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Arresto de criminal colombiano evidencia la influencia de antiguo cartel

Las autoridades arrestaron al exdirigente de una organización narcotraficante colombiana ya desaparecida, lo que indica la continuidad de la influencia del grupo en el hampa del país.

Una operación conjunta realizada por las autoridades colombianas e Interpol condujo a la captura de José Orlando Sánchez Cristancho el 26 de marzo en Facatativá, departamento de Cundinamarca, Colombia, informó El Tiempo.

Sánchez, mejor conocido por el alias de “El hombre del overol”, fue uno de los líderes del Cartel del Norte del Valle (CDNV), un poderoso grupo narcotraficante colombiano que surgió de los restos del tristemente célebre Cartel de Cali.

Sánchez ya había sido detenido en junio de 2001 en el estado de Florida, acusado de conspirar para lavar dinero. Estuvo 63 meses en prisión (un poco más de 5 años) y 3 años en libertad bajo fianza en Estados Unidos. Las autoridades creen que, una vez regresó a Colombia, Sánchez reanudó sus actividades criminales; además, su nombre apareció en la lista de “circulares rojas” de Interpol.

Un tribunal del distrito de Florida ha solicitado su extradición para que enfrente cargos relacionados con blanqueo de capitales y fraude bancario.

Análisis de InSight Crime

El arresto de Sánchez puede interpretarse como una señal de que el legado del CDNV continúa ejerciendo influencia sobre el hampa colombiano, a pesar de que gran parte de la red criminal ha sido desmantelada.

Las autoridades afirman que Sánchez fue uno de los líderes del CDNV, pero parece haber cierta confusión en torno a su apodo, “El hombre del overol”. Sin restar la importancia de Sánchez al interior del grupo, la evidencia sugiere que el fundador del cartel, Orlando Henao Montoya (ya fallecido), utilizaba el mismo seudónimo.

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El CDNV surgió tras la ruptura del Cartel de Cali y pasó a convertirse en uno de los grupos de narcotraficantes más ricos del país. Las estimaciones del Buró Federal de Investigaciones (FBI por sus iniciales en inglés) de Estados Unidos indican que, en su apogeo, el cartel era responsable del 60 por ciento de la cocaína enviada a Estados Unidos. Las luchas y traiciones internas condujeron a la implosión del grupo: hacia el año 2010, la mayor parte los dirigentes del CDNV habían sido asesinados o capturados.

Los grupos que surgieron del desaparecido CDNV conformaron otras organizaciones criminales nuevas e independientes, como Los Rastrojos y Los Urabeños.

Sánchez no es el primer miembro del CDNV que ha regresado a Colombia después de haber cumplido una condena en Estados Unidos. Víctor Patiño Fomeque, alias “El Químico”, fue otra figura prominente dentro del grupo que negoció su entrega con las autoridades estadounidenses y posteriormente regresó a Colombia, donde, según las autoridades, al parecer ha reincidido en sus actividades criminales.

Capo colombiano obtiene pena indulgente tras acuerdo de culpabilidad en EEUU

Un capo de la droga colombiano, cuya entrega a las autoridades estadounidenses permitió diezmar a la que había sido una de las organizaciones criminales más poderosas del país, ha logrado negociar un acuerdo en una corte de Estados Unidos, que le permitirá recibir una sentencia de sólo nueve años de prisión.

Luis Enrique Calle Serna fue condenado el 10 de febrero por un tribunal de Nueva York, después de declararse culpable de tráfico de drogas hacia Estados Unidos, informó El Tiempo. Calle Serna llegó a ser uno los narcotraficantes más importantes de Colombia, y se entregó a la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA por sus iniciales en inglés) en octubre de 2012 para negociar un acuerdo con las autoridades estadounidenses.

Según la acusación del Tribunal de Nueva York, Calle Serna fue un importante miembro de la organización criminal Los Rastrojos, cuando su hermano, Javier Antonio Calle Serna, alias “Comba”, era el jefe de la organización. Javier se entregó a la DEA unos meses antes de que lo hiciera Luis, y actualmente está en espera de una sentencia.

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Dado que Luis Enrique Calle Serna ya ha pasado cinco años en custodia de Estados Unidos, podría salir de la cárcel incluso en 2020, informó El Tiempo. Según documentos judiciales del año 2015, Calle Serna podría regresar a Colombia una vez cumplida su condena.

