Cómo el Comercio de Droga Alimenta el Femicidio en Centroamérica

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Desde que el Triángulo del Norte de El Salvador, Honduras y Guatemala surgió como el principal corredor de drogas con destino a Estados Unidos, se ha convertido en uno de lugares más mortíferos del mundo para ser una mujer, y los asesinatos muestran pocas señales de disminuir. En los primeros seis meses de este año, 17 fosas clandestinas fueron descubiertas en El Salvador, con 48 cuerpos, el 70 por ciento de los cuales eran mujeres, según la Fiscalía General de la República. Todos eran menores de 25 años, y se cree que el 90 por ciento tenía vínculos con bandas criminales, según informó La Prensa Gráfica. La alarmante alta proporción de mujeres entre las víctimas de las fosas salvadoreñas sirve como un recordatorio de la alta prevalencia del femicidio – el asesinato de mujeres basado en el género, a menudo marcados por su extrema crueldad — en Triángulo del Norte. En la última década, la región ha visto un gran aumento en los asesinatos de mujeres (ver gráfica, abajo). Actualmente, El Salvador tiene la peor tasa de femicidio en el mundo, con 13,9 por cada 100.000 mujeres, mientras que Guatemala (tercero en el mundo) y Honduras (séptimo) tienen tasas de 9,8 y 7,2 respectivamente. Cifras reveladas por Honduras en julio mostraron que al menos 150 mujeres fueron asesinadas en la primera mitad del 2012. La policía dijo al periódico El Heraldo que varios de los asesinatos estaban vinculados con el tráfico de drogas. Mientras tanto, en Guatemala, el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF) reveló que 337 mujeres fueron asesinadas en el primer semestre del 2012. Aunque esto representa una caída del 11,5 por ciento respecto al mismo período en 2011, Guatemala sigue siendo uno de los lugares más peligrosos del mundo para las mujeres.     Atribuir todas estas muertes al crimen organizado, sería descartar la violencia doméstica y el hecho subyacente de las relaciones de género desiguales – factores que hacen parte de la dinámica del femicidio en los tres países. Sin embargo, el brusco aumento de los asesinatos durante la última década ha coincidido con un periodo en el cual la región se ha convertido en el principal corredor para el tráfico de narcóticos con destino a Estados Unidos. La correlación no puede ser ignorada. A lo largo de gran parte de la década de los ochentas y principios de los noventas, los traficantes de droga movieron los narcóticos desde Sur América a Estados Unidos por el Caribe. Cuando Estados Unidos intensificó los esfuerzos de interdicción en esta ruta, el corredor de tráfico se desplazó hacia el istmo centroamericano. El contraste entre las Bahamas y Honduras es representativo de esto. Según el Departamento de Estado, el 80 por ciento de la cocaína con destino a Estados Unidos pasaba por las islas en los ochentas. Hoy en día, la proporción es sólo del cinco por ciento, mientras que algunos funcionarios de Honduras creen que el 87 por ciento del suministro de cocaína de Estados Unidos pasa a través de su país. Los femicidios representan sólo una fracción de la escalada de asesinatos que ha afligido al Triangulo del Norte, desde que el comercio de droga pasó a la región. Sin embargo, los dos fenómenos están estrechamente vinculados, a menudo convirtiéndose las mujeres en un daño colateral en un conflicto entre bandas. Una razón para esto, es que el narcotráfico está dominado por una cultura machista, la cual lleva a usar la violencia contra las mujeres. Las mujeres asociadas con bandas, bien sea por lazos familiares o por relaciones con los miembros de la banda, pueden convertirse en blancos para