EE. UU. ahora va tras “Los Chapitos”

Las autoridades de Estados Unidos han interpuesto cargos por narcotráfico contra los hijos del recientemente condenado exjefe del cartel de Sinaloa “El Chapo” Guzmán, en lo que parece el paso siguiente de las autoridades en su persecución sistemática para tratar de desarticular el cartel. Joaquín Guzmán López y Ovidio Guzmán López, dos hijos del exjefe del cartel de Sinaloa Joaquín Guzmán Loera, alias “El Chapo”, fueron acusados de conspirar para distribuir al menos cinco kilos de cocaína, 500 gramos de metanfetaminas y una tonelada de marihuana desde México y otros lugares a Estados Unidos entre abril de 2008 y 2018, según anunció el Departamento de Justicia de Estados Unidos el 21 de febrero. Las autoridades de ese país también pidieron que se confisque cualquier ganancia que hubieran recibido los hijos de El Chapo, de manera directa o indirecta, como parte de la conspiración para traficar narcóticos, reza la acusación. Los cargos se interpusieron ante un tribunal de distrito en la capital Washington D. C.

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Los nuevos cargos se presentan poco después de que un jurado estadounidense dictaminara que el El Chapo es culpable de dirigir una empresa criminal en existencia, además de otras nueve acusaciones penales enunciadas en el pliego de cargos. El excapo recibirá su sentencia en junio, pero su condena por ese cargo recibe pena perpetua como mínimo sin la posibilidad de libertad condicional.

Análisis de InSight Crime

Que las autoridades estadounidenses dirijan sus esfuerzos hacia los hijos de El Chapo luego de la condena de su padre es un paso lógico en la persecución al cartel de Sinaloa con la esperanza de que un día se logre desarticular por completo esa organización criminal. De Joaquín Guzmán López no se sabe mucho, pero los otros hijos de El Chapo, Iván Archivaldo y Jesús Alfredo, conocidos en conjunto como “Los Chapitos”, fueron el foco de un conflicto interno con la antigua mano derecha de El Chapo, Dámaso López Núñez, alias “Licenciado”, por el control del cartel de Sinaloa luego de la captura de su padre. Sin embargo, Licenciado fue detenido en mayo de 2017 y extraditado a Estados Unidos en 2018. Su hijo y antiguo cuadro del cartel de Sinaloa, Damáso López Serrano, alias “Mini Lic”, se entregó a las autoridades estadounidenses y se declaró inocente de las acusaciones por narcotráfico y lavado de dinero en 2017, poco después del arresto de su padre.

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Esto reforzó a los hijos de El Chapo a la cabeza de la organización. En septiembre de 2018, Jesús Alfredo fue añadido a la lista de los 10 fugitivos más buscados de la Administración para el Control de Drogas (DEA). Los hijos de El Chapo y uno de los miembros que quedaban de la vieja guardia del cartel de Sinaloa, Ismael Zambada García, alias “El Mayo”, mantienen firmemente el control de las operaciones del grupo en la actualidad. Pese a ser señalado por la defensa como el verdadero jefe del cartel de Sinaloa durante el juicio a El Chapo, El Mayo lleva largo tiempo evitando ser capturado y no ha sido perseguido con la misma intensidad que El Chapo por parte de las autoridades mexicanas y estadounidenses. Sin embargo, aun cuando las autoridades eventualmente se concentren lo suficiente en los hijos de El Chapo El Mayo para conducir a su captura, el cartel de Sinaloa ha hecho gala de una habilidad sorprendente para seguir adelante en ausencia de sus presuntos líderes. La estructura horizontal del grupo con capacidades toma de decisiones repartidas a lo largo de esta le ha permitido seguir siendo uno de los grupos criminales más poderosos de México, junto al cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG). En 2016, Jesús Alfredo y su hermano Iván fueron secuestrados por el líder del CJNG, Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, en el estado de Jalisco, territorio base de ese grupo.