Según El Tiempo, Héctor Efrén Meneses Yela, alias “Guara”, miembro de Los Rastrojos y socio del Cartel de Sinaloa, también fue condenado a seis años de prisión y se cree que será liberado muy pronto.

Análisis de InSight Crime

La sentencia relativamente corta de Calle Serna llama la atención sobre el problema de los narcotraficantes extraditados que reciben condenas más indulgentes en Estados Unidos que en sus países de origen. A diferencia de la época de Pablo Escobar, quien le declaró la guerra al Estado colombiano por el tema de la extradición, ser enviado a Estados Unidos, en lugar de ser una amenaza, se ha convertido en una oportunidad para llegar a acuerdos de sentencias más cortas. Por ejemplo, en noviembre de 2015, un tribunal de Washington DC sentenció a uno de los más importantes jefes paramilitares, Rodrigo Tovar Pupo, alias “Jorge 40”, a sólo 16 años de prisión.

Al mismo tiempo, el sistema de justicia colombiano se ha esforzado por investigar y enjuiciar a grandes criminales sin contar con Estados Unidos. Juan Carlos Calle Serna, hermano de Luis Enrique y un supuesto elemento clave de Los Rastrojos, fue liberado a principios de 2016 después de una corta pena de prisión, pues las autoridades colombianas no pudieron procesarlo por cargos de narcotráfico o lavado de dinero.

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Los Rastrojos fueron conformados en el año 2002 como un brazo armado del Cartel del Norte del Valle. Luego se extendieron por toda Colombia y se convirtieron en una de las organizaciones narcotraficantes más poderosas del país.

Con la entrega de los hermanos Calle Serna y la captura de un tercer líder, Diego Pérez Henao, alias “Diego Rastrojo“, en 2012, el poder de Los Rastrojos se desmoronó rápidamente. Sin embargo, recientes operaciones de seguridad indican que el grupo todavía controla lucrativas operaciones de tráfico en la costa del Pacífico colombiano, presuntamente bajo las órdenes de los hermanos encarcelados. 

Informe analiza 15 años de violencia en capital del crimen de Colombia

Un reciente análisis sobre las estadísticas de homicidios durante 15 años en la ciudad más violenta de Colombia, Cali, pone de relieve la directa correlación entre la evolución del hampa y la violencia en el país.

La investigación especial de El País analiza los factores que influyen en los 26.687 asesinatos cometidos en Cali entre 2001 y 2015, un período durante el cual la tasa de homicidios de la ciudad osciló entre 57 y 91 por cada 100.000 habitantes.

Según El País, durante este período hubo varios picos de violencia, que pueden estar relacionados con eventos y cambios al interior del crimen organizado.

El mayor número de asesinatos se registró en 2004, cuando murieron 2.168 personas. En ese momento, en la ciudad había una guerra entre los narcotraficantes de la región, pues el Cartel del Norte del Valle (CNDV) se había dividido en dos facciones rivales, en particular Los Rastrojos, liderados por Wílber Varela, alias “Jabón”, y Los Machos, liderados por Diego Montoya, alias “Don Diego”.

Estos narcotraficantes libraban la guerra a través de su “oficinas de cobro”, cada una de las cuales tenía su propia red de sicarios, de las cuales, según El País, las autoridades identificaron 35 activas en ese momento. Estas redes recibían armas, órdenes y sueldos de sus jefes narcotraficantes y reclutaban a jóvenes pandilleros para cometer crímenes.

La violencia comenzó a disminuir en 2005, después de que los líderes paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) acordaron un alto el fuego entre las partes beligerantes, dice El País.

Sin embargo, el derramamiento de sangre volvió a aumentar dramáticamente, pasando de 1.468 asesinatos en 2008 a 1.798 en 2009. En ese momento, Jabón había sido asesinado por sus lugartenientes más importantes, los hermanos Calle Serna, o “Comba”, y Diego Pérez Henao, alias “Diego Rastrojo”; por su parte, Don Diego había sido arrestado. En medio de estos cambios en el hampa, hubo una oleada de homicidios vinculados a disputas internas, ajustes de cuentas y robos de cargamentos de cocaína.

