Presunto jefe de cartel de drogas en Honduras está bajo custodia estadounidense

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El presunto líder de uno de los grupos más grandes del narcotráfico en Honduras, Los Cachiros, está bajo custodia en Estados Unidos, lo que puede acarrear problemas para algunos políticos hondureños de alto rango y élites empresariales que tienen vínculos con el hampa en el país.

El 31 de enero, los medios de comunicación hondureños indicaron que Javier Eriberto Rivera Maradiaga, alias “Javier Cachiro”, al parecer se entregó a las autoridades en la embajada de Estados Unidos en Tegucigalpa a comienzos de la semana anterior. A raíz de los informes, una fuente del gobierno estadounidense le confirmó a InSight Crime que Rivera Maradiaga estaba bajo custodia en Estados Unidos.

Rivera Maradiaga compareció el 26 de enero ante la corte del Distrito Sur de Florida, donde se declaró no culpable de los cargos de narcotráfico. En diciembre de 2013, la corte de Florida había acusado a Rivera Maradiaga de distribuir, entre 2008 y 2013, una sustancia controlada clasificada  en la Lista II —incluyendo por lo menos cinco kilogramos de una sustancia que contenía cocaína—, que Maradiaga Rivera sabía que se pretendía ingresar ilegalmente a Estados Unidos. La acusación contra Rivera Maradiaga fue abierta tras su reciente arresto.

En septiembre de 2013, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos ubicó a Rivera Maradiaga, junto a su hermano Devis Leonel Rivera Maradiaga, como cabezas de los miembros de Los Cachiros (vea imagen). Posteriormente, las autoridades hondureñas incautaron entre US$500 y US$800 millones en propiedades pertenecientes a Los Cachiros.

Ubicados en el departamento de Colón, al noreste del país, Los Cachiros, que tienen un patrimonio neto cercano a los mil millones de dólares, presuntamente compran cocaína a grupos narcotraficantes colombianos para luego venderla a grupos mexicanos, como el Cartel de Sinaloa.

honduras los cachiros webAnálisis de InSight Crime

Ahora que Rivera Maradiaga está bajo custodia estadounidense, probablemente cooperará con las autoridades del país, proporcionándoles información sobre otros criminales a cambio de una pena de prisión menor u otros beneficios. Esto quizá asuste a algunas élites políticas y empresariales de Honduras, dadas las excelentes conexiones que al parecer Los Cachiros tienen dentro de los altos círculos de la sociedad hondureña. Además de presuntamente ser dueños de un equipo de fútbol en Colón, Los Cachiros tienen un negocio de minería y contactos políticos a nivel local y nacional.

Sus conexiones con las altas esferas son quizá una buena razón por la que las autoridades hondureñas se han mostrado poco dispuestas a perseguir a Los Cachiros, pese a las presiones de Estados Unidos. Llama la atención que en el arresto de Rivera Maradiaga —la primera captura de un líder de Los Cachiros— parece que no hubo participación de las autoridades hondureñas.

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Si, como parte de un posible acuerdo, Rivera Maradiaga describe los vínculos entre el crimen organizado y miembros importantes del poder hondureño, esto pondría a Estados Unidos en una incómoda posición diplomática. Estados Unidos ha trabajado estrechamente con el gobierno de Honduras para mejorar la situación de seguridad en el país, que se encuentra entre los más violentos de Latinoamérica. El embajador estadounidense en Honduras aplaudió recientemente el progreso del país en la reducción de la cantidad de drogas que pasa por Honduras, gracias al apoyo de Estados Unidos. Además, el año pasado las autoridades estadounidenses llevaron a cabo operaciones conjuntas con fuerzas de seguridad hondureñas para capturar a varios narcotraficantes de alto perfil.

Cualquier participación de funcionarios importantes de Honduras en actos delincuenciales obligaría a Estados Unidos a reevaluar sus programas de ayuda a Honduras en materia de seguridad, o a llegar a acuerdos con presuntos delincuentes con el fin de favorecer los intereses estadounidenses.

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La relativa indiferencia mostrada por las autoridades hondureñas para capturar a Los Cachiros contrasta con el reciente desmantelamiento de otra familia de narcotraficantes: los Valle Valle. En los últimos seis meses, el clan Valle pasó de ser el más grande grupo hondureño de “transportistas” (término que hace referencia a su papel en el transporte y la protección de cargamentos de droga de otros carteles), a tener sus tres dirigentes principales detenidos y extraditados a Estados Unidos. Aún no es claro si la detención de Rivera Maradiaga es el comienzo de una caída vertiginosa similar de Los Cachiros.

Con Maradiaga Rivera y los cabecillas de los Valle Valle bajo custodia en Estados Unidos, las autoridades probablemente van a entender mucho mejor cómo funcionan las redes narcotraficantes hondureñas en comparación con el conocimiento que tenían por esta misma época el año pasado. Esto es una gran ayuda para los funcionarios de Estados Unidos en su lucha permanente por combatir el narcotráfico transnacional, pero podría generar preocupación entre las élites hondureñas que tienen conexiones discretas con estos grupos criminales.

Cerrando un capítulo, Honduras extradita a los hermanos Valle a Estados Unidos

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Dos líderes de la infame familia Valle Valle se encuentran ahora bajo custodia de Estados Unidos, quienes fueron extraditados desde Honduras un poco más de dos meses después de su captura. La pregunta ahora es ¿qué pasa con los otros traficantes de alto nivel que siguen en libertad?.

