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Caso ‘Narcoarroz’ desata investigación a narcos de Colombia en Argentina

Las autoridades de Argentina creen que una red criminal dirigida desde Colombia estaría detrás de un significativo esquema de exportación de drogas, una muestra del destacado rol que los colombianos siguen desempeñando en el tráfico transnacional de drogas. En una serie de allanamientos realizados entre el 17 y el 19 de septiembre, funcionarios aduaneros argentinos hallaron cerca de 1.000 sacos de arroz mezclados con cocaína dentro de un barco con destino a la país africano de Guinea-Bissau, y arrestaron a nueve colombianos y a tres argentinos en lo que se ha conocido como el “caso narcoarroz”, informó La Nación. Según los informes, el arroz mezclado con cocaína hacía parte de una operación de ensayo del grupo narcotraficante, que planeaba usar esta técnica para traficar mayores cargamentos de narcóticos hacia Europa. El grupo era dirigido por los ciudadanos colombianos Williams Triana Peña y su hermano Erman, quienes presuntamente se establecieron en Argentina en 2012. Se los ha vinculado a varios carteles colombianos, y más recientemente a Los Urabeños. La organización narcotraficante colombiana se apoyaba en una amplia gama de colaboradores en Argentina, incluyendo a un oncólogo, quien desarrolló la técnica para mezclar la cocaína dentro del arroz. Otros presuntos miembros incluían a un exoficial de la policía de Colombia y a un ex subsecretario de Coordinación del Ministerio del Interior argentino, quien habría creado varias empresas fachada que eran usadas para lavar dinero sucio. Según Infobae, las actividades criminales del grupo llamaron la atención de las autoridades por primera vez en 2011, luego de varias incautaciones de drogas. En 2012, miembros de la red criminal hicieron contacto con un grupo criminal de Europa del Este, informó La Nación, citando a la Agencia contra el Crimen Organizado (SOCA por sus iniciales en inglés) del Reino Unido. Según los informes, el grupo europeo buscaba abrir una nueva ruta para traficar con drogas desde Argentina hacia Europa. Los hermanos Triana Peña y otros presuntos líderes que dirigían las operaciones aún no han sido capturados. 15-10-05HermanosTPea

Perfiles realizados por La Nación, sobre los sospechosos del caso Narcoarroz

Análisis de InSight Crime

Este caso es ilustrativo de dinámicas aún más amplias del comercio transnacional de drogas en Argentina. La primera es la importancia de organizaciones criminales dirigidas por colombianos, pero con sus bases en Argentina. Importantes narcotraficantes colombianos y sus socios han usado anteriormente el país como escondite y como lugar para realizar negocios. Pese a que también hay múltiples ejemplos de sofisticadas redes de traficantes de drogas dirigidas principalmente por argentinos, el caso Narcoarroz evidencia que los nacionales colombianos continúan desempeñando un rol importante en los operativos de tráfico de drogas en Argentina.

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Adicionalmente, el uso que se dice hizo el grupo de un exempleado del Ministerio del Interior para lavar dinero demuestra cómo el narcotráfico es capaz de corromper funcionarios de todos los niveles en Argentina. Este hecho motivó la reciente comparación, realizada por un exjefe de la policía de Buenos Aires, de la situación del narcotráfico en Argentina con la de Colombia durante el tiempo de Pablo Escobar. También resulta poco sorprendente que este grupo criminal hiciera contacto con un grupo mafioso de Europa del Este. El mercado europeo es cada vez más importante para las redes narcotraficantes latinoamericanas, y en particular es sabido que miembros de las mafias italianas han usado a Argentina como refugio.  

Colombia captura a lavador de dinero que operaba desde Argentina

Las autoridades de Colombia capturaron a un hombre al que señalan como la principal conexión del crimen organizado colombiano en Argentina, y quien está acusado de lavar grandes sumas de dinero a nombre de varios capos criminales. El pasado 15 de enero, fiscales colombianos, en conjunto con la agencia de policía internacional Interpol, coordinaron la captura de Alejandro Gracia Álvarez, alias “Gato Seco”, en Bogotá, según un comunicado de prensa de la Fiscalía. Gato Seco presuntamente formaba parte de una organización criminal dedicada al narcotráfico y al lavado de dinero en el Cono Sur. Según un agente estadounidense entrevistado por El Tiempo, Gato Seco se inició en el crimen en 2003, cuando su cuñado Juan Carlos Ramírez Abadía, alias “Chupeta”, líder del desaparecido Cartel del Norte del Valle, lo envió a Argentina para fundar varias empresas fachada y comprar propiedades. Según los informes, con los años, Gato Seco llegó a manejar las operaciones financieras en Argentina de al menos 12 jefes criminales colombianos, incluyendo a Ignacio Álvarez Meyendorff, Daniel “El Loco” Barrera, Henry de Jesús López, alias “Mi Sangre”, y Luis Caicedo, alias “Don Lucho” (de izquierda a derecha en las fotos). 15-01-20-MoneyLaundererColombiaUsando conexiones en una agencia de migración colombiana y una red de empresas fachada, Gato Seco al parecer facilitaba el ingreso de narcotraficantes colombianos a Argentina, suministraba identidades falsas a los capos y les ayudaba a lavar su dinero, informó El Tiempo. Según la Fiscalía, Gato Seco llegó a lavar más US$900 millones en ingresos del narcotráfico solo para Álvarez Meyendorff. Gato Seco es requerido en Argentina por varios cargos, que incluyen tráfico y posesión de drogas, lavado de dinero y porte ilegal de armas.