Principales casos e investigaciones sobre corrupción en Odebrecht en 2019

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Desde que comenzó en Brasil con la “Operación Lavado de Autos” (“Operação Lava Jato”) en 2014, el escándalo de corrupción en Odebrecht ha ocupado los titulares en toda Latinoamérica. Presidentes, legisladores y grandes empresarios han sido acusados y encarcelados en toda la región. En este informe, InSight Crime presenta un resumen de las investigaciones o juicios contra prominentes personalidades en América Latina y el Caribe.
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México México ha sido lento en lo que tiene que ver con el escándalo de Odebrecht. El único nombre importante que ha surgido en las investigaciones sobre el mayor escándalo de corrupción en Latinoamérica ha sido el de Emilio Lozoya Austin. El expresidente de la petrolera estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) durante la administración del expresidente Enrique Peña Nieto es acusado de dirigir un esquema de corrupción mediante empresas fantasma entre 2012 y 2016. Además, la fiscalía mexicana cree que Lozoya Austin utilizó los jugosos sobornos recibidos de Odebrecht para financiar las campañas electorales del Partido Revolucionario Institucional (PRI), incluida la de Peña Nieto. Muchos mexicanos creen que la ausencia de rendición de cuentas y de juicios por parte del gobierno federal fue una manera utilizada por la administración anterior y la actual para proteger a quienes estaban involucrados con Odebrecht.  En un país con altos niveles de impunidad, falta ver si este caso conducirá eventualmente a investigaciones más amplias. En febrero, el presidente Andrés Manuel López Obrador prometió que la investigación sobre Odebrecht continuaría, por lo que es posible que pronto comiencen otras investigaciones. República Dominicana Las audiencias preliminares sobre Odebrecht han ocupado los titulares en República Dominicana en las últimas semanas. Con una corrupción rampante, el país caribeño investiga actualmente a siete personas que al parecer recibieron más de US$92 millones en sobornos de la gigante constructora brasileña. Dos nombres que sobresalen en las investigaciones son el actual senador Tommy Galán y el exministro de Obras Públicas, Víctor Díaz Rúa. Ambos son miembros del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), que se está preparando para las elecciones presidenciales de 2020.  Una sentencia de culpabilidad podría empañar la imagen del partido y obstaculizar sus posibilidades de continuar en el poder, pues el actual presidente, Danilo Medina, también es miembro del PLD. El Salvador El expresidente Mauricio Funes está siendo investigado por la presunta malversación de US$351 millones. Se sospecha que Odebrecht le pagó entre US$1 y 3 millones al exmandatario durante la campaña presidencial de 2009. Funes, presidente del país entre 2009 y 2014, también enfrenta una investigación judicial por supuestamente comprar diputados con el fin de obtener votos favorables en la Asamblea Legislativa durante su presidencia. El expresidente tiene cuatro órdenes de captura en su contra por casos de corrupción. Actualmente reside en Nicaragua, protegido por el asilo político otorgado por el presidente Daniel Ortega. Sin embargo, el portavoz del presidente electo Nayib Bukele anunció que el gobierno comenzará a hablar con Nicaragua para exigir la deportación de Funes. Guatemala La investigación que actualmente adelanta Guatemala sobre Odebrecht se centra en el exministro de Infraestructura Alejandro Sinibaldi, quien se encuentra prófugo. La Fiscalía General y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) sostienen que Sinibaldi dirigió una estructura criminal dentro del Ministerio de Comunicaciones. Sinibaldi tiene una orden de allanamiento de Interpol, y otras ocho personas estrechamente relacionadas con él están siendo buscadas por las autoridades, entre ellas sus hermanos Álvaro y Luis Rodrigo Sinibaldi. Otra importante figura que está siendo investigada en Guatemala es el excandidato presidencial Manuel Baldizón, quien fue arrestado en Estados Unidos en enero de 2018. Baldizón es acusado de supuestamente recibir sobornos de funcionarios de Odebrecht para ayudarles a obtener contratos de obras públicas en el país centroamericano. Tras un fallido intento de obtener asilo en Estados Unidos, Baldizón decidió retirar su solicitud y está pendiente de la extradición a Guatemala. En Guatemala se presentó una crisis constitucional después de que el presidente Jimmy Morales decidiera expulsar a la CICIG del país, una medida que generó fuertes reacciones a nivel nacional e internacional. Dada la ausencia de la CICIG, la última audiencia de Sinibaldi y Baldizón fue suspendida y reprogramada para el 27 de febrero de 2019. Falta ver qué impacto tendrá la actual crisis con la CICIG en el futuro del caso.       VEA TAMBIÉN: Cobertura sobre lavado de dinero Panamá El expresidente Ricardo Martinelli, quien se encuentra bajo arresto, y varias personas cercanas a su presidencia, están siendo investigados por supuestamente recibir sobornos de Odebrecht. La fiscalía panameña señala que entre 2009 y 2014, periodo de la presidencia de Martinelli, se asignaron recursos por más de US$96 millones para proyectos de infraestructura, como mejoras viales en Chanis, la ampliación del aeropuerto de Tocumen, la renovación urbana de Curundú, mejoras en la Línea 1 del Metro, y muchas otras. En consecuencia, la Fiscalía Especial Anticorrupción de Panamá inició una investigación contra el exministro de Economía Frank de Lima, acusado de recibir por lo menos US$7 millones en pagos indebidos. Otra importante figura que está siendo investiganda actualmente es el exministro de Obras Públicas, Jaime Ford, acusado de recibir sobornos de la empresa brasileña y de inflar los costos del proyecto de la autopista Arraijan-La Chorrera con fines ilícitos. Colombia En Colombia, Odebrecht pagó al menos US$32,5 millones en sobornos para obtener los contratos de construcción de la autopista Ruta del Sol y otros proyectos de infraestructura. El exsenador Otto Nicolás Bula Bula, quien fue condenado a dos años de prisión por recibir sobornos, ha sido el principal testigo del gobierno para esclarecer el esquema de sobornos. La investigación ha involucrado a varios funcionarios del gobierno durante las administraciones de los expresidentes Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, entre ellos el exsenador Bernardo Miguel Elías. El Fiscal General de la nación, Néstor Humberto Martínez, también ha sido objeto de atención recientemente, después de que el auditor Jorge Enrique Pizano revelara grabaciones secretas en las que hablaba de irregularidades contractuales con Martínez, quien en ese momento se desempeñaba como abogado de Corficolombiana, una empresa socia de Odebrecht. Las grabaciones de las conversaciones de Pizano con Martínez salieron a la luz en una entrevista de televisión. Pizano, quien sufría de cáncer y finalmente murió a causa de un ataque cardíaco, proporcionó la entrevista con la condición de que solo se difundiera tras su muerte. El conflicto de intereses de Martínez no se detiene allí. También fue asesor legal de Luis Carlos Sarmiento, el hombre más rico de Colombia y fundador del conglomerado Grupo Aval, uno de los propietarios de Corficolombiana que, según Reuters, está cooperando actualmente en una investigación del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Ecuador El caso de Odebrecht en Ecuador ilustra una elaborada estructura de corrupción durante la presidencia de Rafael Correa. Su amigo de infancia, el exvicepresidente Jorge Glas, quien se encuentra cumpliendo una pena de prisión por el escándalo de corrupción, ha sido acusado por Luis Mameri, vicepresidente de Odebrecht en Latinoamérica, de aceptar más sobornos de los que se conocieron inicialmente, mediante una empresa llamada Glory International. En septiembre de 2018, la Fiscalía General de Ecuador inició una investigación preliminar contra ocho personas por supuestamente involucrarse con el crimen organizado como parte del esquema de corrupción de Odebrecht. Entre las personas investigadas se encuentra el expresidente Rafael Correa, quien actualmente reside en Bélgica, donde está solicitando asilo político. Además, el exsecretario jurídico de la presidencia, Alexis Mera; el exministro del Interior, José Serrano, y el exprocurador general Diego García también están siendo investigados por su papel en el proyecto hidroeléctrico San Francisco. La Fiscalía General de Ecuador anunció recientemente que otras 11 investigaciones preliminares estarían enfocadas en Rafael Correa, Alexis Mera y Jorge Glas. Este anunció concreta los esfuerzos de Ecuador para castigar a los involucrados en este escándalo de corrupción.       VEA TAMBIÉN: Cobertura sobre élites y crimen organizado Perú Decir que el escándalo de Odebrecht ha sacudido la clase política de Perú sería poco. María Sokolich, la nueva fiscal general de Perú tras la polémica renuncia de Pedro Chávarry, se encuentra al frente de la investigación sobre algunos de los principales políticos que ocupan o han ocupado los más altos cargos del país. El actual presidente, Martín Vizcarra está siendo investigado por presuntos vínculos entre la empresa de su propiedad y Odebrecht entre 2006 y 2008. Su predecesor, Pedro Pablo Kuczynski, tiene una investigación en su contra —que lo obligó a dimitir en marzo de 2018— por presuntas consultorías que su empresa, Westfield Capital, le ofreció a Odebrecht entre noviembre de 2004 y diciembre de 2007. El expresidente Alan García, a quien se le negó una solicitud de asilo en Uruguay después de que las acusaciones salieron a la luz, está acusado de recibir sobornos durante la construcción del Metro de Lima. Los otros dos exmandatarios que están siendo investigados por supuestamente recibir sobornos son Alejandro Toledo y Ollanta Humala. Se espera que en el mes de marzo el exdirector ejecutivo de Odebrecht en Perú, Jorge Barata, dé una declaración sobre este tema en Brasil. El testimonio de Barata podría conmocionar nuevamente a la nación andina. Recientemente, Odebrecht ha anunciado que cooperará con el gobierno peruano. Sus antiguos ejecutivos en el país serán entrevistados próximamente, lo que puede conducir a nuevas revelaciones.
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Argentina La investigación de Odebrecht en Argentina amenaza a decenas de altos exfuncionarios relacionados con proyectos de obras públicas durante las presidencias de Néstor Carlos Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015). Las investigaciones más sobresalientes son las de Julio de Vido y Daniel Cameron. Julio de Vido, exministro de Planificación durante la administración de Fernández, se entregó a las autoridades en octubre de 2018. De Vido es acusado de hacer parte del escándalo de “Obras Viales”, que involucra la supuesta malversación de fondos públicos a través de procesos de licitación para obras viales en la provincia de Santa Cruz, así como otros proyectos de infraestructura a su cargo. Por su parte, el exministro de Energía, Daniel Cameron, está siendo investigado como parte de un caso conocido como “Skanska II”, donde las irregularidades en la expansión de los gasoductos en el país se han relacionado con un esquema de corrupción con la colaboración de Odebrecht. Sin embargo, el nivel de corrupción durante las administraciones de los Kirchners es más profundo. Según algunos informes, otros 14 empresarios y cinco exempleados también están siendo investigados por múltiples actividades ilícitas en cooperación con la constructora brasileña. Bolivia La historia de los ventajosos negocios de Bolivia con empresas brasileñas se remonta a 1987, año en el que el entonces ministro de Energía, Carlos Morales Landívar, fue acusado de utilizar su influencia política para favorecer a la empresa brasileña Andrade Gutiérrez. Y ahora Landívar es acusado de haber estado involucrado en 2003 con Camargo Correa —una de las 13 principales empresas en Brasil investigadas en el caso Lavado de Autos— cuando fue ministro de Servicios y Obras Públicas. Sin embargo, los nombres vinculados directamente al caso Odebrecht son Carlos Mesa, expresidente y aspirante presidencial en 2019, y su sucesor, Eduardo Rodríguez Veltzé, exjefe de Estado y expresidente de la Corte Suprema de Justicia. Ambos están siendo investigados por supuestamente recibir sobornos de Odebrecht durante sus presidencias, entre 2003 y 2006. La investigación en torno a Mesa podría desempeñar un papel crucial en las elecciones presidenciales que se celebrarán en octubre. La eventual condena de Mesa podría allanar el camino para la reelección de Evo Morales. Brasil En Brasil, en los últimos cinco años, más de 77 ejecutivos de la compañía han llegado a acuerdos de culpabilidad, una presidenta fue suspendida de sus funciones, otro expresidente está actualmente en la cárcel, y su sucesor también está siendo investigado como resultado del escándalo de Odebrecht. Este es solo un breve panorama del gran impacto que ha tenido el caso Lavado de Autos en el país más grande de Suramérica. El 6 de febrero, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien se encuentra actualmente cumpliendo una pena, fue acusado de cargos adicionales que añadirían 13 años más a su condena actual. A Lula se le acusa de recibir dineros ilícitos durante su mandato de 2003 a 2010. Además de Lula, otras personas de su círculo cercano han sido acusadas y arrestadas por corrupción. Una de esas personas, Eduardo Cunha, expresidente de la Cámara de Diputados, ha estado en prisión desde 2016. Cunha es acusado de recibir un soborno de US$5 millones. Sin embargo, a pesar de su arresto actual, la fiscalía brasileña ha imputado cargos adicionales en su contra. Por su parte, Aécio Neves, exgobernador y candidato presidencial en 2014, es acusado de haber recibido sobornos a cambio de ofrecer apoyo a legislaciones que favorecían obras que eran del interés de Odebrecht cuando él ejercía como gobernador del estado de Minas Gerais. La investigación en torno a Neves está en curso mientras él mantiene una curul en el senado en representación de Minas Gerais. Por último, el expresidente Michel Temer (2016-2018) ha llamado la atención de los titulares, pues la policía federal de Brasil ha solicitado que se le impute por soborno y lavado de capitales. Según los funcionarios, mientras fue vicepresidente en 2014, Temer y su Partido del Movimiento Democrático Brasilero (PMDB) recibieron más de US$2 millones de Odebrecht. Ahora que Sérgio Moro, quien estuvo encargado de liderar la investigación Lavado de Autos, es el nuevo ministro de Justicia del presidente Jair Bolsonaro, la atención se centrará en la nueva legislación que ha propuesto para combatir la corrupción.

La vida y la muerte del sicario

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Esta es la historia de la vida —y la muerte— del “Grillo”. Cuando me concedió dos largas entrevistas en Apatzingán ya era notoriamente conocido como uno de los sicarios más despiadados de esta parte de la Tierra Caliente michoacana. Gente cercana a él me lo describió como un “psicópata excepcional” quien, asesinando, había aniquilado la compasión dentro de él. Encarnaba la cara más fea del conflicto interno mexicano. Pero ésta no había sido la suya siempre. Su integración al crimen organizado sucedió apenas al alcanzar la mayoría de edad. Le dieron a escoger: integrarse o morir. ¿En qué momento, entonces, dejó de ser víctima, si es que alguna vez lo fue? ¿Dónde exactamente se ubica esa frontera invisible y porosa entre lo perdonable y lo que jamás podrá serlo? ¿Pudieron haberlo salvado medidas de intervención, de desmovilización? ¿A sus víctimas? ¿Merecía apoyo?

*Este artículo fue editado para mayor claridad y publicado con el permiso de International Crisis Group. No representa necesariamente las opiniones de InSight Crime. Vea el original aquí.