El 18 de diciembre, los hermanos Miguel y Luis Arnulfo Alonso Valle Valle fueron trasladados a Estados Unidos y estuvieron detenidos en Virginia, informó Tiempo. Los fiscales en el Distrito Sur de Florida esperan a los hermanos -los líderes de un clan que alguna vez fue el responsable de mover más de 10 toneladas de cocaína al mes a través de este país -quienes enfrentan cargos de tráfico de sustancias ilícitas hacia Estados Unidos.

Los hermanos fueron capturados en el departamento de Copán, ubicado en la frontera occidental del país, en una operación conjunta entre las fuerzas especiales de Honduras, la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) y las autoridades guatemaltecas.

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La Corte Suprema de Justicia de Honduras indicó que José Inocente Valle Valle, el tercer hermano del clan de drogas que también fue capturado a principios de octubre, será extraditado en 2015, informó La Prensa.

Con la extradición de los hermanos Valle, ya son cuatro los hondureños que han sido enviados a Estados Unidos por cargos de narcotráfico este año. Los otros fueron Carlos “El Negro” Lobo en mayo y Juving Alexander Suazo Peralta en octubre.

Análisis de InSight Crime

La extradición de los hermanos Valle cierra el capítulo de un grupo que hace seis meses estaba en la cima de la cadena criminal en Honduras. Sin embargo, el giro radical entre la captura y la extradición de los hermanos Valle también plantea una pregunta: ¿por qué el gobierno no ha capturado a otros traficantes de alto nivel como José Miguel “Chepe” Handal de los Cachiros y Alexander Ardón?

La respuesta puede ser simple: no hay cargos conocidos contra ninguno de ellos en Estados Unidos u Honduras.

La noción es increíble cuando se contrasta con los perfiles de los traficantes. Los Cachiros, que es el apodo del clan Rivera Maradiaga, fueron agregados a la lista de capos (Kingpin List) de Estados Unidos hace más de un año por el Tesoro de Estados Unidos y tenían un estimado de US$500 millones en activos que fueron incautados en septiembre de 2013. En su apogeo, se creía que el grupo movía al mes entre 5 y 10 toneladas de cocaína a través de Honduras.

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“Chepe Handal” fue puesto en la lista de capos en abril de 2013 por dirigir un grupo de transporte similar al de los Cachiros. El exalcalde de El Paraíso, Copán, Alexander Ardón –quien se cree que es el homónimo del “Cartel de Alex”, que al parecer tenía fuertes vínculos con los Valle- es considerado un gran traficante y un importante aliado del Cartel de Sinaloa.

Por supuesto, hay una fuerte creencia de que Estados Unidos se está preparando para presentar cargos en contra de estas figuras criminales o ha cerrado las acusaciones relacionadas con ellos. Entre tanto, sólo hay preguntas y las fuerzas de seguridad se encuentran a la espera de recibir órdenes.

Casi la mitad de los traficantes hondureños buscados por Estados Unidos han sido capturados

Ocho de los 19 narcotraficantes buscados por Estados Unidos han sido capturados, un avance significativo en un país tan afligido por la violencia relacionada con las drogas y la inseguridad. Sin embargo, no es probable que Honduras haya conseguido este progreso sin la presión de Estados Unidos.

Como informó El Heraldo, dos sospechosos de tráfico de drogas ya han sido extraditados a Estados Unidos: Carlos Arnoldo Lobo alias “El Negro”, extraditado en mayo, y Francisco Javier Zelaya, un presunto “blanqueador” de dinero capturado en México y extraditado en julio de 2013.

Otra captura clave fue la de Digna Azucena Valle Valle, arrestada en Florida en julio de este año y acusada de trabajar para la organización narcotraficante de los Valle.

Cinco sospechosos permanecen bajo custodia en Honduras, mientras se procesa su pedido de extradición. Tres de estos son hermanos de la red de los Valle, José Inocente, Luis Alonso y Miguel Arnulfo, capturados en un lapso de pocos días, además de la esposa de José Inocente. Otro sospechoso bajo custodia, Juving Alexander Suazo Peralta, es un presunto miembro de la red de El Negro Lobo.

En otra operación conjunta con Estados Unidos, el 7 de octubre, las fuerzas hondureñas capturaron a un hombre que según las mismas es la cabeza de una organización narcotraficante que opera en el norte de Tegucigalpa, informó El Heraldo. El detenido, Héctor Fernández Rosa, también es pedido en extradición por Estados Unidos.

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Las autoridades de Estados Unidos tienen a 11 narcotraficantes hondureños más en su lista. Entre estos, siente presuntos miembros de la organización narcotraficante de los Cachiros, la cual fue añadida a la lista negra de Estados Unidos el año pasado. José Handal Pérez alias “Chepe” –quien se lanzó al Congreso en 2013 y fue añadido a la lista de capos (Kingpin list) de Estados Unidos en abril de ese año– su padre y su esposa, también son buscados. Un cuarto hermano de los Valle, José Reyneiro, también permanece en libertad.

Análisis de InSight Crime

El hecho de que cerca de la mitad de los narcotraficantes hondureños buscados por Estados Unidos hayan sido capturados es un avance en un país que se ha convertido en un foco para el crimen organizado y el tráfico de drogas. Aún más, casi todos los arrestos han tomado lugar desde que el presidente Juan Orlando Hernández asumió la presidencia del país a principios de 2014.

Sin embargo, cabe notar que el apoyo de Estados Unidos ha jugado un importante papel en varias de estas capturas. De ser cierto que Honduras se está apoyando fuertemente en Estados Unidos para hacer el trabajo, la verdadera cuestión es si el gobierno hondureño está cerca de conseguir la capacidad necesaria para combatir de manera efectiva el crimen organizado en caso de que Estados Unidos comience a retirar su apoyo.