Los asesinatos continuaron aumentando hasta alcanzar un máximo de 1.959 en 2013. En este período se presentó una nueva era de guerras entre los narcotraficantes, dado que un grupo de fuera de la región, Los Urabeños, intentó ganar presencia allí aliándose con los narcotraficantes que habían sido parte de la red de Don Diego, lo que llevó a un resurgimiento de Los Machos.

En 2012, la situación se complicó aún más por el sometimiento y la captura de los líderes de Los Rastrojos. Esto condujo a una fragmentación de Los Rastrojos, y, en su mayor parte, las diferentes oficinas de cobro se independizaron.

Estas redes no tuvieron el mismo impacto en el mundo del tráfico de drogas transnacional y en su lugar se dedicaron al microtráfico, lo cual, según El País, condujo a una violenta competencia por el control de los mercados de la ciudad. Además, emplearon un modelo de trabajo diferente, subcontratando actividades con las pandillas en lugar de pagarles salarios. Como las pandillas tuvieron que valerse por sí mismas para generar gran parte de sus ingresos mediante actividades como la extorsión, esto también ha generado conflictos territoriales violentos.

Análisis de InSight Crime

El análisis de las estadísticas de homicidios en Cali revela no sólo la correlación directa y evidente entre la violencia y los conflictos al interior del hampa, sino además su relación más indirecta con cambios en el dinámico mundo del crimen.

Si bien es evidente que los enfrentamientos entre narcotraficantes importantes como Jabón y Don Diego generan más violencia, para el hampa colombiano actual es más relevante lo que ha sucedido desde el final de la era de los grandes carteles de droga.

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Estas cifras muestran que lo que se celebra como éxitos de las fuerzas de seguridad, como el desmantelamiento de los dirigentes de Los Rastrojos, también puede conducir a un aumento en la violencia. A medida que las grandes estructuras se fragmentan, a menudo se dividen en organizaciones más pequeñas y autónomas, con fuentes de ingresos diversificadas. Estos intereses criminales se disputan a un nivel más local, lo que conduce a conflictos de más pequeña escala pero más numerosos.

Arresto señala persistencia de facción de Los Rastrojos en narcotráfico colombiano

La detención del presunto líder de “Los Comba“, una facción de Los Rastrojos, es una señal de que el grupo criminal fue capaz de crecer bajo el radar de las autoridades después de haber casi desaparecido en el 2012.

Santos Román Narváez Ansazoy, alias “Román”, fue arrestado en Cali el 19 de octubre en posesión de 28 lingotes de oro, cuyo valor se estimó en más de US$1 millón, informó El Espectador. Las autoridades creen que Román es la cabeza del grupo criminal “Los Comba”, una facción de Los Rastrojos que originalmente era controlada por los hermanos Comba, de los cuales dos —Javier Antonio Calle Serna y Luis Enrique Calle Sernaestán presos en Estados Unidos.

En un comunicado al cual tuvo acceso InSight Crime, el ministro de defensa colombiano afirmó que Román “es actualmente el principal y mayor productor de cocaína en la costa pacífica colombiana, produce grandes cantidades de cocaína procesada en laboratorios ubicados en Cauca antes de enviarla a Panamá en lanchas rápidas”.

Se cree que el supuesto líder de “Los Comba” recibió instrucciones de los hermanos Comba encarcelados para dirigir la operaciones del grupo, las cuales van desde minería ilegal hasta narcotráfico y extorsión, según El Tiempo. El medio, que contó con acceso al expediente de la investigación, dijo que el oro iba a intercambiarse por cocaína.

Otros cinco supuestos miembros de alto rango de la organización fueron arrestados en la misma operación llamada “Perla del Pacífico II”, segunda fase de una investigación conjunta entre la DEA y la policía colombiana. Órdenes de extradición hacia Estados Unidos se han emitido para todos, incluyendo a Román.

La investigación en su conjunto, llevó al arresto de aproximadamente 300 personas —muchas de ellas narcotraficantes— ligados a “Los Comba”. Las autoridades afirman que el grupo es responsable por el envío de unas 180 toneladas de cocaína a Estados Unidos en los últimos dos años, y de 80 de las 300 toneladas de cocaína incautadas por las autoridades colombianas en el 2016.