Sin dar respuestas, la historia del Grillo condensa las mismas preguntas incómodas que formarán un debate constante, quizás dominante, en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador: el perdón y el castigo. Debate en el que chocarán reclamos de justicia contra una visión funcional de la construcción de paz, y que pondrá a prueba la elasticidad moral de la sociedad mexicana. Son las siete. La noche comienza a caer en el parque. Trae consigo una brisa que expulsa al calor, creando condiciones perfectas. Los primeros visitantes se han ido a cenar, pero varios aún disfrutan de lo que pinta como un domingo distendido. Hay movimiento: contracíclico, tímido. El juego es el siguiente: caminas con tus cuates, en grupos de dos, tres, cuatro, alrededor de los bordes del parque. Las chavas hacen lo mismo, pero en sentido contrario. Forzosamente, los caminos se cruzan una y otra vez. Hay miradas cargadas de hormonas insatisfechas; la presión del deseo es alimentada por la incapacidad de articular. Una minoría afortunada logra darse la mano, compartir una banca, palabras de afecto, el ensayo de un beso, quizá. Rituales adolescentes, aquí y en incontables otras comunidades de la República. Su juego, el del Grillo, es matar. ¿Por qué? Tal vez por ninguna razón en lo absoluto. De todas maneras, no puede expresarla. Tal vez no necesite explicarlo. Tal vez sólo somos nosotros los que nos lo preguntamos, cuando lo único que se necesita es hacerlo. Así de sencillo: acostumbrarse. Poca filosofía detrás. Pero trayectoria, sí. Y preparación: equilibrar la psique. Y órdenes de arriba del cerro, donde reside la decisión sobre la vida y la muerte en la Tierra Caliente, donde los amos de la guerra se atrincheran, buscando permanecer siendo la excepción de su propia ley. “Tendrás todo lo que deseas si lo buscas sin dudar, si concentras tu mente en ello, si lo visualizas”. Grillo recita la ley de la atracción, memorizada en los seminarios mediante los cuales La Familia buscó crear un ejército bajo el escudo de Dios. Aunque habla a corto plazo, ya le han pagado. Micha antes, micha después. Un bono de desempeño que complementa el salario base del sicario. La posibilidad de poder ganar algo distinto de casi nada. Le han dado instrucciones y una foto. Una cara. Pasó la noche en una casa de seguridad. Casa de seguridad suena elegante. Como el D.C. profundo, como Denzel Washington en una película mediocre de espías. Pero aquí son casas grises de tabique, sin pintar, sin terminar, agrupadas en decenas, cientos, miles, dependiendo del lugar. Las moradas de los económicamente jodidos. Así que se siente en casa. Adentro hay un viejo colchón, sin sábanas, sobre el que espera, viendo las paredes desnudas, matando tiempo en Facebook, subiendo una publicación de su Santita, la Santa Muerte, la patrona mística de los emisarios de la muerte.  
Un Templar comiendo tortillas de desayuno. Los locales atienden al grupo de narcos estacionados en su pueblo, suplementando su ingreso. Fuente: International Crisis Group
Había chavas. Bellezas locales. El vecindario tenía algo que ofrecer. Y estaban coqueteándole. Pero no se animó. Tenía que estar en el lugar indicado al día siguiente, astuto, profesional. Grillo se tomaba en serio sus encargos. Tiempo atrás podría haberlo visto como un juego profundo, pero de ninguna manera como un juego de niños. Ahora camina. Tiene una .38 escondida en la parte trasera de sus pantalones. La usará, como lo ha hecho antes. Ahora será con el güey de la foto. No sabe quién es. Y no le importa. Habrá hecho algo, seguramente. Una deuda sin saldar. Un intento de extorsión disfrazado de civilidad no correspondida es una buena teoría. A estas alturas todavía cree en los valores de “La Familia”. Y aún cree que cuando sube al cerro y baja con un nombre que debe ser tachado de la lista de la muerte, existen razones para que estén ahí. Cree que hay lógica, necesidad y justicia detrás de ello. Que sólo mueren aquellos que se lo merecen. Al menos es lo que se repite a sí mismo. Mejor que acabar en la lista él mismo, en cualquier caso. Una vez que estás dentro, estás dentro para siempre. El tipo del parque carece de rostro, excepto por el rostro de la fotografía, que sólo es una señal. Eso es suficiente para identificarlo. Pero necesita estar seguro. Dice su nombre cuando está a un par de pasos de distancia. El sujeto da la vuelta. Y con ello sella su sentencia de muerte. Grillo la entrega. Dos tiros a la cara. Siempre dos tiros. Tiene que estar seguro. La cara cae, y Grillo se inclina hacia ella. Parte de lo que hace, de su ritual. Justo como lo recreó en el callejón polvoso tenuemente iluminado de su barrio en Apatzingán —La A— donde nos sentamos junto a la cruz de hierro levantada por otra de sus víctimas, eliminada de la misma manera. Todo listo, no hay vida alguna que vaya a volver a éste. Se aleja. Un poco más rápido que antes, pero no corriendo, usando el pánico que ahora envuelve el parque para cubrirse. Tiene mucho tiempo que ha aprendido a mantenerse bajo control. Te acostumbras. A todo. Salvo al olor de la sangre; nunca logró ignorarlo por completo. A no sentir asco cuando era su turno de cortarle la oreja a algún tipo amarrado. Necesitaba hacerse, parte de la chamba. Nunca le gustó cómo la sangre se precipitaba e inundaba la habitación con su penetrante tufo a hierro. Y tampoco le agradaban los gritos. También inundan tu memoria, y permanecen. No es su estilo, prefiere matar rápidamente, de forma honorable. Dos tiros en la cara. Nada de cortar carne, nada de prolongar, nada de eso. Toda profesión viene con sus propias trampas. Pero ahora se ha convertido en una piedra. Lo han entrenado para eso, o es lo que me dice ahora que nos sentamos en un cuarto tan genérico y marginal como los de sus casas de seguridad. Sólo dos sillas rojas de plástico, el logo de Coca-Cola estampado en ambas, para acentuar el vacío, el barato ventilador blanco cómplice del calor inexorable aún a las 11:00 pm, y las palabras portadoras de cierta vacuidad desagradable al salir de la nada. Yo: tratando de maniobrar sus sensibilidades, los detonantes, posiblemente peligrosos, que pueblan su memoria. Sin saber en qué estado se encuentra. Él: disfrutando la atención inesperada, un poco perplejo que su historia genere el interés del güero. Mi nerviosismo da paso al sentimiento banal, familiar ahora, pero sin perder la capacidad de asombro. Nosotros: siendo interrumpidos por el enorme guardia nocturno a quien la presencia del sicario no agrada, y quien, careciendo de palabras, azota la reja de metal una y otra vez. No lo culpo. Grillo tenía cierta fama en esa parte del pueblo. E incluso, de no haberla tenido, no era el tipo de persona que quisieras tener cerca. El cristal se había quedado con lo mejor de él, sus ojos se habían retirado hacia el interior de su cráneo, su piel morena lucía como invadida por una niebla gris, y era tan delgada que se sostenía precariamente a sus protuberantes pómulos y parecía que podía reventar en cualquier momento. Apenas de 24 años, su cuerpo desnutrido se arqueaba como el de un jorobado. Se parecía a Su Santita, el tatuaje que le había dedicado como altar en la totalidad de su espalda, dibujado con poca destreza, formado por gruesas y raídas líneas negras. Y aun así nos entendimos. Le compro una Coca. Él proporciona palabras.
Una tarde de entretenimiento para los jóvenes locales de Aptzingar, Michoacán. Fuente: International Crisis Group
Grillo cruza una avenida cercana, concurrida a esa hora del día. Sigue el sentido del tráfico un momento, y aún puede ver la escena del asesinato —su escena— cuando se sienta en un banco de plástico en una taquería. Un solo foco cuelga de un alambre en el marco de metal, su luz reflejada sobre el mantel de plástico cubre el lugar con una pátina rojiza. La seriedad de la expresión del vendedor recuerda a la de un cirujano espinal mientras saca tiras de la masa de intestinos que burbujean en el caso de metal, como si todavía tuvieran que aceptar su destino. Las pica con un instrumento más parecido a un machete que a un cuchillo de cocina. Grillo pide cinco de tripa. Los pide con todo y el vendedor les coloca la mezcla de cilantro y cebolla. Grillo termina de prepararlos con cucharadas de salsa roja y les exprime un limón. A unos 150 metros de ahí la noche se llena de patrullas y ambulancias, oscilando nerviosamente entre el rojo y el azul. Grillo devora los tacos, paga y, como dictan sus modales, dice provecho al resto de los comensales, quienes observan la escena sin saber de qué se trata la conmoción, ignorantes sobre su autoría. Camina a un 7/eleven cercano por el postre: una bebida de yogur, sabor fresa. Es el final de su turno. *** Conocí a Grillo en el ocaso de su profesión. Debido a ello, su vida pendía de un hilo. Todo mundo lo sabía, él también. Aguarden: él aún lo sabe. Grillo entregaba muerte, avanzaba en la lista nombre por nombre. Había —sigue habiendo— tal cosa durante ese tiempo en la Tierra Caliente: una lista de gente a exterminar. Los de arriba del cerro no paraban de actualizarla. Sólo los malos, decían; sacrificios necesarios para los dioses del orden y la paz social. Pero también aquellos que no pagaban. Se tenía que poner el ejemplo. Y después más nombres, más y más. Por transgresiones distintas y percepciones de falta de respeto. Una palabra fuera de contexto o de lugar, una palabra que llegara a los oídos equivocados. O si no subías al cerro cuando te mandaban llamar. Cuando te mandan llamar, vas o vas. Sentido común. El negocio estaba en auge. Y para hacer la chamba La Familia necesitaba un pequeño ejército de muchachos como Grillo. A los 19 años fue deportado después de que a las autoridades del otro lado no les pareció que se volviera pandillero. Llegó a La A en 2010, fresco. Conocían su pasado de robos callejeros con cuchillo, antes de que escapara a la seguridad del norte. Lo recogieron y le dieron una opción: únete a nosotros o vuélvete un nombre en la lista. En ese entonces La Familia estaba intoxicada por sus propios valores, y se encargaba de que todos lo supieran. Seguro, estamos matando. Feo. Y sí, somos delincuentes. Pero comprendan, aquí hay un cáncer y el doctor anda fuera, borracho. Nosotros somos la quimio, y la aguja la insertamos nosotros mismos. Picará tantito, pero las cosas están de la chingada, ¿así que qué más se puede hacer? La forma era cortar, destazar, quemar, amputar y después rellenar, lo que hiciera falta. Ser creativos, y después colocar la creación en algún lugar público. Cuerpos como lienzos para demostrar el poder absoluto. Con su raterismo, no recibían mayor lástima de la población cuando el tratamiento descrito fue aplicado a ellos. Carne a cambio de orden. Funcionaba. El mensaje se extendió, dándole a la Tierra Caliente la fama de un agujero negro lleno de terror y sin escape, local, nacional, internacionalmente. Pero generó, también, suspiros de alivio. Finalmente podías dejar tu puerta abierta de nuevo. Y los medios sencillamente estaban fascinados: una narcosecta creando su propio reino. Así, tal cual, se creó una marca distinta a cualquier cosa hasta entonces nacida del narcosurrealismo mexicano. Ni desde entonces. La creación maestra. No eran estúpidos. Grillo tampoco. Se unió a ellos y se ganó la vida matando en el nombre de los valores Familiares. Hasta creía en ellos. Quizás por la ausencia de una familia propia. En algún lugar de la ciudad, una abuela, no ajena a la propagación del chisme, soportándolo apenas. Antes, una tía asesinada frente a su casa. Dos tiros a quemarropa. Tampoco había pagado. Su propio estilo, básicamente. Algo para encogerse de hombros, en otros casos, cuando te es ajeno. Pero traumático aquí. Corrió hacia la escena, el cuerpo aún en el piso. La Familia se volvió su familia. Por un momento, al menos, era su prótesis de pertenencia. Suficiente para tatuarse el código numérico que significa L F M en su antebrazo derecho. Vieron algo en él, dice. No un asesino cualquiera, sino uno que podía ascender en los rangos. Volverse algún día jefe de plaza, quizás con algo de suerte un patrón. O tal vez sólo había sido la misma promesa de gloria, poder y vida lujosa. La realidad es distinta. Duermes sobre las piedras, diluvia sobre ti, los alacranes salen y tienes chinkungunya o zika o el virus que vaya a surgir. Como novato te pagan siete “varos” al mes, que ni siquiera puedes gastar en chupe o compañía femenina porque tus comandantes suelen ser unos cabrones que no respetan tus días feriados ni fines de semana, que es cuando podrías presumir lo que has logrado. Eso y el pequeño milagro de que estos muchachos, con su delgadez de oblea, puedan realmente empuñar sus pesadas Kalashnikov yugoslavas para hacer la guerra en vez de, digamos, desplomarse y mandarlo todo al carajo.
Un miembro de la Fuerza Rural hace guardia en un punto de control adentro de un territorio de un cartel. Fuente: International Crisis Group