Ha habido otras señales prometedoras de que las cosas están mejorando en Honduras. El gobierno ha incautado exitosamente docenas de lujosas propiedades que solían pertenecer a traficantes, al tiempo que las autoridades se continúan ufanado de un incremento en las incautaciones de cocaína. Más recientemente, Honduras se convirtió en la primera nación en firmar un acuerdo de cooperación con Transparencia Internacional, comprometiéndose a aumentar los esfuerzos del gobierno por combatir la corrupción.

Un arresto en Florida podría generar problemas en Honduras

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El reciente arresto en Florida de la integrante de una presunta familia narcotraficante hondureña es otra sutil muestra de que en Honduras está sucediendo un cambio de guardia.

Digna Valle Valle fue arrestada el 20 de julio y actualmente se encuentra detenida en una prisión en Fort Lauderdale, señalaron a InSight Crime las autoridades federales de Estados Unidos.

Los abogados de Valle en Estados Unidos no respondieron a ninguna pregunta relacionada con las circunstancias del arresto, pero una acusación de diciembre de 2013, que fue desclasificada justo después de su captura, indica que entre 2009 y noviembre de 2013, Valle y sus hermanos Miguel Arnulfo y Luis Alfonso Valle Valle, junto con otro hombre identificado como Gerson Stanley Ortega Valle, conspiraron ilegalmente para traficar cocaína desde o a través de Colombia, Guatemala y México hacia Estados Unidos.

VEA TAMBIÉN: Perfil de la familia Valle

La detención todavía no ha sido reportada en la prensa hondureña, a pesar de que la familia Valle ha sido identificada por los investigadores locales y extranjeros como una de las más grandes organizaciones de transporte de drogas del país. Las autoridades estadounidenses no hicieron comentarios acerca de la detención o sobre el caso pendiente contra Digna Valle, cuyo juicio comenzará el 8 de septiembre.

Pero los investigadores, que hablaron bajo la condición de anonimato, afirmaron que Valle es una parte importante de la organización y era la encargada de coordinar envíos de cocaína hacia el norte y de transferir el dinero hacia el sur.

Análisis de InSight Crime

Se cree que la familia Valle está fuertemente relacionada con el tráfico de cocaína, por lo que si otros operadores de la familia son expulsados ??del juego, los cambios podrían generar todavía más caos en el hampa de Honduras.

Las estimaciones varían pero se cree que el grupo trasportaba a través de Honduras entre 5 y 20 toneladas de cocaína al mes. Suponiendo que cobraran al menos US$1.500 por cada kilo que fuera movido a través de su territorio, los envíos le producirían a la organización ganancias netas de hasta US$360 millones anuales, un vasto cofre de guerra que los convertiría en una de las organizaciones más poderosas de Centroamérica.

La familia Valle ha crecido en tamaño desde el año pasado, cuando el Departamento del Tesoro de Estados Unidos dirigió sus esfuerzos contra otra importante familia transportadora de Honduras, la familia Rivera Maradiaga. Mejor conocida como los “Cachiros”, la familia Rivera Maradiaga opera desde la costa noreste del país, mientras que la familia Valle opera desde Copán, al occidente del país, a lo largo de la frontera con Guatemala. Se cree que ambas familias trabajan sobre todo para el Cartel de Sinaloa de México, aunque es posible que también sean proveedores de otros grandes grupos criminales. Por ejemplo, los Cachiros han sido vinculados con los Rastrojos de Colombia.

En septiembre de 2013 las autoridades de Honduras confiscaron numerosas propiedades, empresas y cuentas bancarias que presuntamente pertenecían a la Cachiros. Pero actualmente no se conocen cargos contra nadie de la familia Rivera Maradiaga, ni en Honduras ni en Estados Unidos.

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Sin embargo, no puede decirse lo mismo de la familia Valle, ya que sobre ellos pesa una acusación en Estados Unidos. La captura de Digna podría ser señal de que la soga se está apretando alrededor de uno de los grupos transportadores más importantes de la región.

Además, el arresto de Digna se produjo apenas días antes de la confiscación de al menos una docena de propiedades pertenecientes a la familia Matta Ballesteros. El patrón de la familia, Juan Ramón Matta Ballesteros, es un legendario traficante de drogas hondureño cuya organización se convirtió en un puente entre los narcotraficantes colombianos y mexicanos.

Antes de ser capturado y sacado de Honduras por agentes estadounidenses en 1988, y después de haber sido arrestado formalmente por haber ayudado en el asesinato de un agente de la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) en México en 1985, Matta Ballesteros había adquirido grandes extensiones de tierra y creado numerosas empresas en Honduras, sobre todo en el departamento de Olancho.

Al parecer, fueron algunas de estas propiedades las que el gobierno confiscó. Sin embargo, Juan Ramón Matta Ballesteros Waldurraga, el hijo Matta Ballesteros, respondió a las acciones cuestionando la “moral” del gobierno, y aseguró que algunas de las propiedades fueron heredadas de sus abuelos y que algunas fueron adquiridas en 2009 y 2010, mucho después de lo que él llama el “secuestro” de su padre por las autoridades estadounidenses.

“Si ellos se quieren robar los inmuebles, que se los roben”, fue citado en La Tribuna.

Ha habido rumores persistentes acerca de la continua participación de la familia Matta Ballesteros en el tráfico de drogas, aunque ésta es la primera acción conocida que el gobierno de Honduras ha tomado en contra de la familia o de sus propiedades.