sus rivales. La violación y brutal ejecución de estas mujeres pueden ser utilizados como una táctica para atacar a sus enemigos, en incluso, como un mecanismo de unión para las bandas. Como señaló el abogado chileno Patsil Toledo, además de ayudar a atacar la “moral del enemigo”, atacar y “violar cruelmente a las mujeres, es simbólico [de otra manera]; crea cohesión dentro de los grupos armados.” Las mujeres también han sido utilizadas por las bandas como “vehículos” para enviar mensajes a las autoridades. Por ejemplo, en mayo del año pasado, una banda en Guatemala decapitó a una niña, dejando su cabeza en una cabina telefónica con un mensaje, advirtiendo a las autoridades de no seguir adelante con los planes para acabar con la extorsión. El crecimiento del crimen organizado en Centroamérica, y la diversificación de los grupos criminales en el tráfico de personas, también ha visto la mercantilización de las mujeres, a menudo utilizando niveles extremos de violencia. Honduras, Guatemala y El Salvador, son todos fuentes del comercio sexual. Las bandas reclutan mujeres de bajos ingresos y les ofrecen trabajos bien pagados en lugares lejanos, o las secuestran, y las obligan a trabajar como prostitutas. En reconocimiento del crecimiento del femicidio, Guatemala y El Salvador aprobaron leyes en el 2008 y en el 2010, respectivamente, dando especial estatus jurídico al crimen y a la violencia hacia las mujeres en general. Desde que el Presidente Otto Pérez asumió el cargo en enero, Guatemala incluso ha creado un grupo de trabajo para abordar el femicidio. Honduras, por otro lado, ha sido lento en seguir este ejemplo, a pesar de los llamados a la asamblea legislativa de aprobar iniciativas similares. Sin embargo, estos esfuerzos no han dado mucho fruto – la impunidad de los femicidios se sitúa en el 90 por ciento o más, tanto en El Salvador como en Guatemala, llevando a muchos a cuestionar la eficacia de reconocerlo como un delito en sí mismo. La abogada Susana Chiarottin, por su parte, dijo a la agencia de noticias Inter Press Service que, donde la definición jurídica de femicidio exista, “se ha llevado a una mayor impunidad en lugar de un castigo efectivo”. Los gobiernos en la región, entonces, necesitan dirigir su atención a la prevención en vez hacer nuevas leyes contra el crimen. En los casos relacionados con violencia doméstico, las autoridades deberían responder con mayor rapidez a las denuncias de violencia o a las amenazas. En aquellos relacionados con el crimen organizado, hay un creciente coro de voces argumentando que el femicidio está intrínsecamente vinculado al paradigma militarizado de la guerra contra las drogas. Antes de la Cumbre de las Américas en abril una unión de seis ONGs latinoamericanas instó a los gobiernos a revisar sus políticas anti-drogas, citando los efectos del enfoque actual que aumentan los niveles de femicidio. Adicionalmente, dos mujeres galardonadas con el premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchu y Jodi Williams escribieron en un informe recientemente que “la guerra contra las drogas … se ha convertido en una guerra contra las mujeres”, señalando la correlación entre el aumento de los femicidios y la ayuda militar de Estados Unidos a Honduras y Guatemala durante la última década. La reforma de la política de drogas, de ninguna manera va a erradicar el femicidio, el cual toma gran variedad de formas, algunas sin relación con crimen organizado. Sin embargo, dado que el crecimiento del tráfico de drogas en el Triángulo del Norte ha estado acompañado por el aumento de los asesinatos basados en el género, un enfoque alternativo a la guerra contra las drogas podría ayudar a reducir los números.

