Las pandillas son la nueva ley en la Trinidad y Tobago urbana

Los recientes incidentes de intensa violencia en la capital de Trinidad y Tobago, Puerto España, han llamado la atención sobre el rampante problema de las pandillas en el país.

El 11 de septiembre, la brutal decapitación de un hombre, que según la policía era una advertencia a los pandilleros, es un ejemplo del reciente aumento en la brutalidad, que de por sí ya es significativa, de la actividad pandillera en Puerto España. En la actualidad existe una tendencia hacia la llamada “metodología suramericana de la guerra”, en el que las decapitaciones y otras formas extremas de violencia son la regla general en el tratamiento de las pandillas rivales; tan sólo el 14,3 por ciento de los jóvenes de Trinidad y Tobago confía en su satisfacción con la policía[1].

Este artículo apareció originalmente en el sitio web del Consejo de Asuntos Hemisféricos (Council of Hemispheric Affairs). Vea el artículo original aquí.

Además, a mediados de agosto se produjo un incidente en el que seis personas murieron en un período de 24 horas, en una “guerra territorial” que atrajo el nivel de atención que generalmente reservan los medios para las actividades pandilleras en países más desarrollados. La actividad de las pandillas en los países del Caribe ha sido ignorada pese al hecho de que “las pandillas en Jamaica y Trinidad y Tobago se han vuelto tan omnipresentes, que representan un desafío a la soberanía del Estado”[2].

El primer ministro de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar del partido Congreso Nacional Unido, se reunió con el líder de la oposición, el Dr. Keith Rowley, para discutir la manera de abordar la situación, pero esto fue un suceso inusual, y lo más seguro es que la decisión de simplemente aumentar la fuerza policial no tenga un efecto permanente sobre la persistente presencia de las pandillas en Trinidad. La violencia es un problema grave en las islas, pero orientar los esfuerzos únicamente a este problema no es una reforma eficaz.

Las pandillas en Trinidad y Tobago, específicamente en las áreas de alto riesgo como la capital y Laventville, se han institucionalizado tanto que son una amenaza para, y en algunos casos controlan, las infraestructuras cruciales del país. Las pandillas en el Caribe, principalmente en Trinidad y Jamaica, tienen un efecto poco común y, en últimas, mucho más peligroso en sus alrededores. Independientemente de su tamaño, el cual es sorprendente desproporcionado en relación a su devastador impacto, todas las pandillas en Trinidad tienen más capacidad de penetración que las que se encuentran en países desarrollados, y se han convertido en instituciones sociales que van más allá de los fines sociales y están llegando a parecerse a pequeñas formas de gobierno.

Una organización única

Actualmente hay más de 100 pandillas en Trinidad y Tobago, un pequeño país formado por dos islas y una población total de poco más de 1,3 millones de habitantes[3]. Una de las pandillas más grandes, Jamaat al Muslimeen, cuenta con 600 miembros bajo un solo jefe anónimo[4].

Lo inusual de este capo, sin embargo, es que él es también propietario de un concesionario de autos, un trabajo que ofrece lo suficiente para un adecuado modo de vida en sí mismo. La explicación de su participación en una organización criminal violenta parece ser que, además de los incentivos económicos, las pandillas ofrecen un nivel de poder comparable a una carrera política, donde “estos grupos pueden ser la única fuente de servicios sociales y judiciales eficaces para las comunidades en las que operan y como resultado, estos jefes criminales terminan convirtiéndose en una especie de líderes comunitarios”[5].