Pero Grillo no nota nada de esto, todavía no. Sobresale. “Le dijo al patrón: la mayoría de ellos no sirven para nada. Se ve que el único chingón es Grillo”. El Dragón lo dice. Y El Dragón no es un cualquiera. Sus palabras pesan. Es un antiguo soldado de elite, traído de Guatemala. Donde él y sus hermanos de armas del hijo bastardo de la contrainsurgencia estadunidense, los kaibiles, masacraron aldeas indígenas y todo aquello que les oliera a comunismo durante los ochenta. El Dragón es un chingón también. Después vinieron los acuerdos de paz, la desmovilización, el desempleo. Y habilidades que no se estaban utilizando. Una ineficiencia vergonzosa. Pero el mercado no deja que nada se desperdicie. La Familia envió emisarios al sur. Trajeron con ellos a los quema villas, los corta gargantas, los moradores de la selva. Llegaron a hacer lo suyo en Michoacán. Aunque principalmente a enseñar a Grillo y los otros muchachos a volverse un poco como ellos. El Dragón se vuelve el padre de Grillo en esa nueva familia suya. “Tuvo fe en mí”. Le enseña a caminar. “Me acercó a él. Me enseñó movimientos estratégicos, combate cuerpo a cuerpo”. Le enseña a manejar esos juguetes. “Me hice profesional en el manejo de las armas. Me entrenaron como francotirador, a manejar granadas y explosivos”. Lo vuelve un pistolero hecho y derecho a los 19 años. Un hombre. “Me encantaba conocerlo todo, cómo estábamos avanzando y cómo crecía nuestra influencia en las comunidades”. Avanza en la organización y lidera células de 15 combatientes en confrontaciones con grupos rivales y fuerzas del Estado. Un sicario de élite en formación, llega incluso a fungir de guardaespaldas de los meros meros de La Familia. Y gana algo extra matando a pedido. La muerte es un bien demandado. La vida, dorada. *** Hasta que deja de serlo. Las cicatrices que atraviesan su espalda lo demuestran, dos docenas de líneas de tejido, visibles aún. El cable eléctrico cortó su piel y llegó a su carne. En lo profundo de La Muerte, de su Santita. Lo azotaron por horas, le quemaron agujeros con cigarros. Todavía puede protegerlo. Pero sólo un rato más. Los asuntos Familiares habían salido mal, un divorcio la había dividido. El primer grupo, más pequeño, se mantenía leal a uno de los apás y a la marca original de La Familia. Este apá era José de Jesús Méndez, “El Chango”. Al cofundador de La Familia se lo habían chingado en serio. O eso dice su madrina, notablemente deprimida por lo que había sucedido, aguatando las lágrimas, con su Nescafé sin tocar en frente de ella. No culpa al otro apá, Nazario —”Chayo”, el fantasma, el más loco— tanto como culpa a Servando —La Tuta, El Profe—. Fue él quien escogió a Chayo e inclinó el equilibrio de poder, volviendo al Chango una cosa del pasado. El fantasma todavía no inicia su cacería cuando “El Chango” intenta apoderarse del imperio. Con Nazario contra la pared, o mejor dicho entre las llamas de Tierra Caliente, se niega a enviar refuerzos. Es el último, desesperado, esfuerzo de Calderón por terminar con ellos, por salvar su legado, y los Black Hawk sobrevuelan donde realmente duele, al sur del río, la última línea de defensa. Hay muchas bajas y, como parte de esa oleada, Nazario finge su propia muerte. El Chango intenta el golpe. Para muchos, traición pura y simple. Del tipo que desgarra a cualquier familia. La madrina dice que todo es un pretexto, por supuesto. Juego de poder, geopolítica: control de recursos, humanos y naturales, por el medio que sea necesario. A vuelo de pájaro. Abajo en la tierra es hijos contra hijos, línea contra línea. Grillo se vuelve Templario, miembro de la línea de Nazario y Servando antes de siquiera poder considerar deshacerse del tatuaje de su antebrazo, que apenas se había hecho hace algunos meses. Hace una semana habría estado echando copas y quizás peleando con alguno de los muchachos del Chango por haber hecho trampa en el póker, pero nada más. Todos habrían salido como hermanos. Ahora estaban intentando volarse los sesos. Ese era el nivel de estrés. Y bajo estrés las cosas se ponen feas. Feas como participar en una redada sorpresa en la noche en una casa de seguridad en la montaña, donde matan a 14. No lo vieron venir, estaban dormidos cuando los atacaron. No los conocía. Carecían de rostro aun cuando vio cómo los quemaban en una pira de madera, alimentada de gasolina para que hiciera lo que tenía que hacer. “Con toda esa muerte a tu alrededor ya no sientes nada. Si lo hiciera me volvería débil”. Eso, muchacho. Allí está esa piedra. Feo como ver a 20 de tus hermanos —aquellos que aún lo son— caer en una batalla de cuatro horas en la montaña, quemados y lanzados al río. No por sus hermanos vueltos enemigos, sino por su propio comandante. “Ni siquiera tuvieron un funeral. No valíamos nada. Estábamos peleando sin reconocimiento por una causa que nadie conocía”. Y entonces piensas: “Hey, ¿y toda esa mierda sobre la vida lujosa, sobre La Familia, sobre nuestra importancia, sobre luchar por una causa? ¿Dónde está eso ahora? “Antes luchábamos por algo. Después fue sólo porque [los changos, los más locos, los profes] querían chingarse unos a los otros. Pero nosotros poníamos los muertos”. El ascenso estelar del sicario estrellándose, la vida había dejado de ser dorada. *** Grillo escapa, de vuelta a La A. Su muerte ahora es demandada. Y lo sabe. No hay de otra. La deserción se paga con la pena capital. Hizo un juramento de sangre al respecto. “Esta es mi tierra. Mis abuelos y mis tíos están enterrados aquí. Y aquí es donde voy a morir”. Las rocas se vuelven el refugio de Grillo. Duerme entre ellas, en el punto más alto de su barrio, desde donde ve las luces del valle abajo. Piensa que lo mantendrá a salvo, que la vista le dará tiempo de reaccionar, como lo harán los vecinos que le avisarán si algún extraño entra. El sicario fugitivo da por sentada la solidaridad. “Son mi gente”. Pero nadie viene. Por ahora. La sentencia de muerte ha sido suspendida. Abajo, el divorcio hostil ha devenido en una guerra civil. Y mientras Grillo puede estar en una situación difícil, Los Templarios —aquellos que aún no usan la playera blanca de las autodefensas como señal de inocencia o reformación— están siendo aplastados. Las sangrientas traiciones familiares, siendo como son, no dejan tiempo para que nadie se preocupe por una pequeña presa como él. Por ahora. Habrá tiempo. Extrañas alianzas se forjan alrededor de las armas —autodefensas genuinas, templarios con playeras blancas, guachosazules— recorren Tierra Caliente buscando templarios aún en activo. Derraman balas. En el corazón del territorio de La Familia. En cráneos. A falta del Santo Nazario, en sus altares. Arranco un casquillo de AK-47 de la pared. “Chinga tu madre, Chayo, ya yegó La Ruana” (sic), el grafiti en otro altar anuncia una venganza largamente deseada. El aire del valle está lleno de polvo. Tan denso que casi podría ocultar a Grillo, sus traiciones, sus crímenes. Casi. Pero Grillo no puede escapar del abismo. Lo levantan los guachos. Un periódico local llena de adornos su nota sobre Grillo, puro color y miseria, esposado, arrinconado en una banqueta, escondiendo su rostro de la cámara. Entregado por “su gente”. Un templario más fuera de las calles. Un templario utilizable. A los guachos no les sirve para nada. Pero seguramente a alguien más sí. A “Los Viagras”. Ahora bien, Los Viagras no escogieron la testosterona por nombre sólo porque sí. Captura la esencia de su modelo de negocios: Puro adelante. De matones de zetas a matones de La Familia a matones de los templarios. Toda una carrera. El nombre captura, también, su aspiración de volverse algún día la mera verga. Las condiciones eran ideales. El Estado había fracasado en dos ocasiones en sus intentos de controlar a los michoacanos con acción militar directa, resultando en ríos teñidos de rojo por la sangre de policías muertos entre otros desastres. Así que ahora, con los ojos del mundo colocados sobre el corazón del territorio, necesitaban intentar algo distinto. Y al no poder conquistar decidieron dividir el desmadre en partes menos palpables, y esperar a que el problema de imagen se solucionara, aunque fuera por un momento. Resultó que en este narcomundo vuelto guerra civil todos, el gobierno federal incluido, necesitan a los puros adelantes. Y Los Viagras eran los tipos indicados. Sólo necesitaban armas, vehículos, inteligencia, apoyo operacional. Y entonces tienes a templas matando a templas, templas lanzando a templas a zanjas, debilitándose mutuamente. Y el costo disminuye, sobre todo el mediático. Porque es el bien contra el mal y tú estás del lado correcto, de alguna manera. Geopolítica en su mejor expresión. Como parte del botín, Grillo se encuentra atado en la parte trasera de una camioneta militar, siendo transportado a lo que asume es una base, el bote, o alguna otra instalación estatal. Pero cuando las puertas se abren y sus ojos se ajustan a la luz, se encuentra frente a un patio que nada tiene de oficial, lleno de tipos armados que tampoco tienen nada de oficiales y que toman el control y se lo llevan a un cuarto trasero. Paredes grises, pelonas, sin yeso ni pintura, otra vez. Sólo que esta vez a él le toca recibir. Lo atan a una silla, lo dejan solo un momento en el ocaso. Sabe qué es lo que sigue. La golpiza comienza. Dos de ellos lo rodean. Le escupen palabras y saliva. Luego los cigarros. El cable. Por horas. Las cicatrices. Nada de esto siquiera hace falta a estas alturas. No hay nada más en Grillo que pueda quebrarse. Está listo para renunciar a todo. La lealtad que tuvo ya lo ha abandonado. Desde que mataron a El Dragón, una baja más de la paranoia que reina en la narcovida, pero imperdonable para él. No hay nada más en él desde que botaron esos cuerpos al río, desde que se dio cuenta de que a la causa que servía no era más que una estafa. Así que accede. De ese momento en adelante la situación es tranquila, para sus estándares: caravanas de pick-ups en la sierra buscando a Servando, esquivar un par de tiros, nada grave. Había tiempo y ambiente para posar —aún guardaba las fotografías— con viejos amigos y armas nuevas, con playeras azules, el color de la Fuerza Rural, la fachada del día. *** Cuando terminan con él, lo lanzan al agua. Pero no tardan en levantarlo de nuevo. “En cualquier otro lado del mundo los psicópatas son un problema. Pero aquí son un activo”, dice el consultor del grupo que lo jala esta vez. Nominalmente a cargo, lidera un experimento tambaleante: las autodefensas de Apatzingán. Grillo es valioso para ellos. Un psicópata, quizás, pero útil. Lo tienen bajo control, desarmado. Les provee el conocimiento esencial de la estructura templaria, y mantiene su vida a cambio. Ese es el trato. Es la única protección que le queda. Por el momento, un consejo dota de precaria cohesión a la plétora de actores abriéndose camino en la Tierra Caliente postemplaria. Pero disputas internas la están destruyendo. El debate se centra en las maneras válidas de conseguir financiamiento para sueldos y gasolina. “Todos son narcos”, dice el consultor. También lo dice Grillo. Pero dentro de ese espectro está ocurriendo una guerra cultural: trabajar o robar. Mantener las operaciones limpias o volverse lo mismo que oficialmente están combatiendo: depredadores, extorsionadores. No existe razón, de acuerdo a los adelantes, para desocupar una posición que está, ya y forzosamente, siendo ocupada por nuevos actores —entre ellos agentes de la PGR. Un día, en el consejo, las armas reemplazan a las palabras. Puestas sobre la mesa, anuncian el regreso al pasado, de más de lo mismo. Es el fin del diálogo, el fin de la estructura. Sigue el reacomodo de fuerzas, de nuevo desatadas. Después de una breve interrupción, la narcoguerra de baja intensidad vuelve con más fuerza. Una nueva lista de la muerte, un nuevo ciclo de asesinatos actualizado al día. Es el fin de la protección del Grillo.
Grillo, antes de re-actuar como mato a su victima en ese mismo sitio. Fuente: International Crisis Group
Regresa a las rocas. Me invita a que lo acompañe, me muestra el camino, junto a la cruz de hierro, hasta llegar a su último refugio. Platicamos un rato más. Después, mientras me da la espalda, se eleva el humo del foco que le sirve como pipa improvisada de piedra. Su mente se desvanece, pero me quedo, dando sorbos de mi lata de cerveza. Rompo el silencio con preguntas, busco provocar el diálogo, detalles al menos. Pero se siente extraño. Yo atento y él completamente ido. Los intervalos se vuelven eternos; el tiempo, esquivo. Digo que me tengo que ir. Miradas extrañas. Los taxis —tendría que haberlo sabido— evitan el área. Con más razón a las tres de la mañana. Parte del motivo son los amigos del Grillo, a quienes vemos cuando llegamos a la parte donde comienza el pavimento. Solían hacer, me dice Grillo, lo mismo que él. Pero ahora son independientes. Sus motos son el nuevo símbolo de la inseguridad de La A. Son los motosicarios los que me sacan de ahí. Grillo se queda atrás. “Esta es mi tierra. Mis abuelos y mis tíos están enterrados aquí. Y aquí es donde voy a morir”. Y ahí muere, seis meses después, baleado en una esquina. Todo cubierto por un fino polvo café salvo por la alberca de sangre que brota de su cabeza. Un tiro. Limpio. Lo habría aprobado. Sin cortar, sin prolongar. La manera honorable. La nota roja le dedica una fotografía y ocho líneas de texto. He visto escenas como ésa miles de veces, pero nunca había sentido familiaridad. Estoy sentado en mi escritorio, incomprensiblemente lejos, viendo la lluvia inglesa. Pero venden whisky en la tienda de abarrotes. Camino.