Análisis de Insight Crime

Gato Seco parece haber trabajado con un gran número de jefes criminales colombianos, cruzando fronteras criminales para llevar a cabo operaciones financieras para líderes de grupos rivales. Su captura podría poner a varias organizaciones criminales en riesgo, en caso de que decida colaborar con las autoridades y proveer información sobre activos criminales ocultos. Argentina ha sido uno de los escondites predilectos de los delincuentes colombianos y un centro para el lavado de dinero sucio. El papel de Argentina como país de tránsito de drogas y su lucrativo mercado de cocaína hacen de este país una atractiva base de operaciones para narcotraficantes extranjeros, quienes pueden utilizar los ingresos de ventas de droga a nivel local para financiar sus envíos transnacionales.

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Varios de los principales contactos de Gato Seco huyeron a Argentina antes de que fueran capturados. Álvarez Meyendorff, presunto exmiembro del Cartel del Norte del Valle y operador financiero de una red criminal que incluía a El Loco Barrera y Don Lucho, fue capturado en Buenos Aires en 2011, un año después de que Don Lucho fuera detenido en la misma ciudad. Mi Sangre, que fue una figura importante tanto de la Oficina de Envigado como de Los Urabeños, fue detenido en Argentina en 2012. La exesposa de El Loco Barrera fue capturada en Argentina el mismo año.

Cartel del Norte del Valle

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El Cartel del Norte del Valle (CNDV) surgió de la desintegración del infame Cartel de Cali para convertirse en la más rica y poderosa organización narcotraficante de Colombia de su tiempo. Sin embargo, durante gran parte de la existencia del grupo, éste se vio sacudido por la paranoia, las divisiones y las traiciones, razón por la cual en sus últimos años operó más como una red de facciones en competencia que como un grupo coherente y cohesionado. La prolongada disolución del cartel, que comenzó en 2007, dio lugar al surgimiento de varias organizaciones criminales independientes, incluyendo los Rastrojos, una estructura que llegaría a convertirse en una de las organizaciones narcotraficantes de nueva generación más influyentes del país.

Orígenes

El CNDV se originó a partir de las fracturadas redes de tráfico que resultaron de la negociación que los líderes del Cartel de Cali hicieron con las autoridades sobre su rendición, a comienzos de los años noventa. Muchos de sus primeros miembros eran exagentes de la policía y tenían estrechos vínculos con las fuerzas de seguridad. Inicialmente, la organización fue dirigida por el expolicía Orlando Henao Montoya, alias “El Hombre del Overol”. Henao se entregó a las autoridades colombianas en 1997 pero continuó operando desde la prisión y lanzando ataques contra los remanentes de los socios del Cartel de Cali y del CNDV que estaban cooperando con las autoridades estadounidenses. En 1998, Henao fue asesinado en la prisión como represalia a un ataque dirigido contra Hélmer Pacho Herrera, un jefe del Cartel de Cali, supuestamente debido a la preocupación de que estuviera cooperando con la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés). El cartel se reorganizó alrededor de Wilber Varela, alias “Jabón” -otro expolicía que había estado a cargo de los sicarios de la organización- con el apoyo de Lorena Henao Montoya, la hermana de Henao y entonces esposa del encarcelado líder del CNDV Iván Urdinola, alias “El Enano”. Sin embargo, la organización comenzó a fracturarse cuando Jabón y sus aliados fueron desafiados por una facción liderada por Diego Montoya Sánchez, alias “Don Diego”. En 2002, la paranoia que se había cernido sobre el cartel desde la reintroducción de la extradición para los narcotraficantes, alcanzó niveles febriles, provocando la ruptura permanente. Para ese entonces, varios líderes habían sido acusados por Estados Unidos y algunos habían empezado a pensar en realizar acuerdos. Las tensiones llegaron a un punto de quiebre cuando uno de los principales aliados de Don Diego, Víctor Patiño Fómeque, alias “El Químico”, se reunió con agentes de la DEA para negociar su rendición. Según algunas versiones, en lugar de que eso ocurriera él fue detenido y extraditado a Estados Unidos donde comenzó a colaborar con la DEA. Poco después, otro aliado de Don Diego, Miguel Solano, comenzó a delatar a sus socios ante la DEA. Cuando Jabón se enteró mandó a matar a Solano. Al parecer Don Diego, quien también había estado considerando entregarse, no sabía que Solano los estaba delatando y tomó represalias, comenzando una guerra a gran escala entre las facciones. La división condujo a un conflicto sangriento y los líderes enfrentaron a las alas militares de sus organizaciones -los Rastrojos de Jabón y los Machos de Don Diego. El conflicto cobró un estimado de unas 1.000 vidas solamente entre 2003 y 2004, e incluso llegó a inspirar el programa colombiano de televisión “El Cartel de los Sapos”. La guerra entre la mafia pronto invadió la guerra civil de Colombia cuando Don Diego presuntamente se alió con la guerrilla de izquierda de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), mientras que Jabón recurrió a los enemigos de la guerrilla, el grupo paraguas paramilitar de derecha de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Los Rastrojos de Jabón incluso intentaron participar en la desmovilización de las AUC entre 2004 y 2006, cambiando su nombre por el de Rondas Campesinas Populares (RCP) en un intento por retratarse como una unidad paramilitar y tomar ventaja de los beneficios ofrecidos a las AUC. El final del CNDV comenzó con la captura de Don Diego en 2007. El sentimiento de victoria de su rival Jabón fue breve pues fue asesinado en 2008 en un ataque ordenado por su sustituto, Luis Enrique Calle Serna, alias “Comba”, quien pasó a asumir el control de los recién independientes Rastrojos. Sin embargo, hoy en día continúa el conflicto que fue desatado por Don Diego y Jabón, pues los Rastrojos, debilitados pero aún poderosos, continúan disputándose el territorio del Valle del Cauca con los remanentes de los Machos, quienes ahora luchan junto al grupo neoparamilitar los Urabeños. El resto del liderazgo del CNDV pronto siguió a Jabón y a Don Diego y, para finales de la década, prácticamente todo el liderazgo del cartel había sido extraditado o asesinado. No obstante, el legado del cartel sigue vivo. Aparte de los todavía enfrentados Rastrojos y Machos, antiguos operadores del CNDV como El Químico siguen siendo figuras influyentes en el hampa del Valle del Cauca, mientras que otros al parecer operan desde otros países como Bolivia y Argentina.