Análisis de InSight Crime

La detención de Román y la cocaína decomisada a la facción de Los Rastrojos, ponen de manifiesto la presencia permanente de al menos parte de la antigua organización y su continua relevancia en el tráfico de drogas en Colombia.

Los Rastrojos llegaron a la cima de su poder entre 2008 y 2012 cuando se convirtieron en la que podría considerarse la bacrim (“banda criminal”) más poderosa del país, superando a su rival Los Urabeños. En 2012, dos de los hermanos Comba se entregaron a las autoridades de Estados Unidos y otros dos jefes, Diego Pérez Henao, alias “Diego Rastrojo“, y Daniel Barrera, alias “El Loco“, fueron detenidos. La decisión de los hermanos Comba de rendirse supuestamente condujo a disidencias entre los líderes y fortaleció de la brecha entre la facción de “Los Comba” y el resto de la organización. La desarticulación de los cabecillas del grupo condujo a un rápido descenso de su poder e influencia.

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Sin embargo, cuatro años más tarde, la cantidad de drogas incautadas y las estimaciones de las autoridades sobre la cantidad de cocaína enviada por “Los Comba” indican que el grupo logró reconstruir sigilosamente sus operaciones, mientras los Urabeños monopolizaban gran parte de la atención sobre las Bacrim. Aunque la información proporcionada por las autoridades parece indicar que Román dirigió las operaciones heredadas de “Los Comba” y no la totalidad de las antiguas actividades del grupo Los Rastrojos, esto es un recordatorio de que incluso las organizaciones criminales descabezadas temporalmente tienen la capacidad de restablecerse si las autoridades las dejan desatendidas.

Grupos criminales se benefician del cierre de frontera entre Colombia y Venezuela

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 La decisión de Venezuela de cerrar su frontera con Colombia en el año 2015 ha sido muy provechosa para los grupos criminales, los cuales ahora tienen un control sin precedentes sobre el contrabando en la región.

Hace casi diez meses, el presidente de Venezuela Nicolás Maduro anunció que el país cerraría su frontera con Colombia. Desde entonces, los grupos de exparamilitares (también conocidos como “bandas criminales”, o Bacrim) en el departamento colombiano de Norte de Santander se han vuelto más poderosos que nunca, según una investigación de La Silla Vacía.

“La nueva forma de sostenimiento de las bandas criminales en la frontera es la extorsión a contrabandistas”, le dijo el director de la Fundación Progresar, Wilfredo Cañizares, a La Silla Vacía. “Está generando ingresos exorbitantes”.

Funcionarios de control de fronteras han reportado una disminución del 70 por ciento en el contrabando de gasolina desde que se cerró la frontera, así como de la consecuente ofensiva de seguridad. Gran parte del negocio del contrabando es actualmente controlado por las bandas criminales de Los Rastrojos y Los Urabeños. Estas organizaciones criminales controlan las rutas de cruce no oficiales, conocidas como “trochas”, donde les cobran impuestos a personas, vehículos y contrabandistas de gasolina y otros productos.

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“Aquí nada se mueve sin que ellos sepan”, le dijo a La Silla Vacía un habitante del municipio de Puerto Santander, uno de los principales centros de contrabando en la región. “Ellos son los que mantienen el orden y todos les obedecen”.

Las fuerzas de seguridad venezolanas y colombianas también se están beneficiando del contrabando, según lo confirmó La Silla Vacía durante su visita a la zona en los alrededores de Cúcuta, la capital de Norte de Santander.

Los habitantes de la región les dijeron a los reporteros que para pasar clandestinamente a Venezuela de manera individual se deben pagar cinco “impuestos” por trayecto: a la Guardia Nacional Venezolana, a la policía colombiana, a las Bacrim, al transportador y al propietario de la tierra por donde se cruza. Incluyendo el soborno, una travesía en carro puede costar US$20.

Según los informes, Los Rastrojos han estado activos en Norte de Santander desde el año 2007, mientras que Los Urabeños —ahora más fuertes que sus predecesores— llegaron en 2011. Los habitantes del área temen llamar a los grupos por sus nombres, y prefieren referirse a ellos como “paracos”, forma abreviada de paramilitares.

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Casi una cuarta parte de los 217 puntos de cruce ilegales identificados a lo largo de la frontera con Colombia se encuentran en Norte de Santander, donde las recientes operaciones anticontrabando han dado como resultado la detención de 50 contrabandistas y la incautación de 70.000 galones de gasolina —tres veces más de lo incautado durante el mismo período de 2015—.