*Este artículo fue editado para mayor claridad y publicado con el permiso de International Crisis Group. No representa necesariamente las opiniones de InSight Crime. Vea el original aquí.

El fentanilo en México explicado en 8 gráficos

El uso del fentanilo experimenta un auge en Estados Unidos. Con apoyo del Instituto de México del Centro Internacional para Académicos Woodrow Wilson, InSight Crime trazó la cadena de distribución, y el papel de las organizaciones criminales mexicanas en el negocio, en nuestra serie sobre el fentanilo. A continuación encontrará las gráficas con las que ilustramos la realidad de este segmento.    El alarmante aumento de las muertes por sobredosis de opioides sintéticos y el alza paralela de la presencia del fentanilo muestra la rapidez con la que puede tumbarse una oferta y demanda de drogas consolidadas en el mercado. En una aplicación cruda de la teoría del libre mercado, el fentanilo es el producto más nuevo, de menor precio y el más fácil de elaborar. La demanda se ha desbordado, y los consumidores pagan el precio por miles. El fentanilo y sus precursores se producen en numerosas plantas químicas en China, se trafican por medio de puertos mexicanos y se transportan hasta la frontera y se introducen a Estados Unidos usando grupos mexicanos consolidados, por tierra, mar y aire. Pero también pasan directamente de China a Estados Unidos por el servicio postal, lo que amenaza con sacar del negocio a los grupos mexicanos de manera definitiva. La mayoría de los decomisos de fentanilo en México entre 2013 y 2018 ocurrieron en los alrededores de los cruces fronterizos de Tijuana y Nogales o en los estados de Baja California y Sonora. Ese mismo corredor está tradicionalmente bajo el control de algunas de las organizaciones criminales más grandes de México. Aunque parecen jugar un papel importante en el negocio, grandes grupos criminales como el cartel de Sinaloa y el cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), no son operadores monolíticos. Más bien, dependen de subcontratistas especializados en toda la cadena de distribución.   Datos de decomisos de acceso público de Aduanas y Protección de Fronteras (CBP), Investigaciones de Seguridad Interior (HSI), y autoridades locales muestran aumentos importantes de los decomisos de fentanilo en Estados Unidos y a lo largo de la frontera con México, lo que indica un incremento del rol que desempeñan los grupos criminales en el negocio. El consumo de fentanilo es más fuerte en el noreste de Estados Unidos, donde pandillas dominicanas han controlado tradicionalmente el merado de la heroína en polvo blanca que se mezcla bien con el fentanilo. Estos grupos criminales han trasladado sus operaciones a poblaciones más pequeñas y están transformando sus ventas para  concentrarse en sustancias con fentanilo únicamente, lo que poco a poco va sacando por completo a la heroína. La versatilidad del fentanilo y lo adictivo de su naturaleza han contribuido a su popularidad entre los grupos narcotraficantes, que cada vez más están mezclando fentanilo con una cantidad de fármacos legados para aumentar sus ventas. Los consumidores finales, en muchos casos, no saben que están consumiendo fentanilo. Este artículo hace parte de una serie sobre la creciente demanda del fentanilo y sus fatídicas consecuencias, realizado con apoyo del Instituto de México en el Centro Internacional para Académicos Woodrow Wilson. Consulte toda la serie aquí.

Fin de la heroína es una mala noticia para focos del fentanilo en EE. UU.

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El 22 de octubre de 2018, las autoridades de Estados Unidos pararon a un ciudadano dominicano que se identificaba como Angel Javier Morell-Oneill, cuando conducía en Methuen, Massachusetts. Lo investigaban desde junio de 2018, según un comunicado del Departamento de Justicia. Tras una pesquisa en su auto encontraron dos kilos de fentanilo en el asiento trasero. El hallazgo era turbador, pero no inusitado. El noreste del país encabeza el consumo nacional de fentanilo, según datos recolectados por autoridades antinarcóticos (vea el gráfico siguiente). Y el fentanilo se ha convertido en el estupefaciente preferido, que ocasionó cerca de 30.000 muertes por sobredosis en 2017. En esta ocasión, las autoridades también hicieron efectiva una orden de cateo en el apartamento de Morell-Oneill, en Pleasant Valley Street, Methuen, donde hallaron otros 30 kilos de fentanilo, la mayoría envueltos en paquetes de un kilogramo, ocultos por todo el lugar. Las drogas, según el Departamento de Justicia, tenían un valor estimado de US$29 millones. Además, encontraron una pistola de 9 mm Millennium G2, municiones y una careta antigás.