Estos “servicios sociales y judiciales” tienen un alcance sorprendente. El 81 por ciento de los pandilleros interrogados en una encuesta realizada por la Revista International Criminal Justice de la Universidad Estatal de Georgia (Estados Unidos) informó que las pandillas en Trinidad llevaban a cabo reuniones regulares, en comparación con el 50 por ciento de sus contrapartes en Estados Unidos, pero las actas de estas reuniones son lo que realmente hacen la diferencia[6]. Los pandilleros que han avanzado en las filas imparten disciplina a los miembros de rangos menores por romper sus leyes, simplemente porque sus acciones no fueron autorizadas, a menudo usando el homicidio como herramienta de castigo por estas indiscreciones, como lo harían con miembros de una pandilla rival. Además, en ausencia de un sistema jurídico, las pandillas tercerizan su justicia en situaciones tan triviales como los padres que castigan a sus hijos. Estos (en su mayoría) hombres son tan educados como cualquier otra persona (61,9 por ciento terminó la escuela secundaria, en comparación con el 64,2 por ciento de los no pandilleros), consiguen parte de sus ingresos de fuentes legítimas y ayudan a hacer cumplir las normas de la comunidad, por lo cual no son pandillas callejeras comunes, sino más bien instituciones criminales organizadas con importantes funciones sociales[7]. Las pandillas de Trinidad y Tobago se han infiltrado en el gobierno oficial y crearon una administración paralela –al menos en los centros urbanos– de violencia y orden estricto, sin ninguna señal de ética o de capacidad para abordar el bienestar.

Arruinando el bienestar social

La estructura proporcionada por las pandillas altamente organizadas tiene tintes del tipo de criminalidad mafiosa y de collar blanco, que tiende a ser perjudicial sobre todo para los dueños de negocios, sin embargo, el estilo atípico de las pandillas de Trinidad y Tobago inflige problemas sobre la sociedad, que están por encima y más allá de las concepciones populares del crimen organizado. El jefe mencionado anteriormente ha usado su condición de “líder comunitario” para autorizar muchos tiroteos este mes por contratos gubernamentales. Aparte de sus actos violentos, estas organizaciones criminales toman de los necesitados y controlan programas legítimos destinados a ayudar a la población de Trinidad y Tobago. El Programa de Alivio al Desempleo del país (URP, por sus siglas en inglés) se creó para proporcionar ayuda, de una forma productiva, para aquellos que no pueden ganarse la vida por sí mismos “pagando a los desempleados para realizar tareas de servicio público, como el arreglo de las aceras y desagües”, pero incluso se cree que este programa está bajo el control de las pandillas y es usado para la financiación de la criminalidad, “un número de homicidios han sido rastreados a conflictos relacionados con el URP”[8].

La asistencia para el desempleo es sólo un ejemplo de una tendencia más amplia, donde la competencia por los contratos de desarrollo provoca un aumento de la violencia entre las pandillas. Un artículo publicado el 21 de agosto por Stabroek News cita una fuente que menciona con indiferencia un tiroteo por un contrato y la competencia por otro para construir una cancha de baloncesto en Duncan Street, una de las zonas más complejas de Puerto España, así como la ubicación de seis homicidios que dio lugar a la reciente atención de las autoridades a las pandillas[9].

Cualquier estructura que las pandillas ofrecen a Trinidad y Tobago se ve ensombrecida por los efectos tóxicos que infligen a las instituciones legítimas, ya que “la violencia e intimidación que reina en estas zonas urbanas [obstaculiza] el desarrollo de organizaciones comunitarias democráticas y, en última instancia, la capacidad de la población para mejorar sus condiciones de vida y el desarrollo social, a pesar de los beneficios a corto plazo que podrían obtener a través de la cooperación [con las pandillas]”[10]. Hayan o no externalidades positivas, la cultura pandillera ha convertido a los programas comunitarios bien intencionados en combustible para luchas de poder entre los grupos violentos que intentan colonizar los centros urbanos.

La ausencia de un gobierno legítimo

Casi tan perjudicial como la actividad pandillera es la incapacidad del gobierno de Trinidad y Tobago para tratar efectivamente con éstas. Durante la sesión de apertura del Parlamento el 3 de agosto, el primer ministro Persad-Bissessar declaró como un objetivo detener la “creciente anarquía” en el país[11].

El líder opositor, Dr. Keith Rowley, quien se reunió con el primer ministro ese mismo mes para discutir el mismo tema, respondió a las declaraciones de Persad-Bissessar con la afirmación de que lo que podía hacer el Parlamento era hacer leyes, y que el colapso de la ley y orden sucede en la aplicación de éstas. No obstante, es importante señalar que la legislación aprobada por el gobierno para luchar contra la delincuencia local, tales como la “Ley antipandillas de 2012”, ha demostrado ser ineficaz. Una de las disposiciones de la ley establece que un individuo que posea un chaleco antibalas legalmente obtenido puede ser condenado a 15 años de prisión si se “cree que pueda ser utilizado para el beneficio de, o bajo la dirección de, una pandilla” –un ejemplo de varios decretos que son hiperbólicos e inaplicables[12]–. Una ley antipandillas es difícil de manejar para cualquier gobierno debido a que el objetivo es difícil de definir, más aún cuando se trata de organizaciones arraigadas en la sociedad.