Todavía no se conocen cargos contra algún miembro de alguna de estas prominentes familias del hampa hondureña. Pero teniendo en cuenta las recientes acciones contra la familia Valle, existen todas las razones para creer que los miembros de las familias Matta Ballesteros y Rivera Maradiaga muy pronto podrían enfrentarse a acusaciones en Estados Unidos.

Las acciones en contra de las familias Valle y Matta Ballesteros también podrían significar que el gobierno de Juan Orlando Hernández está dando vuelta a la página en su lucha contra las grandes organizaciones criminales transnacionales (OCT). Se cree que las OCTs están detrás de gran parte de la violencia que hace de Honduras uno de los países más homicidas del mundo. Hernández ya se ha distinguido con la extradición del primer presunto criminal de Honduras en un siglo, y el mes pasado las autoridades arrestaron y acusaron a un alcalde por dirigir su propia organización criminal.

Sin embargo, la administración de Hernández tiene que ser consciente de que sacar a estos importantes jugadores podría alterar el hampa, provocando como mínimo un aumento a corto plazo en la violencia, como se ha visto en lugares como México. De hecho, esto parece estar ocurriendo ya en San Pedro Sula, donde una lucha entre organizaciones criminales ha dejado decenas de muertos durante los últimos meses, muchos de ellos mexicanos.

Si el gobierno de Honduras continúa su incursión en el territorio hasta ahora inexplorado de la confiscación de propiedades de presuntos traficantes, mientras Estados Unidos prepara cargos en su contra, se puede esperar que el caos continúe y que tal vez empeore en las áreas sensibles como San Pedro Sula.

Cómo un buen equipo de fútbol da a los criminales el espacio para operar

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Los equipos locales de fútbol dan a los grupos criminales, en los países del Triángulo Norte de Centroamérica, la capacidad para lavar las ganancias, evadir impuestos y acumular suficiente capital político y social para evitar el escrutinio.

Estas organizaciones centran sus operaciones criminales en pequeños municipios de Guatemala, El Salvador y Honduras, pero son traficantes internacionales. Los equipos de fútbol forman parte de su vasto portafolio económico, y les proporcionan apoyo local en sus áreas de operación, que utilizan para ampliar sus relaciones comerciales y políticas, y proteger sus intereses legales e ilegales.

(vea la respuesta al artículo de uno de los patrocinadores del equipo.)

Parte de esta protección viene del hecho de que las fortunas de estas franquicias del fútbol aumentan con el crimen organizado al mando. En Guatemala, por ejemplo, los Jaguares de Heredia, en el departamento de Petén -que es propiedad del clan Mendoza, una tristemente célebre familia que ha hecho su fortuna a través del contrabando, el tráfico de drogas y la corrupción del gobierno- ha estado prácticamente invicto desde 2010.

En honor a la Copa Mundial, InSight Crime relata cómo se entrelazan el fútbol y el crimen organizado. Vea otras historias aquí.

En El Salvador, el club Isidro Metapán, de la ciudad del mismo nombre, ha ganado ocho títulos en los últimos siete años. Su presidente, Wilfredo Guerra Umaña, es el hijo de Juan Umaña Samayoa, alcalde de Metapán. Su socio Adán Salazar, alias “Chepe Diablo“, es el jefe del Cartel de Texis, según el Ministerio de Seguridad.

Y en Honduras, Real Sociedad de Tocoa, del departamento de Colón, al parecer es propiedad de la familia Rivera Maradiaga, también conocida como los Cachiros. Las autoridades hondureñas y estadounidenses dicen que los Cachiros son uno de los grupos criminales más poderosos en Honduras, moviendo cocaína y otras sustancias ilegales para los grupos criminales más grandes de México.

VEA TAMBIÉN: Perfil de los Cachiros

Estados Unidos está presionando al gobierno hondureño para capturar y extraditar a los líderes del grupo, pero si los aficionados locales al fútbol tienen algo que decir acerca de esta persecución, puede ser difícil de vender. Después de llegar a la primera división en 2012, Real Sociedad de Tocoa llegó a las finales del campeonato en dos años consecutivos.

Las razones por las cuales los grupos criminales invierten en los equipos de fútbol locales son numerosas. Para empezar, los equipos de fútbol les dan una forma de lavar dinero. Hay pocas regulaciones con respecto a los equipos. Los propietarios pueden invertir en la infraestructura que quieran.

Plaza Pública informó que el alcalde del municipio de San Juan (en el departamento de Petén), Julián Tesucún, gastó cerca de US$2 millones en el estadio de los Jaguares, una pequeña fortuna en esa parte del mundo. No se sabe cuánto dinero pusieron los Mendoza para la construcción, pero Tesucún lo bautizó el estadio “Milton Mendoza Oswaldo Mendoza Matta”. (Su nombre oficial es el estadio “Julian Tesucún y Tesucún”.)

“[Mendoza], ha contribuido al desarrollo del deporte en el municipio”, la página de Internet del municipio informó en ese momento, según Plaza Pública.

El acuerdo del estadio ayudó a Tesucún a reafirmar su relación con la familia Mendoza, que Plaza Pública sugiere que llevó a la familia Mendoza a contribuir a su campaña política para el Congreso en 2011. Tesucún ganó un escaño en el Congreso ese año.

Los equipos de fútbol también pueden falsificar contratos con los empleados y los jugadores, dicen los investigadores. Se pueden montar “amistosos” con otros equipos por dinero. Pueden redactar documentos mostrando que los ingresos no existen, ya que hay poca regulación. Y pueden evadir impuestos.