Sin embargo, los traficantes de gasolina y diésel continúan atravesando la frontera fácilmente, y los cruces ilegales destruidos por las autoridades son rápidamente remplazados por las Bacrim.

Análisis de InSight Crime

Como claramente lo muestra la investigación de La Silla Vacía, el cierre de la frontera colombo venezolana ha aumentado los ingresos del crimen organizado y ha promovido la corrupción oficial en la región. Norte de Santander ya es uno de los territorios más rentables en Colombia para las actividades de narcotráfico y contrabando, por lo que es hogar de múltiples grupos criminales, entre ellos las Bacrim y varias facciones de la guerrilla.

La presencia de estas organizaciones en la frontera se convirtió en un gran activo para ellas después de que el presidente venezolano Maduro anunciara que el cruce internacional se cerraría en agosto de 2015, debido a la violencia y a la actividad criminal en la zona. La investigación de campo de InSight Crime en Norte de Santander determinó que hasta ese momento el contrabando había sido en gran parte una actividad “familiar”, en la que las personas contrabandeaban pequeñas cantidades de mercancías a Colombia a lo largo de las rutas tanto oficiales como informales.

Cuando esto ya no fue posible, el contrabando pasó a realizarse por los cruces fronterizos no oficiales alejados de los principales puentes, donde los grupos del crimen organizado llegaron a acuerdos con elementos corruptos de la Guardia Nacional Venezolana y comenzaron a controlar el tránsito ilegal y a establecer cobros. En este lugar, las mercancías son transportadas por caminos ocultos a través de la frontera fluvial bajo la mirada de los militares venezolanos y los grupos armados colombianos.

Este tipo de acuerdos pueden tornarse fácilmente violentos. Se sabe que las autoridades militares venezolanas atacan a los contrabandistas que se niegan a pagar las extorsiones.

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Sin embargo, estos cruces no son controlados solamente por las Bacrim. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) —que se encuentran adelantando negociaciones de paz con el gobierno colombiano— también controlan el contrabando transfronterizo en ciertas partes de Norte de Santander. Más al este, en el departamento de Arauca, la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) realiza operaciones similares.

En tanto la crisis económica y social de Venezuela sigue creciendo, la dinámica criminal en la región fronteriza con Colombia también se ha venido transformando. Los productos venezolanos baratos, que por muchos años abundaron en los supermercados y restaurantes locales, ahora escasean, y hay evidencias de que actualmente los alimentos se contrabandean en la dirección contraria para suplir la crónica escasez del país socialista. También hay informes de que las Bacrim en la frontera han estado reclutando a inmigrantes venezolanos para que se desempeñen como contrabandistas y sicarios.

Durante una reciente visita a Arauca, InSight Crime descubrió que la pobreza generalizada en toda la frontera del río provocó una afluencia de venezolanas que se dedican a la prostitución. La inmigración a gran escala al parecer también ha provocado un aumento de las invasiones de tierras, el desempleo y el consumo de drogas.

Sin embargo, las regiones fronterizas también han reportado una disminución en delitos violentos como el homicidio y el robo a mano armada, lo cual se ha atribuido a que para los delincuentes venezolanos es más difícil ingresar al país.

Arrestos ponen migración criminal colombiana bajo la lupa

Los recientes arrestos de capos colombianos del narcotráfico en el exterior son una señal de cómo los cabecillas del hampa local han establecido su residencia en su residencia en otros países de Latinoamérica, para ampliar sus redes de negocios ilegales y escapar a la presión del gobierno en casa.

El 30 de abril, uno de los hombres más buscados de Colombia, Alejandro Quintero Otálvaro, alias “El Paisa”, cabecilla de la organización narcotraficante Los Urabeños, fue capturado en las afueras de Ciudad de Panamá.

Según EFE, Otálvaro huyó al país vecino debido a la presión de las fuerzas de seguridad en la región de Urabá, en Colombia, que ha estado en el centro de un ataque frontal del estado contra Los Urabeños, llamada en código “Operación Agamenón“. Se lo busca en Colombia por cargos de narcotráfico, lavado de dinero, homicidio, secuestro y extorsión, informó TVN.