Modus operandi

En un principio, el CNDV estuvo radicado en la parte norte del Valle del Cauca, un departamento al occidente de Colombia que incluye la ciudad de Cali y el puerto de Buenaventura -un punto clave para el envío de drogas que salen del país hacia Estados Unidos. Las operaciones del cartel ayudaron a establecer una serie de rutas de tráfico que aún se utilizan, especialmente el uso de embarcaciones de alta velocidad y de pesca para llevar cargamentos de cocaína desde la Costa Pacífica de Colombia hasta México, donde serían recogidos por los aliados mexicanos, principalmente la Organización Beltrán Leyva -el antiguo brazo armado del Cartel de Sinaloa- que la trasladaría a Estados Unidos. En 2005, la DEA estimó que desde 1990 el cartel había exportado más de 500 toneladas de cocaína -con un valor superior a US$10 mil millones- por esta ruta. Según estimaciones del FBI, en su apogeo el cartel fue responsable del 60 por ciento de la cocaína que llegaba a Estados Unidos. Al igual que su predecesor, el Cartel de Cali, el CNDV mantuvo una amplia red de corrupción que se infiltró en todos los niveles de las instituciones de Colombia, incluyendo las fuerzas de seguridad, los fiscales, las agencias de inteligencia, jueces y políticos. El cartel también contó con una red que suminstraba información a los miembros acerca de los movimientos y los planes de los enemigos en las organizaciones rivales y las fuerzas de seguridad. El grupo también utilizó libremente la violencia para proteger sus intereses. Aparte de sus alas militares, los Rastrojos y los Machos, el liderazgo del cartel también estableció estrechos vínculos con los paramilitares de las AUC. Según el Departamento de Justicia de Estados Unidos, el cartel empleó a las AUC para proteger sus laboratorios de cocaína y las rutas de distribución, así como para proporcionar seguridad personal a los miembros del cartel y a sus socios.

Fuentes

DEA, “Defendent in Norte Del Valle Drug Cartel Extradited to United States“, comunicado de prensa, octubre 21, 2005 US Department of State Narcotics Reward Program: Wilber Alirio Varela Fajardo Steven Dudley, “Extraditions Play Role in Colombian Drug Cartel’s Internal Wars“, Miami Herald, diciembre 20, 2004 “El Fin del Imperio Henao“, El Espectador, diciembre 28, 2012 “El computador de Chupeta“, Semana, septiembre 29, 2007 “Colombian Cartel Head Pleads Guilty in Miami“, CNN, agosto 11, 2009

Captura de Rastrojos en Colombia muestra que el grupo se mantiene activo

Las autoridades de Colombia han capturado a 46 miembros de una célula de los Rastrojos y a uno de sus principales líderes, indicando que a pesar de los golpes dados a la organización durante los últimos años, el grupo sigue manteniendo operaciones significativas.