En abril, las autoridades salvadoreñas acusaron a presuntos miembros del Cartel de Texis de evasión de impuestos. Aunque el club Isidro Metapán no fue mencionado como parte de esa investigación, La Prensa Gráfica planteó interrogantes acerca de la capacidad de los propietarios para hacer donaciones deducibles de impuestos para el club.

VEA TAMBIÉN: Perfil del Cartel de Texis

Estas “donaciones” se realizan a través de otra empresa que maneja grandes transacciones de dinero en efectivo, el complejo de arroz y granero que el grupo maneja, y resultan en un anuncio de publicidad en las camisetas del equipo (vea foto abajo).

el salvador metapan arroz san pedro

(Los dueños del club estaban tan enojados con la cobertura de La Prensa Gráfica, que negaron la entrada al estadio a sus periodistas después de la publicación del artículo sobre la evasión fiscal y el club.)

La naturaleza interconectada de estos negocios ilustra un aspecto importante del comercio de lavado de dinero: el movimiento de dinero entre las empresas del mismo conglomerado, contribuye a enmascarar las ganancias y a camuflar las actividades ilícitas.

Los clubes de fútbol también ayudan a forjar alianzas con empresas y políticos legítimos. En Honduras, Real Sociedad de Tocoa es patrocinado por uno de los bancos más prominentes del país, Banco Continental, así como por un popular zoológico que es propiedad de la familia Rivera Maradiaga, el cual fue intervenido por el gobierno el año pasado, como parte de la investigación sobre el grupo.

Los Cachiros también tienen un negocio de minería, palma africana y ranchos ganaderos. Al igual que los Mendoza, se entrecruzan con políticos locales y nacionales, de diversos partidos políticos, dijeron a InSight Crime los investigadores del gobierno.

A pesar de la conexión abierta entre el crimen organizado y el fútbol, no existen investigaciones sobre las finanzas de estos clubes, el movimiento de los jugadores, o el desarrollo de la infraestructura.

En esencia, el fútbol es intocable, especialmente cuando se refiere a un ganador permanente. El éxito de los clubes también da poder a estos dudosos grupos económicos en los municipios en los que operan. Empresarios y políticos quieren ser asociados con un ganador, incluso si ese ganador está en la lista de extraditables de Estados Unidos.

En honor a la Copa Mundial, InSight Crime relata cómo se entrelazan el fútbol y el crimen organizado. Vea otras historias aquí.

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Jaime Rosenthal, presidente del Banco Continental en Honduras, responde:

Estimado Sr. Dudley:

Hemos leído en InSight Crime el artículo que publicó con el título “Cómo un buen equipo de fútbol da a los criminales el espacio para operar”.

Creemos que su publicación, además de ser incorrecta, hace afirmaciones peligrosas que no son ciertas.

En Honduras los equipos de fútbol no son empresas y no tienen accionistas; y los equipos de fútbol no generan ningún beneficio, sólo pérdidas.

El fútbol es una pasión en nuestro país, la gente está interesada en el fútbol y en la política, pero la gente no va a los estadios porque no tiene suficiente dinero para pagar la entrada.

Los equipos de fútbol viven de las donaciones de los directores y de los patrocinios de las empresas que ponen su logotipo en los uniformes con fines publicitarios.

El otro ingreso importante de los equipos de fútbol son los derechos de televisión para transmitir los juegos, todo el mundo ve los partidos por televisión. Tenemos una estación de televisión, Canal 11, y hemos crecido mucho porque compramos los derechos para transmitir los juegos de 4 de los 10 equipos de la Liga Nacional de Fútbol Profesional. También tenemos un canal deportivo, el único en Honduras.

Del país no se originan muchos programas en vivo, con la excepción de noticias y fútbol. De los 10 equipos de la liga profesional, uno de ellos no transmite sus partidos por televisión con el fin de que la gente vaya al estadio. Uno de ellos transmite por otras dos estaciones de televisión del país, que cuenta con 4 equipos. Nuestra estación de televisión tiene 4 equipos también. No hay manera de que podamos esconder o lavar dinero con este negocio.

Todos los patrocinadores que ponen su logo en los uniformes son grandes empresas, y dado que las estaciones de televisión transmiten todos los juegos, poner el logo en los uniformes es una forma muy importante y económica de publicidad porque llega a una gran cantidad de espectadores

Los diferentes equipos de la Liga Profesional tratan de vender los espacios publicitarios que tienen disponibles en sus uniformes tanto como pueden, porque eso produce ingresos para poder pagar a los jugadores. Los buenos jugadores de Honduras que actualmente se encuentran en la Copa Mundial, son propiedad de clubes de fútbol extranjeros, como la liga de fútbol de Estados Unidos, y clubes de Europa o China.

Esta es la primera vez que alguien ha mencionado la posibilidad de que el fútbol pueda ser utilizado para el lavado de dinero, para evitar pagar impuestos o para otras actividades ilegales, la mayoría de los clubes en Honduras son apoyados por importantes empresas de diferentes sectores, cuyos propietarios o directores quieren promover el fútbol y se dan cuenta de que poner publicidad en los uniformes es un buen negocio.

Los clubes de fútbol venden espacio para logos en las diferentes partes del uniforme tantas veces como les sea posible. No elegimos a los otros anunciantes en los uniformes de ningún equipo.

Anunciamos en los siguientes clubes: Marathon, que es nuestro equipo, Vida, en La Ceiba, la Real Sociedad, en Tocoa, y Deportes Savio, en Santa Rosa de Copán.