Este artículo hace parte de una serie sobre la creciente demanda de fentanilo y sus mortales consecuencias, que fue realizada con el apoyo del Mexico Institute, del Woodrow Wilson International Center for Scholars. Vea la serie completa aquí.

Mientras vigilaban el apartamento, las autoridades también observaron y detuvieron a José Rodríguez, cuando llegó con US$20.000, que según los fiscales estadounidenses representaba “la mitad de los costos de transporte de un cargamento de narcóticos” para Morell-Oneill. Estos dos personajes hacen parte de un numeroso grupo de dominicanos repartidos en todo el noreste de Estados Unidos, cada vez más en ciudades pequeñas como Methuen, de 50.000 habitantes, y Lawrence, de 80.000, lugares que un agente de la DEA describió como el “epicentro” de la distribución de fentanilo, adonde llegan los dominicanos usando identificaciones falsas, como fue el caso de Morrell-Oneill. “Ellos son dueños de la tierra”, comentó el oficial a InSight Crime, haciendo referencia a los dominicanos. El agente señaló que las redes dominicanas usan un proceso rudimentario —procesadores de alimentos, purificadores de aire industriales y “narcan”, la naloxona usada para contrarrestar los efectos de la sobredosis de opioides— para mezclar heroína con fentanilo o simplemente eliminan por completo la heroína, pues el fentanilo es bastante fuerte. “Muy pronto, dejará de hablarse de la heroína”, anunció. “Nunca volverán a la heroína”. Sin duda; hoy por hoy es cada vez más común que se mezcle el fentanilo con adulterantes y se venda como si fuera heroína, sin que haya heroína en el producto. Esta observación está respaldada por los datos de la NFLIS, que muestra que en 2016 las trazas de solo fentanilo superaron de lejos la heroína cortada con trazas de fentanilo. Entrevistas con agentes locales de la policía y de salud pública en estas regiones para nuestra investigación sobre las redes de tráfico de fentanilo indican que las sustancias de la familia del fentanilo se han convertido en una sustancia única y dominante en los mercados locales de opioides, y que los grupos criminales también la están introduciendo en los mercados locales en auge de pastillas de venta controlada, cocaína y metanfetaminas para ampliar la población dependiente de los opioides y el fentanilo. “El fentanilo se está usando para mezclar una amplia variedad de estupefacientes, marihuana incluida, y debido al [alto] poder adictivo de […] algo como el fentanilo, la gente se vuelve rápidamente dependiente de la droga. Y eso lleva a que se despierte la necesidad, aun cuando no se sepa que es el opioide, se sentirá la necesidad de la droga con la que se experimentó aquella sensación”, explicaba la doctora Nora Volkow, directora del Instituto Nacional contra el Abuso de Drogas (National Institute of Drug Abuse), en una conferencia reciente organizada por Animal Político. Esta opinión la comparte un oficial de la policía local del condado de Hamilton, en Ohio. “La mitad de las sobredosis por metanfetaminas y basuco [en el condado de Hamilton] contenían fentanilo”, le relató el agente a InSight Crime. “Los opiáceos sintéticos son las principales fuentes de ingresos para la mayoría de los carteles, ya que son a lo que es adicta la mayoría y se puede llegar a diferentes grupos demográficos comenzando a mezclar fentanilo con cocaína y metanfetaminas”. Cabe destacar que según la Evaluación Nacional 2018 de Amenazas por Drogas, son los mayoristas criminales en Estados Unidos, no en México, quienes al parecer están mezclando las drogas con fentanilo en el país. “Aunque muchas veces se hacen decomisos de fentanilo como parte de cargamentos de varios narcóticos (por lo general, cocaína, heroína y metanfetaminas), las mezclas de fentanilo con otras drogas ilícitas son muy raras en el mercado mayorista”, escribió la DEA. “Eso indica que la mezcla de fentanilo con otras drogas ilícitas se hace con mayor frecuencia dentro de Estados Unidos, y no es representativa de ninguna estrategia definitiva de alguna organización criminal transnacional mexicana”. Sin embargo, los grupos mexicanos han prestado atención al auge en el consumo de la droga, dicen las autoridades. Un kilo de fentanilo puede generar hasta US$1,3 millones, mientras que un kilo de heroína puede generar US$75.000, comentó el agente de la DEA en New England. En vista de los márgenes de ganancia, es probable que las organizaciones mexicanas estén ingresando al negocio mayorista en el noreste de Estados Unidos, comentan la DEA y fiscales estadounidenses. Las autoridades temen que se haya iniciado una lucha violenta por el poder. “Sabemos quién ganará esa pelea”, sentenció un fiscal estadounidense, haciendo referencia al poder de fuego de los grupos mexicanos.

Este artículo hace parte de una serie sobre la creciente demanda de fentanilo y sus mortales consecuencias, que fue realizada con el apoyo del Mexico Institute, del Woodrow Wilson International Center for Scholars. Vea la serie completa aquí.

Cartel de Santa Rosa de Lima en México podría tener los días contados

El Cartel de Santa Rosa de Lima (CSRL) está detrás del recrudecimiento de la violencia en el último año en el estado de Guanajuato —en el centro de México—, en medio de un enfrentamiento a muerte con el cartel de CJNG. Pero recientemente el jefe del grupo se atribuyó una amenaza contra el presidente Andrés Manuel López Obrador, que puede haber ido muy lejos y llevar a las autoridades a descargar toda su fuerza sobre esta organización criminal. A finales de enero, dejaron una “narcomanta”, una amenaza de las pandillas de drogas escrita en un cartel cerca de la refinería de Pemex en Salamanca, Guanajuato. Al parecer estaba firmada por el jefe del CSRL, José Antonio Yépez Ortiz, alias “El Marro”, y hacía una advertencia a López Obrador: retire las fuerzas de seguridad de Guanajuato o “gente inocente morirá”. De inmediato el fiscal general de México abrió una investigación sobre el particular y declaró que era una reacción del CSRL a los planes de López Obrador de ir contra el desaforado robo de combustible, o huachicoleo, en México. El día después del descubrimiento, El Marro negó ser el autor de la amenaza y culpó a sus rivales del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) de tratar de incriminarlo.

VEA TAMBIÉN: Noticias y perfil del cartel Jalisco Nueva Generación

Pero salir a negarlo no ayudó a aliviar la presión sobre el cartel. Ahora las autoridades están mirando con atención la historia de El Marro e identificando la estructura de mando del cartel.  El CSRL es responsable de gran parte del robo de combustible en el estado de Guanajuato, y ha llegado incluso a bloquear vías con vehículos en llamas para impedir que el ejército llegue a los ductos de donde se está extrayendo la gasolina. El CSRL también está intentando expandir su influencia. Las poblaciones que tiene bajo su control son las plataformas de lanzamiento ideales hacia los estados de Querétaro e Hidalgo, también codiciados por los huachicoleros. Cualquier incursión, sin embargo, bien puede atraer más atención del gobierno.

Análisis de InSight Crime

El cartel de Santa Rosa de Lima parece ser uno de los primeros grupos que surgió de la fragmentación de organizaciones criminales más grandes y está consolidándose como actor en propiedad en el panorama criminal mexicano. El grupo, que surgió en 2017, ha podido fortalecerse rápidamente concentrando sus actividades en una economía criminal: el huachicoleo. Eso le ha permitido concentrarse en el llamado “triángulo rojo del robo de combustible”, una región delimitada por las ciudades de Apaseo El Grande, Salamanca, León, Irapuato y Celaya, así como la pequeña población de Santa Rosa de Lima, cuyo nombre tomó. Con la refinería de Pemex en Salamanca, hay muchos oleoductos distribuidos en esta zona. El predominio del cartel en esta región puede observarse en el hecho de que El Marro ha sentido la confianza suficiente para enfrentarse al CJNG, más grande y poderoso, que también tiene fuerte presencia en Guanajuato. El CJNG entró a Guanajuato en 2015 para robar combustible para ellos, lo que llevó a los grupos locales pequeños y fragmentados a unirse y contraatacar. Ello derivaría a la larga en el cartel de Santa Rosa de Lima. El Marro lleva casi una década dedicado al robo de combustible, pero cobró notoriedad en octubre de 2017 tras enviar una advertencia al CJNG.  En un video, los maldice y los conmina a mantenerse fuera de Guanajuato justo antes de que los encapuchados que lo rodean disparen sus armas al aire. Desde entonces, la sangrienta guerra entre ambos grupos ha disparado la violencia en el estado, y los llevó a clasificarse como una de las regiones más letales de México en 2018.

VEA TAMBIÉN: Lucrativa industria de robo de combustible recrudece violencia criminal en México

Aun en medio de la contienda, el CSRL ha mostrado una sorprendente resiliencia, con una veloz expansión por su territorio, lo que le ha permitido echarle el ojo a los estados vecinos. James Bosworth, fundador del grupo de consultoría Hxagon, escribía en su Informe de riesgo para Latinoamérica, el 14 de febrero, que el CSRL “tiene ambiciones de convertirse en un grupo criminal multiestatal comparable a algunos de los más grandes del país”. No es seguro si El Marro lanzó la amenaza contra López Obrador, o si fue un ardid del CJNG. Pero de cualquier forma, el futuro se dibuja difícil para el CSRL. La fuerza localizada del grupo es también su debilidad. Al contrario del CJNG, ellos no pueden depender de fuentes de ingreso variadas y consolidadas, o trasladar sus operaciones a otra zona cuando una base de poder se ve en peligro. Ha habido informaciones de la participación del CSRL en redes de extorsión y tráfico de drogas, pero no ha consolidado esas actividades. Al parecer el CSRL depende tanto del robo de combustible que la amenaza que se atribuyó a El Marro se refería de manera específica a la instalación de Pemex en Salamanca como “su refinería”. El CSRL no es el único cartel que amenazó recientemente a López Obrador. Estas crecientes muestras de rebeldía pueden leerse como un intento de intimidar al nuevo presidente, quien ha declarado que no está en guerra con los carteles. Pero como concluye Bosworth, el presidente “no ha priorizado operaciones de alto valor como parte de su estrategia de seguridad, pero la amenaza personal específica puede haber llevado a la administración a hacer una excepción en este caso”.