José Natividad Luna Pereira, alias “Chepe Luna”

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José Natividad Luna Pereira, alias “Chepe Luna” fue uno de los líderes más poderosos del grupo de transportistas Los Perrones. Antes de ser asesinado en Honduras en junio de 2014, Luna ayudó a Los Perrones a convertirse en una de las organizaciones criminales más importantes de El Salvador y Centroamérica y construyó un imperio empresarial tanto en la legalidad como en el hampa. 

Historia

Chepe Luna, quien portó nacionalidad salvadoreña y hondureña, fue socio fundador de Los Perrones, la primera banda de transportistas de El Salvador, la cual nació y creció bajo el amparo de la corrupción de las autoridades, entre ellas la Policía Nacional Civil (PNC) y algunos partidos políticos. Además de sus actividades criminales, Luna fue dueño de Transportes Ulúa, una exitosa compañía de transporte con cede en Tegucigalpa, Honduras.

Como la mayoría de sus compatriotas salvadoreños que lideran a Los Perrones, Luna comenzó su accionar delictivo por medio del contrabando de bienes legales atravesando la frontera con Honduras. A Luna se le conoció por transportar lácteos, lo que en un principio le dio a Los Perrones el nombre del “Cartel de los Quesos”.

La habilidades logísticas adquiridas con el transporte de quesos se convirtieron en una ventaja cuando Luna y sus compañeros decidieron diversificarse y mudarse al tráfico de un bien mucho más lucrativo: la cocaína. Los Perrones tienen vínculos con traficantes de Suramérica, quienes transportan la cocaína desde la costa pacífica colombiana y ecuatoriana por medio de lanchas rápidas o semisumergibles. De ahí, la droga se descarga en navíos salvadoreños con los que se transporta a tierra y posteriormente es llevada al norte hacia Guatemala, usando las redes clandestinas de los Perrones.

Chepe Luna no tardó en consolidarse como el contrabandista más poderoso del oriente de El Salvador gracias al control territorial que logró ejercer en puntos estratégicos y los vínculos que estableció con algunos funcionarios de la Policía y del sistema judicial.

Luna estuvo huyendo por mucho tiempo de las fuerzas policiales tanto nacionales como internacionales, desde la Angencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA por sus iniciales en inglés) e Interpol, hasta la PNC de El Salvador.

En 2004, una corte del distrito sur de Estados Unidos emitió una orden de captura para Luna por narcotráfico y lavado de activos. En 2002 fue capturado en El Salvador, después de un altercado con la policía. En ese tiempo Estados Unidos lo catalogaba como el traficante de personas más poderoso del país centroamericano. No obstante, las autoridades salvadoreñas no lo acusaron por este delito y posteriormente fue dejado en libertad.

En agosto del 2012 fue arrestado de nuevo, esta vez en Honduras, desde donde se creía que dirigía a Los Perrones. Sin embargo, fue dejado en libertad un día después de su arresto, pues su orden de captura en este país supuestamente había caducado.

Al final no fueron las fuerzas del Estado las que pusieron fin a la carrera criminal de Luna, quien fue asesinado frente de su empresa de transportes en Tegucigalpa por un grupo de al menos ocho hombres armados. Tras la redada, la Policía logró capturar a cuatro de los hombres y abatir a otros dos. Si bien el asesinato aún no ha sido atribuido a ningún grupo, la familia de Luna asegura que los hombre estaban relacionados con las pandillas que operan en el país centroamericano.

Una fuente de El Salvador dijo a InSight Crime que el asesinato de Luna pudo haber sido el resultado de la competencia relacionada con su negocio legítimo de transporte, más que el resultado de su papel en el hampa. Según la fuente, él pudo haber sido asesinado por rivales de negocios en un intento por obtener el control de las rutas de transporte y el territorio.

Actividades criminales

A Chepe Luna se le acusó de narcotráfico, tráfico de personas y lavado de dinero. El grupo que lideró también ha sido relacionado con otras actividades criminales que incluyen secuestro, extorsión y redes de prostitución en varios países de Centroamérica.

Geografía

Los Perrones tienen presencia a lo largo de una amplia porción del pequeño territorio salvadoreño y están divididos en dos facciones. Los Orientales operan desde ciudades como San Miguel, Usulután y La Unión; mientras que los Occidentales se concentran alrededor de la ciudad de Santa Ana, pero las actividades del grupo se extienden desde Panamá hasta Guatemala.

El grupo es experto en mover mercancías a través de El Salvador y a lo largo de la frontera con Honduras y Guatemala, para que posteriormente sean transportadas a México o a Estados Unidos. Debido a las condiciones de subdesarrollo en las que se encuentra la infraestructura aérea de los limitados territorios por los que transitan, el transporte de drogas se realiza en camiones por las carreteras centroamericanas.