Ciertamente su artículo ha dañado nuestra imagen y nos está causando problemas. Nuestro negocio ha estado en Honduras desde hace más de 100 años. Fue iniciado por unos ciudadanos americanos, la familia Barrett de Nueva Orleans, mi padre vino de Europa y entró en el negocio en 1929, los Barrett no tuvieron hijos, y por lo tanto, compramos la participación y ampliamos el negocio en muchas áreas diferentes, que actualmente son un conglomerado. Hemos emitido estados financieros por más de 35 años y podemos probar el origen de cada centavo que tenemos.

Creemos que usted debería investigar y hacer su tarea antes de publicar un artículo que daña la reputación de otras personas.

Muy atentamente,

Jaime Rosenthal Oliva

presidente

Banco Continental, SA

Honduras, Centroamérica

Los Cachiros

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Los Cachiros fueron uno de los grupos transportistas más grandes de Honduras, que llegaron a acumular un patrimonio neto de casi mil millones de dólares. El grupo estaba conformado por una familia de antiguos ladrones de ganado y se convirtió en un jugador importante en el comercio de cocaína entre organizaciones colombianas y mexicanas.

Se cree que el grupo compraba las drogas a organizaciones colombianas, posiblemente en Nicaragua, así como en su natal Honduras. Luego pasaban la cocaína al Cartel de Sinaloa y a otros grupos mexicanos. Los Cachiros tenían grandes intereses empresariales y políticos, que se extendían hasta la élite hondureña. Tenían contactos importantes en el ejército y en la policía, particularmente en el departamento de Colón, el bastión del grupo.

El gobierno de Honduras ignoró al grupo criminal hasta hace poco. Sin embargo, recientemente el gobierno de Estados Unidos comenzó a mostrar un especial interés en Los Cachiros, atacando los activos del grupo. En septiembre 2013 ejerció fuerte presión sobre el gobierno hondureño para que confiscara entre US$500 millones y US$800 millones en propiedades de la familia. Presuntamente a través de un acuerdo negociado con la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA por sus iniciales en inglés), dos de los líderes de esta organización se entregaron a las autoridades estadounidenses en enero del 2015, dejando a la organización frente a un futuro incierto.

Historia

Operando a lo largo de la frontera entre Olancho y Colón, los hermanos Rivera Maradiaga, al parecer con la bendición de su padre, empezaron a robar y a revender ganado. Sus propiedades se expandieron con el tiempo y en algún punto a finales de los años noventa y principios del nuevo siglo se unieron a la figura más importante del hampa de la zona, Jorge Aníbal Echeverría Ramos, alias “El Coque”.

El Coque estaba bien posicionado, tanto económica como políticamente. Salía con Margarita, una de las hijas del entonces congresista Ramón Lobo. Así mismo, Javier, el mayor de los Rivera Maradiaga, salía con la hermana de El Coque. Por su parte, Ramón Lobo es propietario de varios terrenos en la región, aunque aún no ha sido vinculado formalmente con actividades criminales.

Eventualmente El Coque sería capturado y deportado a Honduras, donde fue encarcelado y asesinado tres días después.

Con Coque fuera del camino, Los Cachiros quedaron a cargo y Javier dirigiría las operaciones. Comenzaron a manejar envíos regulares, desde la región de Gracias a Dios hasta el occidente de Honduras o Guatemala, donde entregaban la mercancía a compradores mexicanos o a sus contrapartes guatemaltecas.

El momento era propicio, Honduras estaba pasando por un periodo de agitación política cuando el presidente Manuel Zelaya fue removido del poder por los militares y expulsado del país en 2009. El gobierno provisional que se instauró pasó la mayor parte de su tiempo lidiando con la inestabilidad política resultante. Las drogas comenzaron a fluir libremente y Honduras se convirtió en un importante puente entre las organizaciones narcotraficantes colombianas y mexicanas.

Los Cachiros aprovecharon esta situación y comenzaron a cobrar entre US$2.000 y US$2.500 por cada kilo que movían. Así mismo, este grupo tomó el control de varias rutas aéreas: un alto miembro del Departamento del Tesoro estadounidense afirmó que el grupo controlaba el 90 por ciento de las pistas de aterrizaje clandestinas en Honduras. Las ganancias eran enormes, como lo ilustran las incautaciones realizadas por el gobierno de Honduras en 2013.

Los cabecillas de Los Cachiros se encuentran actualmente bajo la custodia de las autoridades estadounidenses. Durante su juicio en Nueva York, Devis Leonel Rivera Maradiaga, aceptó su participación en el asesinato de 78 personas de los cuales se destacan el zar antidrogas, Julián Arístides Gonzáles, el exasesor de Seguridad Nacional, Alfredo Landaverde y el periodista Aníbal Barrow. Adicionalmente, su declaración involucra a miembros de la élite política y económica en actividades de narcotráfico y sobornos. Entre los implicados están el fallecido magnate hondureño, Mauricio Facussé, el hermano del presidente actual de Honduras, Antonio Hernández y el expresidente Porfirio Lobo y su hijo Fabio.

Liderazgo

Los Cachiros fueron un clan familiar que contrataba locales, con quienes tenían poca relación y contacto, lo que minimizaba el riesgo si alguno de ellos se veía comprometido con las autoridades.

Javier Eriberto Rivera Maradiaga, alias “Javier Cachiro” y su hermano Devis Leonel Rivera Maradiaga son los presuntos líderes del grupo. Por temor a ser asesinados, ambos hermanos se entregaron a la DEA en enero de 2015. Javier Rivera se declaró inocente de cargos de tráfico de drogas en Febrero de ese año.

Geografía

El grupo operaba en el departamento de Colón, en la costa noroeste de Honduras. Su territorio se extiendía al oriente hasta Gracias a Dios, al sur hasta Olancho y al occidente hasta San Pedro Sula, el centro criminal de la región.