Bioquímico búlgaro en México muestra el futuro del fentanilo

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En enero de 2018, las autoridades estadounidenses comenzaron a seguir al bioquímico búlgaro Antov Petrov Kulkin, de quien creían que manejaba un pequeño laboratorio de fentanilo y carfentanilo en México. El fentanilo, un opioide sintético, se ha extendido en los últimos años en Estados Unidos. En 2017, casi 30.000 personas murieron por sobredosis de esta sustancia. Su potencia podría cambiar el rumbo de la industria de drogas ilícitas. Pequeñas cantidades implican menos riesgo en los procesos de producción y transporte, pero siguen generando ganancias importantes. La producción de fentanilo es relativamente sencilla y económica, lo que abre la puerta para que grupos menores ingresen al segmento usando espacios reducidos y moviendo pequeñas cantidades por medio de la web oscura. No hay duda de que las entrevistas y el testimonio de los representantes del gobierno federal durante nuestra investigación  sobre las redes de fentanilo indican que el tráfico de la sustancia en pequeñas cantidades usando el sistema postal tradicional podría representar “el futuro del problema de las drogas en Estados Unidos”, según la Comisión de Estados Unidos en Helsinki.

Este artículo hace parte de una serie sobre la creciente demanda de fentanilo y sus mortales consecuencias, que fue realizada con el apoyo del Instituto México, del Centro Internacional para Académicos Woodrow Wilson. Vea la serie completa aquí.

Otros funcionarios consultados también nos comentaron que este podría ser un momento decisivo, en que las organizaciones narcotraficantes jerárquicas que han dominado el negocio de las drogas puedan dejar de detentar el monopolio de la oferta de drogas ilícitas. En algunos aspectos, el fentanilo es como el mercado de microchips para computadores. Existe el potencial de productores para crear análogos cada vez más pequeños, lo que reducirá la necesidad de usar grandes infraestructuras criminales que despachen el producto a sus consumidores. Eso es lo que está sucediendo: se estima que el carfentanilo, análogo del fentanilo, es 100 veces más potente que este último, y se ha detectado en lugares tan diferentes como San Diego y New Hampshire, según relataron agentes antinarcóticos estadounidenses en intercambio con InSight Crime. Los reportes de carfentanilo también han pasado de cero en 2015, a más de 6.000 reportes de casos en 2017. Kulkin entra en escena Trabajando encubiertos, múltiples agentes antinarcóticos estadounidenses en Nueva Inglaterra, California, Santo Domingo y Tijuana comenzaron a interactuar con su red. Eventualmente, de manera encubierta sostuvieron encuentros secretos con el proveedor en Santo Domingo y Tijuana, compras de pastillas en California. La investigación condujo a decomisos en California y al descubrimiento de conexiones entre la red de Kulkin y el cartel de Sinaloa, incluyendo derivaciones de otras redes de distribución relacionadas con los de Sinaloa que operaban en Estados Unidos. En agosto de 2018, agentes antinarcóticos estadounidenses, en conjunto con autoridades mexicanas, desarrollaron una estrategia para detener a Kulkin en México, así como otros eslabones de su red de distribución en Massachusetts. Y en septiembre de 2018, después de localizar su apartamento en Mexicali, las autoridades mexicanas arrestaron a Iván Arredondo-Ramírez, quien trataba de sobornar a los agentes para que lo dejaran libre antes de ser puesto bajo custodia. Posteriormente, Arredondo-Ramírez admitiría ser el superior de Kulkin. Poco después, las autoridades detuvieron a Kulkin y hallaron el laboratorio de fentanilo y carfentanilo. Allí se incautaron de 20.000 píldoras falsas y una prensa para pastillas, entre otros objetos, que Arredondo-Ramírez y Kulkin usaban presuntamente para producir pastillas falsas, las cuales vendían en Estados Unidos. Esta forma de píldora falsificada parece ser el actual vehículo preferido para los traficantes en México. De nueve decomisos de fentanilo efectuados en agosto de 2018 a lo largo de la frontera con San Diego, por ejemplo, cinco estaban en presentación de píldoras, mucho más que en los meses anteriores. En total, las autoridades estadounidenses a lo largo de la frontera entre San Diego y Tijuana afirman que las píldoras falsificadas representaron más del 30 por ciento de los decomisos totales de fentanilo en el año fiscal de 2018, más que el cinco por ciento decomisado en el año fiscal 2017. Ellos creen que la tendencia ascendente continuará, pues muchos consumidores de fentanilo no buscan la peligrosa droga de manera deliberada, y por los altos retornos que genera. Según el Grupo de Trabajo sobre el Fentanilo, una agrupación de organismos de la ley que trabajan fuera de la jurisdicción de San Diego, un kilo de fentanilo, con un costo de US$32.000, puede producir un millón de píldoras falsificadas con un valor de US$20 millones en las calles. El mercado criminal para las drogas falsificadas es ya enorme y las barreras para su ingreso son relativamente pocas. Las Naciones Unidas estima que hasta un tercio de los fármacos de prescripción en todo el mundo son falsificados. En el caso de México, los primeros indicios eran que grupos criminales de menor envergadura con operaciones a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México estaban montando “carteles de fármacos” y ofreciendo sus drogas por internet. Los grupos criminales más grandes les cobraban impuestos por operar, en lugar de ejercer control en aquel tiempo. Eso podría cambiar, especialmente ahora que los grupos criminales más grandes pierden hegemonía en otros mercados criminales y buscan competir en mercados nuevos, como el del fentanilo. En enero, autoridades judiciales estadounidenses en Boston dieron a conocer el pliego de cargos contra Kulkin y su cómplice, donde los acusaron de tráfico de carfentanilo.

Este artículo hace parte de una serie sobre la creciente demanda de fentanilo y sus mortales consecuencias, que fue realizada con el apoyo del Instituto México, del Centro Internacional para Académicos Woodrow Wilson. Vea la serie completa aquí.

¿Conexión con Cartel de Sinaloa en Buffalo, Nueva York?

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Los pepinos de mar comenzaron a llegar. Y luego llegaron más y más. A los investigadores les pareció demasiado pepino de mar para ese rincón del noroeste del estado de Nueva York. Como declararon más adelante los fiscales estadounidenses en una acusación, los cargamentos contenían algo más que la pequeña delicia de los arrecifes marinos, apreciada en Asia porque, además de sabrosa, provee potencia sexual. En ellos se camuflaban los cargamentos de varias drogas, entre las que se encontraba el fentanilo, un mortal opiáceo sintético. Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (Centers for Disease Control and Prevention, CDC) estiman que en 2017 en Estados Unidos murieron más de 47.000 personas por sobredosis con opioides —28.000 de esas muertes por opioides sintético—, lo cual, según los CDC, ha sido en gran parte resultado del aumento en el abuso del consumo de fentanilo.

Este artículo hace parte de una serie sobre la creciente demanda de fentanilo y sus mortales consecuencias, que fue realizada con el apoyo del Mexico Institute, del Woodrow Wilson International Center for Scholars. Vea la serie completa aquí.