La Ley antipandillas, en ultimas, perjudica más de lo que ayuda. Facilita las detenciones masivas y la escalada de la violencia, pero no facilita la condena de un gran número de criminales: después de los tiroteos a mediados de agosto, la policía detuvo a más de 100 personas, 59 de los cuales fueron puestos en libertad de inmediato, y al menos 42 quedaron bajo detención, pero no arrestados[13]. Además de esto, su aplicación tiene como objetivo la violencia callejera, que invita a las represalias de la policía de la misma forma. El resultado son los abrumadoramente bajos niveles de confianza en la policía que tiene la población actualmente[14].

Estos sentimientos de falta de aplicación de la ley están garantizados. El 4 de septiembre en Beetham Gardens, la policía disparó y mató a Christopher Greaves, un joven de 23 años de edad y trinitario, un incidente de brutalidad policial que inspiró disturbios en toda la ciudad, a través de los que la población pedía justicia[15]. La respuesta de la policía, declarando el área una zona de guerra y, de nuevo usando la violencia a través de disparos y gases lacrimógenos, es un ejemplo de lo caricaturesco de la aplicación de la ley en Trinidad y Tobago, que debe ser remediada. La corrupción y las tácticas contraproducentes no son nuevas y, aunque el primer ministro Persad-Bissessar señaló que la anarquía está en aumento, es un problema que ha existido mucho antes de que asumiera su mandato en 2010.

La BP, una de las más de 20 compañías de petróleo y gas que operan en Trinidad y Tobago, afirma que ha “cambiado su enfoque de la filantropía a apoyar el desarrollo a largo plazo (…) fomentando la capacidad de las ONG locales y las organizaciones comunitarias a través de la formación continua, ayudándoles a impulsar la mejora de la comunidad en sus propias áreas”[16]. Si bien la compañía ha creado 900 puestos de trabajo en Puerto España, programas como el de BP, que en teoría podrían ser muy beneficiosos para Trinidad y Tobago, pueden no estar teniendo el efecto deseado. Con suerte, van a contribuir a la formación de las instituciones alternativas necesarias para socavar la actividad pandillera sistémica del país. Un proceso mucho más riguroso para la repartición de contratos gubernamentales y programas comunitarios, así como la creación de instituciones alternativas para los jóvenes en situación de riesgo, pueden ayudar más a combatir las pandillas que asolan gran parte de Trinidad y Tobago.

La legislación antipandillas es uno de los principales objetivos del Parlamento en esta sesión legislativa. No es posible determinar si se aprobará una legislación completa en el corto plazo, debido al mal historial del gobierno en el tema, evidenciado por la Ley Antipandillas de 2011 citada más arriba. Por otra parte, el gobierno también tiene que hacer frente a otras cuestiones relacionadas con la seguridad nacional, como la violencia policial y las detenciones excesivas, u optar por innovar a partir de sus acciones pasadas. Como está el panorama actualmente, las pandillas tienen un control más fuerte en la población de Trinidad y Tobago que su propio gobierno.

Fuentes

[1] “Beheading is warning from Trinidad gang members—Police” Caribbean360. Septiembre 11, 2013. Acceso en: septiembre 13, 2013. https://www.caribbean360.com/news/trinidad_tobago_news/1012846.html#axzz2fG5u4B66;
Johnson, D., King, W.R., Katz, C.M., Fox, A.M., & Goulette, N. “Youth Perceptions of the Police in Trinidad and Tobago.” Caribbean Journal of Criminology and Public Safety 13 (1&2): 217-253, 2008.

[2] Manwaring, Dr. Max G. A contemporary challenge to state sovereignty: Gangs and other illicit transnational criminal organizations in Central America, El SalvadorMexico, Jamaica and Brazil. Carlisle, PA: Strategic Studies Institute, 2007.