La captura de Otálvaro se da un día después de que Eduard Fernando Giraldo, alias “Boliqueso”, cabecilla de la mortecina organización criminal de los Rastrojos, fuera arrestado en São Paulo, Brasil, donde se dice que buscaba alianzas con grupos criminales locales, según EFE.

Según El Tiempo, Giraldo esperaba establecer rutas para el tráfico de cocaína en Europa y África, y es buscado en Estados Unidos por narcotráfico. Para evitar ser detectado por la Administración Antidrogas de Estados Unidos (DEA), que lo había convertido en objetivo prioritario, se dice que viajaba entre Perú, Bolivia, y Brasil.

Análisis de InSight Crime

Estas capturas internacionales más recientes llaman la atención sobre una tendencia más general entre los cabecillas del hampa colombiano, que emigran para buscar refugio y nuevas oportunidades de negocios. En efecto, en años recientes las autoridades extranjeras han capturado a varios importantes traficantes colombianos con órdenes de captura, quienes probablemente pensaron que era más seguro permanecer fuera del país.

A modo de ilustración, en enero, Carlos Arturo Hernández Ossa, alias “Duncan”, figura líder de la Oficina de Envigado, de Colombia, fue capturado en Perú —el mismo país donde había sido detenido el capo de los Urabeños Jacinto Nicolás Fuentes Germán, alias “Don Leo”, en febrero de 2013.

Venezuela, usada por mucho tiempo como refugio por el hampa colombiano, es también donde cayó en manos de las autoridades el fundador de los Rastrojos Diego Pérez Henao, alias “Diego Rastrojo”, al igual que el famoso capo Daniel Barrera, alias “El Loco”, y Maximiliano Bonilla Orozco, alias “Valenciano”, poderoso jefe de una facción de la Oficina de Envigado.

Un poco más hacia el sur, Henry de Jesús López, alias “Mi Sangre”, otro cabecilla de Los Urabeños, fue arrestado en Argentina en 2012.

Los traficantes colombianos también son conocidos por su tendencia a establecerse en el Caribe, con el arresto en Cuba de Hernando Gómez Bustamante, alias “Rasguño”, importante integrante del ahora desmantelado Cartel del Norte del Valle, en 2004.

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Sin embargo, los criminales colombianos no han viajado al exterior en los últimos años tan solo con la esperanza de evadir la justicia; también para establecer operaciones en mercados estratégicos.

Brasil, por ejemplo, es un centro clave del tráfico para los envíos transatlánticos, así como importante mercado de drogas en sí, lo que explica su atractivo para grupos como Los Rastrojos. Adicionalmente, las “Oficinas de cobro” —células criminales colombianas involucradas en actividades como narcotráfico, microtráfico, secuestro y lavado de dinero— han sido identificadas en Panamá, Honduras, Costa Rica, Argentina, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia. Incluso España tuvo cerca de 12 a 20 oficinas activas en 2014, al control del tráfico de cocaína del país.

Colombia libera a hermano de jefe máximo del crimen organizado

La reciente liberación de un sospechoso de narcotráfico y lavado de activos de alto nivel pone de relieve la persistente dificultad de adelantar procesos judiciales al crimen organizado en Colombia.

Un juez colombiano concedió la libertad condicional a Juan Carlos Calle Serna, alias “Armando”, después de que pagara parte de su sentencia en la cárcel, informó El País.

Armando es sospechoso de pertenecer al grupo narcotraficante los Rastrojos, y es hermano de Javier Antonio Calle Serna, alias “Comba”, anterior líder de la banda.

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Armando fue capturado en Ecuador en 2012. En ese tiempo, las autoridades colombianas sospechaban que él manejaba las finanzas internacionales de Los Rastrojos, pero no pudieron juzgarlo por narcotráfico o lavado de dinero. En lugar de ello, recibió una pena de cinco años en la cárcel por fraude en documento y porte ilegal de armas. En la actualidad tiene otros dos casos pendientes, que incluyen acusaciones de crimen organizado, según informaron a El País fuentes de la Fiscalía General de la República.

Entretanto, los juicios contra Comba y el otro hermano de Armando, Luis Enrique Calle Serna, siguen avanzando en Estados Unidos. Comba y Luis Enrique se entregaron a las autoridades estadounidenses, cada uno por separado, en 2012.