Los cargamentos ingresaban por México a San Diego y de allí eran enviados por vía aérea a Buffalo, donde se separaban para ser distribuidos en varias partes de Nueva York. Según dijeron las autoridades estadounidenses, este tráfico “convirtió a la ciudad de Buffalo en la zona cero del tráfico de fentanilo y heroína en el estado de Nueva York, promoviendo la drogadicción, las sobredosis y los crímenes violentos”. Específicamente, la acusación señala que “los palés que contenían narcóticos ilegales se ocultaban en contenedores sellados con aislantes de aerosol o espuma para evadir la detección de los organismos de seguridad”. Durante algún tiempo, pasar las drogas como si fueran pepino de mar permitió minimizar el riesgo de requisas por parte de las autoridades fronterizas, como lo señala el Albuquerque Journal en una serie de informes sobre el Cartel de Sinaloa. “Cada puerto tiene un presupuesto limitado para ‘descomposición’ durante las requisas infructuosas en búsqueda de drogas, por lo que, si no hay información específica o indicios de drogas en los cargamentos de mariscos, las cargas (congeladas) son procesadas rápidamente”, dice el informe. La organización estableció además cuatro compañías fachada —tres en California (Triton Foods Inc, Kamora Investment Enterprises y Fresh Choice Produce) y una en el estado de Nueva York (Corral Seafoods LLC)— para encubrir sus actividades de tráfico. La estructura utilizó las cuentas bancarias de estas entidades para depositar y lavar unos US$20 millones de ganancias procedentes de la droga en un solo año. Influencia del Cartel en Estados Unidos Los agentes estadounidenses relacionaron la red con el Cartel de Sinaloa. José Rubén Gil, exalcalde del municipio de Izúcar de Matamoros, en Puebla, México, tenía vínculos con el cartel, según un informe de Buffalo News. Nacido en el tradicional epicentro de la producción de opio y marihuana, el Cartel de Sinaloa fue originalmente un grupo de familias lideradas por Joaquín “El Chapo” Guzmán, Ismael “El Mayo” Zambada y los hermanos Beltrán Leyva, que trabajaban de manera conjunta en aspectos que iban desde la producción hasta los puntos de venta. Sus tentáculos llegaron a lo más profundo de las fuerzas de seguridad y los círculos políticos, convirtiéndose en la más terrible organización criminal del país. “La influencia del Cartel de Sinaloa desde México hasta las ciudades estadounidenses ha quedado más evidente en esta investigación”, afirma el agente especial de la DEA James J. Hunt en un comunicado de prensa del Departamento de Justicia. Durante la investigación se incautaron 8,5 kilogramos de fentanilo, pero las autoridades afirman que la red de Gil “traficó miles de kilos de narcóticos ilegales, entre ellos heroína, fentanilo y cocaína, por todo Estados Unidos”. El caso demostró la agilidad de las grandes redes de narcotráfico mexicanas. Cuando surgió el mercado del fentanilo, los presuntos afiliados al cartel incluyeron fácilmente el nuevo producto entre sus cargamentos de múltiples drogas. Otros casos en Estados Unidos también han sido relacionados con el Cartel de Sinaloa. En el Distrito Sur de Ohio, por ejemplo, un gran jurado federal acusó a 12 individuos por participar en una conspiración para traficar drogas y blanquear dinero, mediante la cual supuestamente distribuían fentanilo desde México hasta Middletown, Ohio, y enviaban las ganancias al Cartel de Sinaloa en México. Y en el Distrito Norte del mismo estado, 20 personas —supuestamente con vínculos con el Cartel de Sinaloa— fueron acusadas por su papel en una empresa de tráfico de fentanilo, heroína y cocaína. Un fantasma de Sinaloa Aun así, la conexión con el Cartel de Sinaloa parecía espuria, casi automática. El solo nombre genera miedo y hace pensar en un fácil enjuiciamiento. Sin embargo, las autoridades no dieron detalles sobre dicha conexión, y en la acusación, en la que se imputó a 17 individuos, 15 de los cuales habían sido declarados culpables en diciembre de 2018, se refirieron a la organización como “la OTD Gil/Aguirre”. Algunos funcionarios mexicanos nos dijeron durante nuestra investigación sobre las redes de tráfico de fentanilo que esto está relacionado con las nociones simplistas sobre cómo operan las organizaciones criminales en México. “Claro, todos somos el Cartel de Sinaloa. ¿Por qué no?”, dijo en broma un funcionario judicial de alto rango, quien habló con InSight Crime bajo condición de anonimato. El funcionario señaló el ejemplo de El Chapo, cuya participación en las operaciones cotidianas de sus proveedores y distribuidores era mínima, y el hecho de que había fricciones continuas y significativas con sus presuntos socios en el Cartel de Sinaloa. En realidad, en el hampa mexicana existen un montón de organizaciones pequeñas que son subcontratadas por grupos paraguas como el Cartel de Sinaloa. Ello incluye remanentes de organizaciones que antes se especializaban en la importación de precursores, así como en la producción y exportación de metanfetamina, como la Familia Michoacana o los Caballeros Templarios. Hay segmentos de ambas organizaciones que fueron subsumidas por grupos como el Cartel de Sinaloa o continúan operando de manera independiente, como le dijeron las autoridades mexicanas y estadounidenses a InSight Crime. También hubo integrantes de los grandes grupos paraguas que se especializaron en la metanfetamina antes del auge del fentanilo, como Ignacio “Nacho” Coronel, quien fue un importante miembro del Cartel de Sinaloa y murió en un tiroteo con militares mexicanos en julio de 2010, y los hermanos Valencia, que dirigían el Cartel del Milenio y operaban fuera de Michoacán antes del surgimiento de la Familia Michoacana. Integrantes de la antigua organización de Nacho Coronel y el Cartel del Milenio conforman ahora el núcleo del principal rival del Cartel de Sinaloa, el Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), el otro grupo que se suele culpar por el flagelo del fentanilo en Estados Unidos. Pero, sin duda, hay otros grupos que trabajan principalmente para el Cartel de Sinaloa, y otros más que continúan siendo independientes. La reconfiguración de estos grupos criminales es casi permanente. Y si bien para los analistas del crimen, la policía y los fiscales resulta fácil ubicarlos en grandes estructuras, la verdad es que las suyas son relaciones fluidas, dependientes de un gran número de variables que cambian constantemente. De hecho, en los últimos años ha quedado claro que las organizaciones de narcotráfico mexicanas que solían ser jerárquicas han sido sustituidas por organizaciones más llanas y ágiles, cuyas redes no están muy cohesionadas. En este contexto, es probable que el Cartel de Sinaloa y el CJNG subcontraten a grupos criminales más pequeños para que se encarguen de ciertos aspectos de la producción y el tráfico. En particular, se cree que el Cartel de Sinaloa opera con una estructura cada vez más horizontal, en la que las bandas locales y regionales que se especializan en operaciones particulares son subcontratadas por sus servicios.

Este artículo hace parte de una serie sobre la creciente demanda de fentanilo y sus mortales consecuencias, que fue realizada con el apoyo del Mexico Institute, del Woodrow Wilson International Center for Scholars. Vea la serie completa aquí.

EE. UU. declara culpable a ‘El Chapo’, pero la guerra contra las drogas en México continúa

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Un jurado de Estados Unidos ha declarado culpable al excapo del Cartel de Sinaloa, “El Chapo” Guzmán, por dirigir una enorme y violenta organización narcotraficante. Sin embargo, la histórica decisión no ha atemorizado a los actores políticos de México acusados de corrupción, ni ha logrado derribar al cartel. El exlíder del Cartel de Sinaloa, Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, fue condenado por los 10 cargos incluidos en la acusación federal en su contra, según anunció el Departamento de Justicia de Estados Unidos el 12 de febrero. Por lo que esperará su condena con la certeza de que pasará el resto de su vida tras las rejas. “El sangriento reinado de Guzmán Loera a la cabeza del Cartel de Sinaloa ha llegado a su fin, y el mito de que no podría ser llevado ante la justicia ha sido derribado”, dijo el fiscal Richard Donoghue en un comunicado de prensa. Las deliberaciones se extendieron por seis días, durante los cuales los miembros del jurado analizaron meticulosamente montones de pruebas para poder llegar a un veredicto. Los fiscales presentaron 56 testigos —13 de los cuales cooperaron a cambio de indulgencias— y cientos de exhibiciones, durante aproximadamente tres meses del proceso judicial.       VEA TAMBIÉN: Perfil de Joaquín Guzmán Loera, alias “El Chapo” El Chapo será sentenciado en el mes de junio y, como convicto al frente de una empresa criminal existente, enfrenta una condena de cadena perpetua en una prisión federal de Estados Unidos sin posibilidad de libertad condicional. Los fiscales afirmaron que, bajo el comando de El Chapo durante unas dos décadas, el Cartel de Sinaloa ingresó cientos de miles de kilos de cocaína a Estados Unidos, que le propiciaron al cartel ganancias por unos US$14.000 millones. Además, el capo de la droga amasó una fortuna personal de US$1.000 millones. Los abogados de Guzmán Loera dijeron que el juicio fue un “show” y que apelarán el veredicto. “El gobierno de Estados Unidos sabe muy bien que nada ha cambiado y nada va a cambiar con la condena de El Chapo”, expresó en un tuit uno de sus abogados, Eduardo Balarezo.

Análisis de InSight Crime

El juicio de El Chapo fue extraordinario, y el veredicto de culpabilidad quedará para la posteridad como una de las victorias más importantes de los organismos de seguridad de Estados Unidos contra el tráfico internacional de drogas. Sin duda, El Chapo será recordado como uno de los más prolíficos y conocidos líderes criminales que haya conocido América Latina —y el mundo en general—. Aun así, gran parte de lo que se dio a conocer durante el juicio no generó grandes sorpresas —salvo por algunos espeluznantes detalles— entre quienes han seguido de cerca la carrera de Guzmán. Y esos detalles poco le importan a quienes en México han padecido por más de una década de derramamientos de sangre como resultado de la llamada “guerra contra las drogas”. Las historias que se narraron durante el juicio fueron realmente espectaculares: la hacienda de El Chapo con un zoológico; un cargamento de 20 toneladas de cocaína que se hundió frente a las costas de México; el túnel de kilómetro y medio de longitud por el que el capo escapó de la cárcel en una motocicleta. Sin embargo, las grandes ausentes fueron las pruebas de supuesta corrupción gubernamental, que habrían originado grandes escándalos políticos. Desde el día en que se iniciaron las declaraciones, la defensa hizo denuncias de sobornos que les fueron pagados a altos funcionarios de seguridad y al menos a dos expresidentes mexicanos, entre eso US$100 millones que supuestamente se le pagaron al expresidente Enrique Peña Nieto. Pero desde el principio, el juez Brian Cogan puso límites a lo que el equipo de defensa de El Chapo podía preguntar a testigos que presuntamente tenían información sobre la corrupción en los altos niveles.       VEA TAMBIÉN: Noticias y perfiles de México El juicio contra El Chapo en Estados Unidos no reveló la magnitud de la corrupción gubernamental relacionada con el tráfico de drogas, pero sí creó una agitación mediática que desvió la atención sobre el hecho de que el crimen y la violencia continúan rampantes en México, incluso en ausencia del capo de la droga. La organización criminal liderada por El Chapo permanece intacta y sigue siendo uno de los grupos criminales más poderosos de México actualmente. A pesar de que el Cartel de Sinaloa continúa activo sin su líder —una muestra de las limitaciones de la polémica “estrategia de capos”, que consiste en atacar a los líderes de estos grupos criminales—, las autoridades de Estados Unidos y México siguen empeñadas en ir tras los jefes criminales. De hecho, ambos gobiernos tienen los ojos puestos ahora en Nemesio Oseguera Ramos, alias “El Mencho”, líder del Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), que se disputa con el Cartel de Sinaloa el título de la organización criminal más dominante de México. El Mencho es uno de los 10 fugitivos más buscados por la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (Drug Enforcement Administration, DEA), y las autoridades ofrecen una recompensa de millones de dólares por información que conduzca a su captura. Si algo nos enseña el juicio de El Chapo en Estados Unidos es que eliminar las cabezas de los grupos criminales mexicanos no va a lograr detener el derramamiento de sangre. En tanto los grupos criminales del país continúen fragmentándose y diversificándose, y las autoridades sigan recurriendo a estrategias de seguridad militarizadas, la guerra contra las drogas parece estar condenada al fracaso y a continuar sin un final a la vista.