El grupo también tenía operadores en Nicaragua, donde sus contratistas recibían y transportaban drogas desde Costa Mosquitos hasta Gracias a Dios y Colón, donde son dividas en cargamentos más pequeños y movidas a través del país.

Aliados y enemigos

Según informes, Los Cachiros enviaban cocaína y otras drogas al Cartel de Sinaloa en México y se piensa que esta organización también tenía vínculos con la organización criminal colombiana Los Rastrojos.

El grupo utilizaba pandillas para transportar algunas drogas, que eran movidas en motocicletas para evitar los controles militares mediante el uso de carreteras secundarias.

Perspectivas

El imperio de Los Cachiros como grupo especializado en el transporte de drogas podría haber terminado con el encarcelamiento de sus líderes en Estados Unidos. La cooperación de los hermanos con la justicia estadounidense ha revelado su penetración en la esfera de alto nivel del gobierno. Si estas acusaciones resultan ser ciertas, la profunda conexión entre el crimen organizado y las élites del país quedaría expuesta. Un hecho que pone en evidencia como la complicidad entre quienes sustentan el poder político y quienes se mueven en el mundo del hampa pueden lucrarse enormemente de las economías ilegales.

Cachiros sabían de la operación de la Policía de Honduras: Funcionario

Las autoridades hondureñas anunciaron que 71 cuentas bancarias confiscadas a los Cachiros estaban vacías; una señal de cómo la corrupción institucional podría perjudicar las medidas en contra de la organización narcotraficante con buenas conexiones.

El Director de la Oficina Administradora de Bienes Incautados (OABI), Humberto Palacios Moya, confirmó que las cuentas habían sido vaciadas y que bienes muebles, tales como automóviles y maquinaria, habían sido retirados de las propiedades antes de que fueran confiscados. Palacios dijo que el evidente aviso previo que el grupo tuvo de la operación en contra de ellos sugiere que hubo una filtración dentro de la policía, informó La Prensa.

El mes pasado, las autoridades hondureñas, con una fuerte ayuda (e insistencia) de las autoridades estadounidenses, confiscaron un estimado de US$800 millones en bienes y activos de los Cachiros como parte de la “Operación Neptuno”. El jefe de policía Juan Carlos “El Tigre” Bonilla declaró que las autoridades buscan “quitarle el agua de los peces y luego ir contra ellos”. Y las autoridades estadounidenses hicieron declaraciones audaces de que esto era sólo el comienzo.

No obstante, todavía no se ha dado ningún arresto y, según El Heraldo, un hombre que alquilaba una de las propiedades confiscadas fue advertido un mes antes de que las autoridades iban a reclamar la propiedad.

Análisis de InSight Crime

La capacidad de los Cachiros para infiltrarse en la operación contra ellos no es una sorpresa. El grupo es uno de los más poderosos de Honduras y la policía hondureña sufre de corrupción endémica. El mismo Bonilla ha estado vinculado a la corrupción y a escuadrones de la muerte.

Sin embargo, la policía es también un chivo expiatorio fácil. Se sabe que los Cachiros tienen conexiones en las altas esferas de la sociedad y la política hondureña, por lo que son actores poderosos con un gran interés en la continuidad de su inmunidad, entre ellos los dueños de los bancos, que representan a algunos de los ricos de la élite hondureña.

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Esto está respaldado por el hecho de que la filtración se hizo al parecer al menos un mes antes de la histórica operación. La filtración es aún más preocupante dado el pequeño círculo con el que el Tesoro de Estados Unidos, que ayudó a supervisar la investigación, está trabajando. La evidencia sugiere que se trataba de alguien involucrado en, o conectado a, los responsables de la planificación de la operación.

Estados Unidos presiona a Honduras para que aplique mano dura contra los Cachiros

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Las autoridades de Estados Unidos, con la ayuda del gobierno Honduras, han tomado medidas enérgicas contra una de las principales organizaciones de transporte de drogas de Honduras, los Cachiros, confiscando propiedades y empresas; y en el proceso pintando un cuadro de un grupo cuyo alcance podría extenderse hasta la élite política de Honduras, y posiblemente también hacia la económica.

La policía y el ejército de Honduras han identificado para confiscar, 61 propiedades, 4 establecimientos comerciales y 24 vehículos en dos departamentos (provincias), así como 64 cuentas bancarias en dólares y lempiras para congelar, por orden del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, informó La Prensa.

El Tesoro de Estados Unidos estima el valor de los activos en US$ 500 millones, señaló el periódico.

En un comunicado, el Tesoro dijo que los Cachiros están liderados por Javier y Leonel Rivera Maradiaga, y sus miembros incluyen a su padre, Santos Isidro Rivera Cardona; madre, Esperanza Caridad Maradiaga López; hermana, Maira Lizeth Rivera Maradiaga; y su hermano, Santos Isidro Rivera Maradiaga. Ellos no enfrentan cargos en Honduras ni se ha emitido una acusación formal en su contra en Estados Unidos.

A diferencia de su comunicado del 1 de julio, en el que nombra al grupo como “narcotraficantes especialmente designados” sin dar detalles, en esta ocasión el Tesoro señalo a varias empresas que el grupo controla, entre ellas una operación minera, un rancho de ganado, un procesador de aceite de palma africana y un zoológico.

Una fuente anónima del Tesoro dijo a El Heraldo que había “docenas” de empresas y apoderados lavando dinero para la organización.

El dinero proviene del lucrativo negocio de narcotráfico del grupo, detallado por el Tesoro en su declaración.