Luis Enrique Calle Serna (izq.) y Comba (der.)

Análisis de InSight Crime

La liberación de Armando —mientras sus hermanos siguen en proceso en Estados Unidos— es una muestra de los problemas que plantean al sistema de justicia de Colombia las figuras criminales de alto perfil.

Pese a los miles de millones en ayuda de Estados Unidos para reforzar su policía y su ejército, los tribunales en Colombia siguen siendo relativamente ineficaces. Un estudio realizado en 2014 halló que sólo el 15 por ciento de los arrestados por la policía termina en la cárcel. Entretanto, los recurrentes escándalos de corrupción han tocado incluso a la Corte Constitucional de Colombia.

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Las autoridades colombianas son conscientes de estos problemas, como lo evidencia su amplia política de extradición de figuras del crimen organizado a Estados Unidos. Pero depender de Estados Unidos para enjuiciar a estas figuras no es una política sostenible a largo plazo, y es también un instrumento vulnerable al abuso.

En este caso en particular, es posible que Armando regrese a una organización criminal que ha tenido dificultades durante su ausencia. Para completar la rendición de Comba, la detención del fundador de los Rastrojos, Diego Pérez Henao, alias “Diego Rastrojo”, ha diezmado a los líderes del grupo.

En suma, parece que Los Rastrojos han demostrado ser menos capaces de soportar las pérdidas de sus cabecillas, en comparación con sus rivales Los Urabeños, que ahora dominan el negocio de la droga en Colombia. Esto es pese al hecho de que en cierto grado, tanto Los Rastrojos como Los Urabeños adoptaron una estructura más descentralizada en la dirección de sus empresas criminales.

Policía de Venezuela abalea a criminal colombiano en la frontera

La policía venezolana ha dado de baja a un exparamilitar colombiano acusado de cometer asesinatos y traficar drogas en la frontera colombo-venezolana, un hecho que el gobierno de Maduro podría utilizar como justificación para mantener cerrada la frontera.

El Tiempo informó que Walter Raúl Silva, alias “Carevieja”, fue abatido el 16 de enero por el Servicio de Investigación de la policía de Venezuela y funcionarios de inteligencia militar. Al parecer fue asesinado en el estado fronterizo de Táchira.

A través de Twitter, el gobernador de Táchira se refirió a Carevieja como el líder de una facción local del grupo criminal colombiano Los Rastrojos. Tanto Los Rastrojos, grupo criminal rival de Los Urabeños, como una facción disidente de estos últimos, se dedican a actividades delictivas, como el contrabando y el narcotráfico, a lo largo de la frontera entre Colombia y Venezuela.

Carevieja era requerido por cargos de extorsión, homicidio y narcotráfico, según escribió en Twitter el gobernador de Táchira. Según El Tiempo, Carevieja lideraba un grupo de 48 hombres armados y había logrado apoderarse de la mayor parte del territorio que alguna vez estuvo controlado por un comandante rival de Los Urabeños.

Walter Raúl Silva, alias “Carevieja”

Análisis de InSight Crime

Es significativo que Carevieja haya sido dado de baja durante una operación liderada por el Servicio de Investigaciones de la policía de Venezuela. Durante una investigación de campo en la región fronteriza colombo-venezolana a finales de 2015, InSight Crime descubrió que muchas de las organizaciones criminales colombianas se sienten más seguras en el lado venezolano de la frontera. Ello es quizá gracias a sus contactos dentro de la corrupta Guardia Nacional Bolivariana de Venezuela.

Venezuela cerró su frontera con Colombia en agosto de 2015, debido a temores relacionados con el contrabando y los grupos criminales violentos. Si bien se han hecho algunas excepciones para ciertos cruces de la frontera, el presidente Nicolás Maduro dijo la semana pasada ante el Congreso que la frontera permanecerá cerrada indefinidamente, hasta tanto no se restablezca el imperio de la ley en la región. Maduro culpó a “mil demonios” provenientes de Colombia, así como a “paramilitares” venezolanos, por la violencia y la delincuencia en la zona, informó AFP.