Aliados y enemigos

16 03 29 honduras lobo luna croppedLos Perrones transportan drogas y otros bienes para grupos criminales mexicanos y colombianos. Se cree que, incluso ahora, mantienen vínculos con el Cartel de Sinaloa de México.

Si bien se han conocido informes sobre una presunta rivalidad entre Los Perrones y las pandillas callejeras de Barrio 18 y Mara Salvatrucha, por la lucha por el control de las rutas de tráfico, otros informes sugieren que esta relación podría ser complementaria, ya que estas pandillas controlan territorios en ciudades como San Salvador, y Los Perrones tradicionalmente se han establecido en ciudades ubicadas en la periferia. Los Perrones, además, suelen contratar facciones de las maras como apoyo armado.

El grupo ha sido especialmente relacionado con oficiales en la zona oriental de El Salvador, donde el Partido de Conciliación Nacional y la Alia

nza Republicana Nacionalista (ARENA) son prominentes.

Durante su carrera criminal y empresarial, Luna consiguió desarrollar vínculos con varios de los miembros de la élite de los países donde operaba. Tras su muerte, su hijo publicó una foto del criminal con el expresidente de Honduras Porfirio Lobo, en el tiempo en que éste se encontraba en funciones.

Perspectivas

Si bien Luna fue asesinado y gran parte de los líderes originales de Los Perrones como Daniel Quezada, Reynerio Flores, Juan Colorado han sido capturados, Los Perrones se han reagrupado y han logrado descentralizar su poder y actualmente se mantienen como una de las mayores fuerzas en el hampa de El Salvador y Centroamérica.

Chepe Luna

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José Natividad Luna Pereira, alias “Chepe Luna” fue uno de los líderes más poderosos del grupo de transportistas Los Perrones. Antes de ser asesinado en Honduras en junio de 2014, Luna ayudó a Los Perrones a convertirse en una de las organizaciones criminales más importantes de El Salvador y Centroamérica y construyó un imperio empresarial tanto en la legalidad como en el hampa. 

Historia

Chepe Luna, quien portó nacionalidad salvadoreña y hondureña, fue socio fundador de Los Perrones, la primera banda de transportistas de El Salvador, la cual nació y creció bajo el amparo de la corrupción de las autoridades, entre ellas la Policía Nacional Civil (PNC) y algunos partidos políticos. Además de sus actividades criminales, Luna fue dueño de Transportes Ulúa, una exitosa compañía de transporte con cede en Tegucigalpa, Honduras.

Como la mayoría de sus compatriotas salvadoreños que lideran a Los Perrones, Luna comenzó su accionar delictivo por medio del contrabando de bienes legales atravesando la frontera con Honduras. A Luna se le conoció por transportar lácteos, lo que en un principio le dio a Los Perrones el nombre del “Cartel de los Quesos”.

La habilidades logísticas adquiridas con el transporte de quesos se convirtieron en una ventaja cuando Luna y sus compañeros decidieron diversificarse y mudarse al tráfico de un bien mucho más lucrativo: la cocaína. Los Perrones tienen vínculos con traficantes de Suramérica, quienes transportan la cocaína desde la costa pacífica colombiana y ecuatoriana por medio de lanchas rápidas o semisumergibles. De ahí, la droga se descarga en navíos salvadoreños con los que se transporta a tierra y posteriormente es llevada al norte hacia Guatemala, usando las redes clandestinas de los Perrones.

Chepe Luna no tardó en consolidarse como el contrabandista más poderoso del oriente de El Salvador gracias al control territorial que logró ejercer en puntos estratégicos y los vínculos que estableció con algunos funcionarios de la Policía, la Fiscalía y del sistema judicial.

Luna estuvo huyendo por mucho tiempo de las fuerzas policiales tanto nacionales como internacionales, desde la Angencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA por sus iniciales en inglés) e Interpol, hasta la PNC de El Salvador.