En una conferencia de prensa el 30 de mayo, el presidente Juan Manuel Santos identificó a los 46 capturados como parte de un grupo dedicado a la extorsión y al microtráfico en el departamento de Atlántico, en la costa Caribe de Colombia.

Esta célula de los Rastrojos presuntamente extorsionaba a los negocios locales, incluyendo clínicas, gasolineras, casinos y empresas de transporte público, informó El Heraldo. También son acusados ??de exigir pagos semanales de entre US$30 y US$40, de haber reclutado niños para recoger el dinero, y de lanzar ataques con granadas contra las empresas que se negaban a pagar.

Las autoridades dieron otro golpe a los Rastrojos con la captura de Héctor Fabio García Gómez, alias “Chorizo??”, en el departamento de Valle del Cauca, en la costa Pacífico de Colombia. García era uno de los 12 líderes criminales más buscados del país. Presuntamente es responsable de la recolección de una parte significativa de la base de coca producida en la región y de la supervisión de los laboratorios de procesamiento de cocaína de los Rastrojos .

Análisis de InSight Crime

Los Rastrojos comenzaron como una facción del Cartel del Norte del Valle (CDNV), y obtuvieron protagonismo formando alianzas con otros grupos criminales involucrados en el tráfico de drogas.

El grupo ha estado en declive desde que sus líderes fueron capturados –Diego Pérez Henao, alias “Diego Rastrojo”, y los hermanos Comba; Javier, alias “Comba”, Luis Enrique y Juan Carlos Calle Serna. Esta pérdida en el liderazgo, sumado con que sus rivales, los Urabeños, estaban asechando su territorio, debilitó considerablemente a los Rastrojos, y se cree que actualmente no cuentan con un alcance nacional.

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Sin embargo, la captura de miembros de los Rastrojos en el Atlántico demuestra las significativas estructuras locales que el grupo todavía mantiene.  Los capturados presuntamente pertenecían a los “Costeños”, una facción de los Rastrojos que opera en el Atlántico, y seguían ordenes de líderes encarcelados que se comunicaban con ellos a través de sus novias y esposas.

La captura de alias Chorizo podría significar un golpe más al grupo. Según los informes, él había tomado el liderazgo del grupo luego de la captura de los hermanos Comba, y aunque no es probable que mantuviera el mismo control hegemónico de sus predecesores, manejaba operaciones en una región clave disputada por otro grupo rival, los “Machos”. Su captura pudo haber creado un vacío de poder que sirve para fortalecer a los Machos, que se han estado enfrentando a los Rastrojos por el control del territorio de Valle del Cauca desde 2002. 

Valle del Cauca: ¿una guerra muy lejana para los Urabeños?

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El departamento del Valle del Cauca se ha convertido en el campo de batalla más sangriento de la guerra del narcotráfico en Colombia, a medida que la organización criminal más poderosa del país, los Urabeños, intenta asegurar las rutas de tráfico en el centro de operaciones de sus enemigos. Sin embargo, después de haber malgastado dinero y perdido mano de obra durante tres años de guerra y de violencia que parecen no tener fin, el premio del narcotráfico en el Pacífico sur podría significar la línea final de avance de los Urabeños.

En 2013, el Valle del Cauca fue el departamento más violento de Colombia por cuarto año consecutivo, a medida que los grupos armados ilegales luchaban amargas y sangrientas guerras territoriales en varios frentes. La lucha ha costado miles de vidas y ha visto un fuerte incremento en las actividades criminales, como el microtráfico y la extorsión.

El conflicto ha hecho de Cali, la capital del departamento, el lugar más peligroso en Colombia, y, con una tasa de homicidios de más de 85 por cada 100.000 habitantes, una de las ciudades más peligrosas del mundo. También le ha ganado al principal puerto del país, Buenaventura, una reputación macabra por la sádica brutalidad, la muerte y el desplazamiento.

La violencia es caótica, perpetrada por un torbellino de grupos criminales que van desde narcoparamilitares hasta pandillas callejeras de adolescentes. Pero detrás de ello hay cambios tectónicos en el mundo del hampa de Colombia; los una vez dominantes Rastrojos se han derrumbado, mientras que su principal rival, el grupo criminalizado sucesor de los paramilitares, conocido como los Urabeños, busca extender su alcance a lo largo de Colombia.

El Valle del Cauca fue la cuna y el bastión de los Rastrojos. La organización surgió como el brazo armado de una facción del Cartel del Norte del Valle (CNDV) de la región, y todos sus principales líderes comenzaron su carrera criminal trabajando para las redes del cartel.

Después de haber emergido de la sombra del CNDV para convertirse en una organización por derecho propio, los Rastrojos tomaron a la fuerza territorio a lo largo del país, convirtiéndose en la organización criminal dominante de Colombia. Sin embargo, han estado en caos desde la pérdida de su estructura de mando en 2012, cuando su principal líder, Javier Calle Serna, alias “Comba” se entregó, y el miembro fundador Diego Pérez Henao, alias “Diego Rastrojo”, fue arrestado.