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La continua presencia de grupos criminales como el liderado por Carevieja puede utilizarse como justificación adicional para mantener cerrada la frontera entre Venezuela y Colombia. Cabe preguntarse si ello les ayudará a ambos países a abordar mejor el problema de la criminalidad a lo largo de la frontera, pues es dudoso que el cierre de fronteras realmente afecte el contrabando en el largo plazo. Cuando InSight Crime terminó su investigación de campo en la zona a finales de 2015, parecía que el contrabando entre Venezuela y Colombia se había desplazado de los cruces fronterizos cerrados. Dos de los principales pasos fronterizos para el contrabando —el puente entre la ciudad de Cúcuta, Colombia, y la ciudad de San Cristóbal, Venezuela, y otro puente en el municipio colombiano de Puerto Santander— al parecer se han visto afectados por el cierre de la frontera. Sin embargo, los contrabandistas se han trasladado a puntos más remotos para continuar sus operaciones de contrabando.

El ‘narcofantasma’ y los traficantes invisibles de Colombia

La historia de un narcotraficante colombiano que después de una extensa trayectoria criminal desapareció de los radares de las autoridades ilustra cómo algunos de los jefes más importantes del hampa pueden continuar operando sin ser detectados.

Según una investigación realizada por el portal de noticias Pacifista, Guillermo Camacho Acevedo, alias “Memo Fantasma”, es un importante narcotraficante que orquestó su desaparición para proteger los intereses de los líderes paramilitares, y es posible que siga operando en la actualidad.

Pacifista informó que Camacho comenzó su carrera en el narcotráfico como el enviado de una facción del Cartel de Medellín (la organización de Pablo Escobar) que manejaba la distribución al por mayor de cargamentos de cocaína en Nueva York. Cuando Escobar acusó de traición a los jefes de Camacho y los asesinó en 1992, éste se quedó con el último cargamento de cocaína que habían enviado, lo vendió y utilizó las ganancias para posicionarse como un operador independiente.

Camacho regresó a Colombia en 1996, donde forjó una alianza con una coalición paramilitar de derecha conocida como las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Según fuentes de Pacifista, trabajó con las AUC para expulsar a la guerrilla de zonas clave en la producción de drogas. Eventualmente Camacho se convertiría en una importante figura de la poderosa facción paramilitar Bloque Central Bolívar y ayudó a que se transformara en una de las unidades paramilitares más involucradas en el tráfico de drogas.

Pacifista recapitula la participación de Camacho en el primer proceso de desmovilización entre los líderes de las AUC y el gobierno colombiano. Sin embargo, en 2004 comenzaron a desaparecer todos los rastros de su participación en el proceso.

Según Pacifista, Camacho abandonó el proceso de paz para proteger secretamente los bienes y redes de tráfico de drogas de los líderes de las AUC, quienes habían acordado entregar sus ganancias ilícitas y desmantelar sus organizaciones como parte del acuerdo de paz.

Se cree que desde entonces Camacho pasó a ser el jefe de finanzas de Los Rastrojos, uno de los principales grupos criminales que surgieron tras la desmovilización de las AUC. Según fuentes de Pacifista, este cargo lo sigue ocupando en la actualidad.

Análisis de InSight Crime

La extraña historia de Memo Fantasma ilustra cómo la fallida desmovilización de las AUC permitió el surgimiento de una nueva generación de grupos narcoparamilitares —un hecho que podría tener serias implicaciones en las dinámicas actuales del hampa de Colombia—.

El fracaso en el desmantelamiento de las redes de tráfico de drogas establecidas por las AUC creó una nueva generación de grupos criminales como Los Rastrojos. Desde sus inicios, estos grupos fueron controlados por antiguos paramilitares que no se desmovilizaron o que retomaron las armas.

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Los Rastrojos surgieron como la más poderosa de dichas redes, llenando gran parte del vacío de poder dejado por el Bloque Central Bolívar. Si bien Los Rastrojos sufrieron un dramático declive a raíz de la rendición o captura de sus principales líderes, todavía hay algunas facciones locales que siguen activas. Su sobrevivencia podría estar relacionada con el apoyo de narcotraficantes como Camacho.

Sin embargo, es muy posible que Camacho no sea el único “narcofantasma” que opera desde las sombras. Se cree que algunos sectores clave del hampa de Colombia son comandados por una red denominada “los invisibles”, narcotraficantes de vieja data que han conseguido evadir la atención de las autoridades.