[3] Trinidad and Tobago Population Clock. Country Meters. Acceso en: septiembre 23, 2013.https://countrymeters.info/en/Trinidad_and_Tobago/

[4] “Port of Spain gangs ‘colonising’ Trinidad…600 soldiers under boss” Stabroek News. Agosto 21, 2013. Acceso en: septiembre 23, 2013. https://www.stabroeknews.com/2013/news/regional/08/21/port-of-spain-gangs-colonising-trinidad600-soldiers-under-boss/

[5] Charles Parkinson. “Pandillas de Trinidad en violenta disputa por contratos gubernamentales” InSight Crime. Agosto 21, 2013. Acceso en: septiembre 24, 2013. /noticias/noticias-del-dia/pandillas-de-trinidad-en-disputa-biolenta-por-contratos-gubernamentales

[6] Katz, Charles M., Maguire, Edward R., & Choate, David. A Cross-National Comparison of Gangs in the United States and Trinidad and Tobago. Universidad del estado de Georgia: International Criminal Justice Review, p. 10, 1-20, 2011.

[7] Ibíd.

[8] Ibíd; “The gangs of Trinidad and Tobago” Trinidad and Tobago Newsday. Marzo 18, 2013. Acceso en: septiembre 13, 2013. https://www.newsday.co.tt/letters/0175004.html 

[9] Ibíd, “Port of Spain gangs ‘colonising’ Trinidad…600 soldiers under boss”;
Maguire, E. R., King, W. R., Johnson, D., & Katz, C. M. Why homicide clearance rates decrease: Evidence from the Caribbean. Policing and Society, 2010.;
Maguire, E. R., Willis, J., Snipes, J., & Gantley, M. Spatial concentrations of violence in Trinidad and Tobago. Caribbean Journal of Criminology and Public Safety, 13, 48-92, 2008.

[10] The University of the West Indies. St. Augustine: International Conference on Gangs, Violence and Government, noviembre 3-4, 2011. Acceso en: septiembre 23, 2013.https://sta.uwi.edu/conferences/11/gangviolence/

[11] Clint Chan Tack. “New war against gangs” Trinidad and Tobago Newsday. Agosto 3, 2013. Acceso en: septiembre 13, 2013. https://www.newsday.co.tt/news/0,181661.html

[12] Anti-Gang Act of 2011, Act No. 10 of 2011. Prmera Sesión Décimo Parlamento de la República de Trinidad y Tobago. Acceso en: septiembre 23, 2013. https://www.ttparliament.org/legislations/a2011-10.pdf

[13] “Trinidad and Tobago: Excited reactions belie decline in murder rate” Latin News. Septiembre 4, 2013. Acceso en: septiembre 11, 2013.  https://www.latinnews.com/index.php?option=com_k2&view=item&id=57574&uid=55646&acc=1&Itemid=6&cat_id=792587%20

[14] Maguire, E. R., Willis, J., Snipes, J., & Gantley, M. Spatial concentrations of violence in Trinidad and Tobago. Caribbean Journal of Criminology and Public Safety, 13, 48-92, 2008;
Katz, C. M., & Fox, A. M. Risk and protective factors associated with gang involved youth in a Caribbean nation: Analysis of the Trinidad and Tobago Youth Survey. Pan-American Journal of Public Health/Revista Panamerica de Salud Publica, 27, 187-202, 2010;
Townsend, D. No other life: Gangs, guns and governance in Trinidad and Tobago. Geneva: Small Arms Survey, 2009.

[15] Rickie Ramdas. “Police shooting prompts violent protests in Trinidad.” Caribbean News Now. Septiembre 4, 2013. Acceso en: octubre 7, 2013. https://www.caribbeannewsnow.com/topstory-Police-shooting-prompts-violent-protests-in-Trinidad-17510.html

[16] “BP in Trinidad and Tobago.” BP.com. Acceso en: septiembre 18, 2013.https://www.bp.com/en/global/corporate/about-bp/bp-worldwide/bp-in-trinidad-tobago.html

*Erika Johnson es una investigadora asociada en el Council on Hemispheric Affairs

Este artículo apareció originalmente en el sitio web del Consejo de Asuntos Hemisféricos (Council of Hemispheric Affairs). Vea el artículo original aquí.