Tras la caída de Comba, de Diego Rastrojo y de otros líderes de alto nivel de los Rastrojos, varios mandos medios parecen haber unificado algunas de las redes restantes y construido alianzas con otros jugadores importantes del comercio de drogas en el Valle. Sin embargo, ninguno de los comandantes ha logrado unificar a las facciones bajo un solo liderazgo. En su lugar, se han ido unos contra otros en una lucha por los restos del imperio de los Rastrojos.

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Divididos y vulnerables, los restos de los Rastrojos también se han enfrentado a un viejo enemigo con un nuevo nombre -los Machos, quienes actualmente forman parte de la red de los Urabeños.

Los Rastrojos y los Machos tienen una larga y amarga historia que se remonta a la guerra fratricida que desgarró al CNDV. La guerra y los esfuerzos de las fuerzas de seguridad dejaron a los Machos diezmados, por lo que en 2011 se dirigieron a los Urabeños, vendiendo acceso a las rutas de drogas y a redes criminales a cambio de armas, apoyo financiero y hombres para irse a la guerra contra los Rastrojos.

La alianza que ha dirigido la guerra por el Valle del Cauca en nombre de los Urabeños, ha reunido a una coalición de narcotraficantes que tienen lazos familiares con el CNDV, y que guardan rencor contra los Rastrojos a raíz de su conflicto con los Machos. Esta nueva generación de narcos ha estado respaldada por la sed de venganza de un veterano estadista del comercio de drogas colombiano –Víctor Patiño Fomeque, alias “El Químico”, antiguo narcotraficante del Cartel de Cali y del CNDV.

El punto focal de la violencia ha sido Cali, donde cerca de 2.000 personas fueron asesinadas en 2013. La ciudad está viviendo lo que una fuente de la policía presentó a InSight Crime como un “caos criminal”, a medida que un estimado de 30 redes criminales luchan por la supremacía. Según la Defensoría del Pueblo de Cali, estas organizaciones criminales de tamaño medio, conocidas como “oficinas de cobro” mantienen vínculos con 66 de las 134 bandas callejeras de la ciudad, a las que contratan para asesinar rivales y controlar las actividades criminales que van desde el robo de automóviles hasta microtráfico y extorsión.

Muchas de estas oficinas son restos fragmentados de los Rastrojos, quienes siguen proporcionando servicios a los narcos del Valle del Cauca y beneficiándose de las oportunidades criminales disponibles en la ciudad. Estas organizaciones ahora independientes, y las pandillas callejeras que las representan, se están enfrentan a otras oficinas que reciben órdenes de la alianza entre Machos y Urabeños.

También apostando por el control del bajo mundo criminal de Cali está una figura misteriosa conocida como “El Señor de la R”. Según la policía, El Señor del la R es un extraficante del Cartel de Cali y familiar del líder del cartel, Hélmer “Pacho” Herrera. Regresó a Colombia después de cumplir una larga condena en una prisión de Estados Unidos, y estableció su propia oficina con la objetivo de recuperar una porción del dominio perdido del Cartel de Cali.

En este nuevo y turbulento mundo del hampa, las lealtades son tenues y el panorama criminal está en constante cambio, a medida que las pandillas cambian de lado basandose en quién está ganando y quién puede pagar. En diciembre se informó que los principales líderes de la coalición de los Urabeños habían llegado a un acuerdo con los Rastrojos restantes más poderosos, pero hasta el momento ha habido poca evidencia de este pacto en las calles.

Fuera de Cali, la guerra también ha desgarrado a las ciudades más pequeñas de Palmira y Tuluá, donde la violencia ha sido impulsada por las incursiones de los Urabeños y por las luchas internas de los Rastrojos, en particular en el puerto de Buenaventura, que se encuentra en el corazón de las rutas de tráfico de la región.

Como ya ha informado InSight Crime, Buenaventura se ha convertido en un nuevo foco de violencia extrema y desplazamiento por la resistencia que presenta a la invasión de los Urabeños una exoficina de los Rastrojos conocida como la Empresa. Después de la invasión en 2012, el puerto parecía estar firmemente en manos de los Urabeños, pero la Empresa, luego de presuntamente conseguir financiamiento externo para continuar con su lucha, lanzó un contraataque, haciendo que la violencia incrementara una vez más en 2014.

En todos los frentes de Valle del Cauca, la guerra no sólo ha costado a los Rastrojos y a los Urabeños sangre y dinero, también les ha costado la libertad de muchos de los narcogenerales que dirigen los enfrentamientos en ambos lados. El Químico, el gran sobreviviente del narcotráfico colombiano, permanece en libertad, pero fuentes del hampa han señalado a InSight Crime su creencia de que ha desaparecido una vez más, contento con haber forjado su venganza contra los Rastrojos y recuperado sus bienes perdidos.