En 2004, una corte del distrito sur de Estados Unidos emitió una orden de captura para Luna por narcotráfico y lavado de activos. En 2002 fue capturado en El Salvador, en un momento en el que Estados Unidos lo catalogaba como el traficante de personas más poderoso del país centroamericano. No obstante, las autoridades salvadoreñas no lo acusaron por este delito y posteriormente fue dejado en libertad.

En agosto del 2012 fue arrestado de nuevo, esta vez en Honduras, desde donde se creía que dirigía a Los Perrones. Sin embargo, fue dejado en libertad un día después de su arresto, pues su orden de captura en este país supuestamente había caducado.

Al final no fueron las fuerzas del Estado las que pusieron fin a la carrera criminal de Luna, quien fue asesinado frente de su empresa de transportes en Tegucigalpa por un grupo de al menos ocho hombres armados. Tras la redada, la Policía logró capturar a cuatro de los hombres y abatir a otros dos. Si bien el asesinato aún no ha sido atribuido a ningún grupo, la familia de Luna asegura que los hombre estaban relacionados con las pandillas que operan en el país centroamericano.

Una fuente de El Salvador dijo a InSight Crime que el asesinato de Luna pudo haber sido el resultado de la competencia relacionada con su negocio legítimo de transporte, más que el resultado de su papel en el hampa. Según la fuente, él pudo haber sido asesinado por rivales de negocios en un intento por obtener el control de las rutas de transporte y el territorio.

Actividades criminales

A Chepe Luna se le acusó de narcotráfico, tráfico de personas y lavado de dinero. El grupo que lideró también ha sido relacionado con otras actividades criminales que incluyen secuestro, extorsión y redes de prostitución en varios países de Centroamérica.

Geografía

Los Perrones tienen presencia a lo largo de una amplia porción del pequeño territorio salvadoreño y están divididos en dos facciones. Los Orientales operan desde ciudades como San Miguel, Usulután y La Unión; mientras que los Occidentales se concentran alrededor de la ciudad de Santa Ana, pero las actividades del grupo se extienden desde Panamá hasta Guatemala.

El grupo es experto en mover mercancías a través de El Salvador y a lo largo de la frontera con Honduras y Guatemala, para que posteriormente sean transportadas a México o a Estados Unidos. Debido a las condiciones de subdesarrollo en las que se encuentra la infraestructura aérea de los limitados territorios por los que transitan, el transporte de drogas se realiza en camiones por las carreteras centroamericanas.

Aliados y enemigos

16 03 29 honduras lobo luna croppedLos Perrones transportan drogas y otros bienes para grupos criminales mexicanos y colombianos. Se cree que, incluso ahora, mantienen vínculos con el Cartel de Sinaloa de México.

Si bien se han conocido informes sobre una presunta rivalidad entre Los Perrones y las pandillas callejeras de Barrio 18 y Mara Salvatrucha, por la lucha por el control de las rutas de tráfico, otros informes sugieren que esta relación podría ser complementaria, ya que estas pandillas controlan territorios en ciudades como San Salvador, y Los Perrones tradicionalmente se han establecido en ciudades ubicadas en la periferia. Los Perrones, además, suelen contratar facciones de las maras como apoyo armado.

El grupo ha sido especialmente relacionado con oficiales en la zona oriental de El Salvador, donde el Partido de Conciliación Nacional y la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) son prominentes.

Durante su carrera criminal y empresarial, Luna consiguió desarrollar vínculos con varios de los miembros de la élite de los países donde operaba. Tras su muerte, su hijo publicó una foto del criminal con el expresidente de Honduras Porfirio Lobo, en el tiempo en que éste se encontraba en funciones.

Perspectivas

Si bien Luna fue asesinado y gran parte de los líderes originales de Los Perrones como Daniel Quezada, Reynerio Flores, Juan Colorado han sido capturados, Los Perrones se han reagrupado y han logrado descentralizar su poder y actualmente se mantienen como una de las mayores fuerzas en el hampa de El Salvador y Centroamérica.