colombiano y las FARC creó un sistema especial de justicia para juzgar los delitos cometidos en el transcurso de medio siglo de conflicto armado. Pero el video de Márquez supuestamente se tomó luego de la firma del acuerdo de paz, lo que implicaría que cualquier cargo penal que se desprenda de esa supuesta evidencia quedaría por fuera de las cláusulas del acuerdo de paz.

VEA TAMBIÉN: Noticias y perfiles de Colombia

El líder guerrillero desmovilizado debía asumir una de las 10 curules adjudicadas al partido de la FARC en el congreso, como una vía para dar representación política a los excombatientes desmovilizados. Sin embargo, pocos días antes de la publicación del reportaje del Wall Street Journal, Márquez anunció que no asumiría la curul en protesta por el arresto, el 9 de abril, de su compañero Jesús Santrich, otro líder de la desmovilizada guerrilla que también asumiría como congresista. Santrich fue arrestado por las autoridades colombianas en respuesta a su sindicación por Estados Unidos por actividades de narcotráfico posteriores al acuerdo. Márquez señaló el arresto de Santrich como un ejemplo de que el gobierno colombiano no cumple las promesas hechas en el marco del acuerdo de paz, las cuales incluían la no extradición de guerrilleros desmovilizados. “¿Cómo hago yo para ir a ejercer como senador y que me vayan a decir que soy un narcotraficante?”, replicó. En un tuit publicado el mismo día de la publicación del artículo en el Wall Street Journal, Márquez calificaba la investigación del reportaje como “el colmo”, y dijo que quienes lo persiguen quieren “llevarse el proceso de paz al infierno”.

Análisis de InSight Crime

No es claro si la supuesta investigación que reportó el diario sobre Márquez conducirá a acusaciones penales en su contra. Pero parece cierto que la fe del líder exguerrillero en el compromiso del gobierno colombiano respecto a los acuerdos de paz va en caída libre. Y esa falta de confianza podría difundirse a otros desmovilizados, y empujarlos a unirse a un importante número de camaradas en el abandono del proceso de paz y reanudación de actividades criminales. “Si Márquez siente que las autoridades lo están cercando con evidencias poco sólidas, volverá a la selva y es probable que se lleve a una facción grande de las FARC con él”, comentó a InSight Crime Adam Isacson, investigador asociado sénior del centro de pensamiento de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA).

VEA TAMBIÉN: Cobertura sobre Paz con las FARC

Efectivamente, los mandos políticos de la FARC nombraron a Márquez asesor político del partido, y según Isacson, tiene muchos seguidores leales entre las filas de las FARC. El acuerdo de paz quedaría en mayor peligro si Márquez y algunos de sus seguidores más cercanos deciden desertar y volver a la selva para retomar las actividades criminales luego de las más recientes denuncias, una dinámica que las autoridades han tenido problemas para reducir.

InSight semanal: ‘Los Invisibles’. La nueva generación de narcotraficantes en Colombia

El codirector de InSight Crime Jeremy McDermott y la investigadora sénior Deborah Bonello ahondaron en nuestro nuevo informe, publicado esta semana: La nueva generación de narcotraficantes colombianos post-FARC: “Los Invisibles”, una de las primeras investigaciones que genera el recién lanzado Observatorio sobre crimen organizado en Colombia. La primera parte de la conversación se centró en el sentido y propósito del Observatorio, así como en los factores que han llevado al surgimiento de una cuarta generación de narcotraficantes colombianos. La segunda parte se enfocó en “Los Invisibles”: quiénes son, cómo operan y cuál es su importancia para el tráfico internacional global de cocaína y para quienes tratan de impedirlo.