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La invasión de los Urabeños al Valle ha seguido un plan de batalla desplegado con éxito en otras partes; buscan alianzas con grupos criminales locales que están familiarizados con la zona, y luego aumentan el alcance de sus operaciones con armas, dinero en efectivo y  tropas de combate. Poco después, estos grupos son absorbidos por los Urabeños, y se convierten en otra parte de su franquicia criminal.

Sin embargo, aunque estas tácticas han ayudado a los Urabeños a establecer presencia en regiones estratégicas, como en la Guajira en el noreste, en la ciudad de Medellín y en la frontera con Venezuela, en el Valle del Cauca han sido incapaces de superar la resistencia obstinada de los Rastrojos restantes.

A medida que más y más hombres de los Urabeños son capturados y dados de baja, más se confían en las juventudes volátiles que contrataron en Cali y en Buenaventura. Esto no sólo los debilita tácticamente, sino que también significa una fuerza menos disciplinada que es más difícil de controlar. En Buenaventura, la policía señaló a InSight Crime que estos jóvenes se estaban saliendo de control, utilizando el nombre y las armas que los Urabeños les habían suministrado para aterrorizar a la ciudad en beneficio propio.

El costo financiero de esta guerra también será una masiva perdida de recursos que puede resultar insostenible en el largo plazo. En Buenaventura no están pagando a muchos de sus soldados de pie, haciendo que se vuelvan independientes o que se unan a sus rivales. Si pierden la lealtad de las oficinas y pandillas de Cali -que son sólo tan leales como su último pago- entonces van a estar luchando una batalla perdida.

En diciembre hubo informes de que un comandante local de la alianza entre Machos y Urabeños había llegado a un acuerdo con uno de los jefes máximos de los Urabeños, en el que pagó US$ 500.000 a cambio de que enviara 90 refuerzos desde todo el país. También en Buenaventura, el comando local habría recibido refuerzos externos durante los mismos días con la llegada de un estimado de 38 tropas a sus filas.

Si los informes son ciertos, entonces este podría ser el inicio de un nuevo impulso para ganar el control del Valle del Cauca de una vez por todas. Sin embargo, para tener éxito, la alianza de los Urabeños tendrá que superar una oposición que les ha hecho frente hasta estancarlos desde hace tres años. También estarán severamente limitados por la necesidad de operar en un territorio cada vez más militarizado, ya que las autoridades han respondido a la crisis de seguridad enviando sus propios refuerzos.

Ante estos obstáculos, parece probable que el avances de los Urabeños no les consiga la victoria, una vez más. Esto dejaría a la dirección nacional frente a una decisión difícil -dejar uno de los territorios de tráfico de drogas más preciados de Colombia a sus enemigos de la clase criminal del Valle del Cauca, o arriesgarse a quedar atrapados en el atolladero de un conflicto que tiene el potencial de debilitarlos fuertemente económica y militarmente, drenando su fuerza a nivel nacional.

Acusaciones contra Uribe son un recordatorio de presencia de dinero narco en política colombiana

El surgimiento de las afirmaciones hechas por un capo de la droga, de que financió las actividades políticas del expresidente de Colombia Álvaro Uribe, es un oportuno recordatorio de la vulnerabilidad del país a la influencia del dinero de la droga en el período previo a las elecciones nacionales.

La Corte Suprema de Colombia ha solicitado que el Congreso y los fiscales evalúen el testimonio dado por el exlíder del Cartel del Norte del Valle (CNDV) Diego Montoya, alias “Don Diego”, en el que afirmaba haber financiado la campaña presidencial de Uribe, informó Vanguardia.

En declaraciones a los investigadores desde su prisión en Arizona el año pasado, Don Diego proporcionó una lista de políticos que dijo que habían recibido dinero del cartel. Entre ellos había varias otras figuras prominentes, incluyendo al expresidente del Senado, Carlos Holguín Sardi, del Partido Conservador, y el exgobernador del Valle del Cauca, Juan Carlos Abadía.

Uribe, quien se prepara para presentarse a un escaño en el Senado en las elecciones de marzo, ha respondido amenazando con emprender acciones legales por las declaraciones, informó Caracol.

Análisis de InSight Crime

El testimonio de Don Diego se suma a una larga lista de acusaciones hechas contra Uribe en los últimos años, entre ellas, la de que recibió fondos de la organización paramilitar de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) durante su campaña presidencial de 2002. Hasta el momento, ninguna de estas acusaciones ha resultado en el enjuiciamiento del expresidente, y es poco probable que esto cambie como resultado de las últimas afirmaciones.

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Don Diego era el líder de la facción de los Machos del CNDV. A raíz de la desmovilización de las AUC, los Machos surgieron como uno de los prototipos de organizaciones híbridas, paramilitares y narcotraficantes, llamadas por el gobierno BACRIM (bandas criminales).