“Los Cachiros coordinan el movimiento de las drogas desde y hacia Honduras para las organizaciones narcotraficantes colombianas y mexicanas, entre ellas el Cartel de Sinaloa”, dijo el Tesoro. “Los Cachiros emplean medios de transporte por tierra, aire y mar para sus movimientos de drogas y sus actividades han sido vinculadas a las incautaciones de cocaína en Centroamérica. Se informa que los Cachiros controlan el 90 por ciento de las pistas clandestinas en Honduras, y usan estas pistas para facilitar la entrada de las drogas a Honduras y Guatemala”.

Análisis de InSight Crime

Si se mira el organigrama provisto por el Tesoro (vea abajo), se podría confundir a este grupo con una pequeña y rural banda de mafiosos. Pero esta organización tiene profundos contactos con la élite del país, quienes mantienen su dinero a salvo y a las autoridades judiciales a raya. También cuenta con una red de distribución que se extiende a tres países.

Por lo menos parte de su alcance salió a la luz en un cable de Wikileaks en el cual el embajador saliente Charles Ford habló con franqueza sobre el entonces presidente Manuel Zelaya. En el cable, Ford habla de las formas en las que los grupos criminales “han presionado [a Zelaya] a nombrar a uno de los suyos” en un puesto de alto nivel en el Ministerio de Seguridad.

Uno de esos grupos presumiblemente fue los Cachiros, quienes, cuando su candidato no fue seleccionado, lo tomaron personal. El senador Juan Ramón Salgado Cuevas fue asesinado poco después, y los servicios de inteligencia de Honduras dijeron a InSight Crime que era porque Salgado no había podido asegurar el puesto del ministerio al candidato de los Cachiros.

El Tesoro tampoco menciona la posible relación de la familia con el club de fútbol de Tocoa, Real Sociedad Municipal, cuyos jugadores llevan en el pecho el logo de Joya Grande, el zoológico mencionado anteriormente, y cuya propiedad ha sido vinculada a los Cachiros.

honduras real sociedad tocoa

El club cuenta con el Banco Continental -una compañía manejada por una de las familias más ricas del país- como otros de sus patrocinadores.

El apoyo ha funcionado. El club se ha movido hacia la primera división en la que se considera como uno de los mejores equipos en el país.

El Tesoro hace referencia a la cadena de distribución, señalando que las autoridades nicaragüenses detuvieron al nicaragüense y supuesto socio de los Cachiros, Bismarck Antonio Lira Jirón, el pasado mes de agosto. Lira permanece detenido en Nicaragua, enfrentando cargos por narcotráfico con los Cachiros al norte y con el Cartel del Norte del Valle en Colombia hacia el sur.

No obstante, los principales contactos de los Cachiros están a lo largo de la frontera entre Guatemala y Honduras, donde pueden pasar la cocaína a sus contrapartes guatemaltecas y mexicanas, recogiendo alrededor de US$2.000 por kilo. Si es cierto que controlan el 90 por ciento del tráfico aéreo que entra a Honduras, entonces eso haría parte de sus abundantes ganancias. Según estimaciones de InSight Crime, la familia gana en total hasta US$4 millones al mes por sus operaciones de narcotráfico, las cuales se concentran en el departamento de Colón.

Los Cachiros son la segunda gran organización de Honduras que el Tesoro de Estados Unidos ha señalado en los últimos meses. La otra está dirigida por José Miguel “Chepe” Handal Pérez, un político y hombre de negocios que opera desde San Pedro Sula, quien se encuentra prófugo luego de que Estados Unidos lo agregara a la misma lista a la que fueron agregados los Cachiros en julio.

Como hicieron con Handal, las autoridades hondureñas han declarado que la batalla se está librando. El jefe del comité bancario del Senado pidió a los bancos dejar de hacer negocios con los lavadores de dinero; uno de los favoritos en las elecciones presidenciales de noviembre dijo que todos los candidatos deben “abstenerse de usar dinero oscuro o mal habido”.

Pero la sinceridad es escasa en Honduras. Santos Isidro Rivera fue detenido por poco tiempo a principios de este año por cargos de armas, pero luego fue puesto en libertad. Leonel fue detenido en 2011, pero también fue liberado.

El Estado de Honduras ha colapsado en gran medida, dejando una mezcla de corrupción y narcotráfico que ahora está desbordándose. Prueba de ello es que los Cachiros tienen un negocio de construcción de carreteras, la manera perfecta para alimentar a los políticos corruptos y al mismo tiempo lavar las ganancias ilícitas.

Los narcotraficantes parecen seguir temiendo a Estados Unidos, y sobre todo a la posibilidad de la extradición, a la cual el gobierno de Honduras recientemente dio luz verde. Sin embargo, sólo una persona que no era hondureña ha sido extraditada desde entonces, y mientras Estados Unidos está presionando al gobierno de Honduras para que empiece a capturar y extraditar a sospechosos locales, el tema parece ser muy sensible, especialmente con las elecciones presidenciales avecinándose.

Sin duda, pese a que Estados Unidos proporciona millones en apoyo a la seguridad y las autoridades judiciales de Honduras, parece haber quedado sin medios para presionar al Estado hondureño para reformar sus propias instituciones y para tomar medidas por su cuenta. Y si bien los esfuerzos, como la movida para hacer frente a los Cachiros, son un importante primer paso, llegaron por mandato de un poder extranjero, no un hondureño reformista y valiente que busque cambiar el rumbo de esta nación.

La investigación presentada en esta publicación es, en parte, el resultado de un proyecto financiado por el International Development Research Centre de Canadá.

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