 

En 2011, después de haber sido deteriorados por años de guerras impulsadas por las drogas y por la pérdida de muchos de sus líderes, los Machos vendieron lo que quedaba de su territorio y fueron absorbidos por la organización criminal más poderosa de Colombia -los Urabeños. Sin embargo, otras organizaciones de las BACRIM siguen amenazando seriamente la legitimidad de las instituciones políticas de Colombia y el proceso electoral.

Aunque el alcance de las BACRIM no es tan extenso como el de las AUC -cuyos tentáculos se extendieron a todos los niveles de la política nacional y local- las cifras siguen siendo alarmantes para el fraude electoral o la represión violenta de los votantes en las zonas donde operan (vea los mapas de Colombia Reports arriba y abajo).

Además de tener una historia de financiación de campañas políticas con dinero sucio, e influir en los votantes con sobornos o amenazas, las BACRIM son conocidas por controlar a los políticos a nivel local para ganar protección, acceso a la inteligencia, y colaboración en actividades ilegales como la  extorsión y el enriquecimiento ilícito. 

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Pacto criminal en Cali podría ser detonante de una nueva era del crimen en Colombia

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Antiguos enemigos consagrados de organizaciones criminales localizadas en la capital de la violencia de Colombia, Cali, han llegado a un acuerdo desde la prisión, según las fuerzas de seguridad, el cual que de ser exitoso podría influir en el mundo criminal de una de las regiones colombianas clave para el narcotráfico.

Según fuerzas de seguridad citadas por El País, una de las figuras principales de lo que queda de los Rastrojos –que llegó a ser una de las organizaciones criminales más poderosas de Colombia- ha llegado a un acuerdo con un grupo de narcotraficantes, cuya guerra contra los Rastrojos había impulsado la violencia en Cali desde el 2011.

Jorge Eliecer Domínguez Falla, alias “Palustre”, presuntamente pagó US$2 millones y entregó varias propiedades para sellar la alianza con los capos de la droga con los que está recluido en la cárcel La Picota. Entre ellos está el exjefe de los Machos Héctor Mario Urdinola, alias “Chicho”, hijo del antiguo narcotraficante del Cartel del Norte del Valle (CNDV) Greylin Varón, alias “Martín Bala”, y Orlando Gutiérrez, alias “El Negro Orlando”, contacto clave con la organización criminal dominante en Colombia, los Urabeños.

Según El País, lo que busca el acuerdo es la creación de una organización criminal unificada que controle las rutas de narcotráfico y la venta de droga callejera en el Valle del Cauca, una región en el suroeste de Colombia que por décadas ha sido uno de los epicentros del narcotráfico colombiano.

Análisis de InSight Crime

De ser confirmado, el acuerdo entre Palustre y sus antiguos rivales representaría un giro determinante en un conflicto que tiene sus raíces en las amargas y sangrientas luchas internas que destruyeron al que una vez fue el cartel de drogas más importante de Colombia –el CNDV. El resultado de dicho acuerdo traería remanentes de los Rastrojos, los Machos y de otras organizaciones criminales regionales en una alianza que también incluye a los Urabeños, en lo que sería una intimidante federación criminal de gran tamaño.

VEA TAMBIÉN: Perfil del Cartel del Norte del Valle.

Recientemente los Urabeños llegaron a un acuerdo similar en Medellín con sus antiguos rivales de la Oficina de Envigado. Lo cuál significa que las dos capitales tradicionales del narcotráfico en Colombia podrían estar a punto de resurgir. Con los Urabeños reclamando su parte en ambas ciudades, tendrían la capacidad de actuar como garantes, aumentando la posibilidad de que, a diferencia de cómo fue en el pasado, Medellín y Cali se complementarían en lugar de competir entre si.

No obstante, la situación en el Valle se complica por las facciones disidentes de los Rastrojos que no son parte del pacto y por el reciente regreso de un capo de la droga del acabado Cartel de Cali, de quien las fuerzas de seguridad sospechan estar tratando de reclamar sus territorios perdidos. Adicionalmente, durante años, el narcotráfico en la región ha estado plagado con traición y luchas internas, lo que plantea dudas acerca de lo sostenible que podría llegar a ser cualquier acuerdo.

Narcos de vieja generación alimentan las nuevas guerras de la mafia de Colombia

La violencia en la región Pacífica de Colombia está siendo impulsada no sólo por los grupos BACRIM de nueva generación, sino también por los narcotraficantes del fallecido Cartel de Cali, largo tiempo atrás, dicen las fuerzas de seguridad, a medida que el pasado de Colombia sigue proyectando una sombra sobre el comercio moderno de las drogas.

El más reciente brote de guerras de la mafia en el Valle del Cauca –el departamento más violento de Colombia– está vinculado a un exmiembro del Cartel de Cali que regresó a Colombia el año pasado, dijeron fuentes de las fuerzas de seguridad a El Tiempo.

Sólo identificado como el “señor de la R”, el traficante fue deportado de Estados Unidos después de cumplir una condena de 18 años. A su regreso, creó su propia organización criminal y provocó una guerra para recuperar el control de las rutas de tráfico de drogas y otras actividades criminales.

Esto lo puso en conflicto con los remanentes de los Rastrojos, alguna vez la BACRIM (de bandas criminales) más poderosa de Colombia, pero ahora reducida a las facciones locales después de la rendición y el arresto de sus dirigentes nacionales. Según El Tiempo, la facción del Valle de los Rastrojos está dirigida por un traficante que es conocido como “Giovanny”, quien ha construido alianzas con otros grupos criminales y narcotraficantes de la región para tratar de reconstruir la organización.

Para complicar aún más las cosas, los enemigos acérrimos de los Rastrojos, los Machos, llegaron a un acuerdo con los Urabeños, el pago de los refuerzos de mercenarios. Al hacerlo, reforzaron su poder al mismo tiempo que le dieron a la Urabeños un punto de apoyo en la región.

Análisis de InSight Crime

El “señor de la R” -quien según El Tiempo es un miembro de la familia y un aliado cercano de Helmer ‘Pacho’ Herrera, quien dirigió el Cartel de Cali- es sólo el último narcotraficante de vieja generación en volver al Valle para reclamar sus derechos al hampa de la región, siguiendo los pasos de Víctor Patiño Fómeque, alias “El Químico”. Patiño, quien trabajó con el Cartel de Cali, y luego con sus sucesores, el Cartel del Norte del Valle (CNDV), también regresó después de estar un tiempo en una cárcel de Estados Unidos. Se cree que él ha sido la fuerza impulsora detrás de una coalición de los hijos y parientes de los antiguos traficantes del CNDV quienes se unieron con los Urabeños para enfrentarse a sus viejos enemigos en los Rastrojos.

Sin embargo, no es sólo en el Valle donde los traficantes del auge de la cocaína de Colombia en los años ochenta continúan dejando su huella. En la lista de los más buscados de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA), aparecen dos colombianos sin historia legal dentro país. A pesar de que han dejado pocas huellas de su pasado, también se cree que están relacionados con la vieja generación de carteles, con un presunto lavador de dinero del Cartel de Medellín.

‘La Reina del Pacífico’ de México Recibe Leve Sentencia por Delitos de Drogas

La famosa narcotraficante mexicana la “Reina del Pacífico” pronto podría salir libre, después de recibir una pena de prisión de 70 meses, que se reducirá aún más gracias al tiempo que ya ha cumplido; un resultado que plantea interrogantes sobre el uso que se le da a la extradición y a los acuerdos con la parte acusadora para los capos de la droga.

Sandra Ávila Beltrán recibió la sentencia después de declararse culpable de ser “asistencia financiera”, al ayudar a su amante narcotraficante. Previamente, ella había negado todos los cargos, pero luego hizo un acuerdo con los fiscales, admitiendo un cargo menor a cambio de una reducción de pena.

Ávila fue detenida en 2007, y como el tiempo que ha pasado en prisión será descontado, básicamente ella ya cumplió su sentencia y ahora será procesada y deportada a México, donde no tiene cargos pendientes y seguirá libre.

La sentencia pone fin a larga saga legal, en la cual ha Ávila ha sido absuelta de los cargos de crimen organizado en México y luchó, y eventualmente perdió, una complicada lucha legal en contra de su extradición a Estados Unidos.

Ávila fue acusada de ser un eslabón clave en la cadena del narcotráfico que conectaba al Cartel del Norte del Valle de Colombia con el Cartel de Sinaloa de México. Ella fue acusada inicialmente de conspirar con su novio, el traficante colombiano Juan Diego Espinosa Ramírez, alias “El Tigre”, para transportar nueve toneladas de cocaína.

Análisis de InSight Crime

El distorsionado proceso legal en el caso de Ávila evidencia las debilidades tanto de los sistemas legales de Estados Unidos como de México. Dentro del país, Ávila fue capaz de frustar los numerosos intentos para condenarla de graves acusaciones, y estuvo a punto de evitar la extradición. No obstante, una vez en Estados Unidos, su cooperación con las autoridades condujo a una sentencia mínima para una persona vinculada durante mucho tiempo a las altas esferas del crimen organizado en Latinoamérica.

El caso también plantea interrogantes en torno a la extradición, que aumentó exponencialmente bajo el anterior Presidente de México, Felipe Calderón. Como demuestra el caso de Ávila, la oportunidad de llegar a un acuerdo y recibir sentencias cortas en Estados Unidos significa que la extradición a menudo no provoca el mismo miedo en los narcotraficantes como lo hizo en el pasado. Este ha sido el caso en Colombia, donde la extradición tiene una historia larga y polémica, pero ahora parece ser vista como una opción más suave por muchos narcotraficantes, e incluso ha sido cuestionada públicamente por el gobierno.